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Carlos J. Delgado


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viernes, 11 de septiembre de 2020

CUBA COVID-19: VALORES REVELADOS

 

El texto que les presento en el día de hoy terminó de escribirse el 11 de junio de 2020. En él se intenta un balance de la atención en Cuba a la pandemia COVID-19 entre marzo y junio, mes que marca a mi juicio el final de la primera etapa en que fue controlado el primer brote. Tras un largo proceso de reducción y traducción una versión breve de este texto se publicó hace unos días en idioma inglés por el prestigioso blog arbitrado Medical Anthropology at UCL como parte de la serie “COVID-19 voces desde América Latina”. La coordinación de esta serie estuvo a cargo de Rebecca Irons y Abril Saldaña. Esta última, tuvo a su cargo la introducción a la serie.

Esta es una versión ampliada del artículo publicado en inglés, y se acompaña de una breve nota final de actualización.

Carlos J. Delgado

11 septiembre 2020




La pandemia COVID-19 ha retado las sociedades en todo el planeta. Es un suceso único en la historia, que estremece los cimientos de la sociedad global, tensa la economía y la política, y pone en tela de juicio creencias de todo tipo, científicas, económicas, políticas y sociales. En palabras del filósofo francés Edgar Morin en su conferencia “Caminos para el futuro del mundo post covid-19”, se presenta como una “crisis de la vida”, acompañada de incertidumbres, y de la necesidad de cambiar, sin que se tenga, ante la urgencia, plena certeza de qué cambios y en qué dirección emprenderlos. Para comprender las opciones de los diferentes países es necesario considerar la problemática en el tiempo, su pasado inmediato, presente y futuro.

Las sociedades subdesarrolladas, y dentro de ellas los países insulares afrontan retos específicos. El virus y la enfermedad desde un punto de vista biológico se presentan con forma relativamente estable, pero cada sociedad es diferente. A la vulnerabilidad humana presente en todas partes, hay que sumar la vulnerabilidad social específica que incide directamente en las acciones y los derroteros posibles a emprender en cada contexto. Las acciones humanas tienen siempre un trasfondo de intereses y valores que las impulsan. Aunque los valores pueden enunciarse y declararse en discursos, se revelan por si mismos en las decisiones y las acciones. Desde el punto de vista ético, es importante prestar atención a qué valores se revelan en las decisiones y acciones que se adoptan en una sociedad que tiene ante sí un fenómeno global con riesgo real para la vida de cada persona como la pandemia.

Cuba es un Estado insular, pequeño, ubicado en un archipiélago del Caribe, que contrasta por sus indicadores económicos y sociales, avances educativos y científicos, las controversias políticas que despierta y sus bellezas naturales. Estas últimas, como el país, tras un rostro estable y atractivo, muestran igualmente los contrastes de extremos climáticos que desafían su agricultura con la alternancia de períodos secos y lluviosos, humedad y altas temperaturas que favorecen plagas, temporada de huracanes y enfermedades tropicales. Aunque es un país ubicado en el trópico y económicamente pobre, su población no muere por el azote de enfermedades tropicales, entre las causas de muerte se sitúan enfermedades cardiovasculares y el cáncer, y una parte significativa de la población se ve afectada por obesidad y la diabetes. Su realidad social no es menos ambivalente cuando integra altos niveles de instrucción pública y educación general, la formación de científicos y profesionales con elevada calificación en diversos campos, y vulnerabilidades derivadas de su sistema económico, bajos ingresos, costumbres y estructura social. A su realidad se añade un amplio reconocimiento internacional como nación independiente y colaborativa, y el bloqueo económico norteamericano, vieja joya de la guerra fría, que priva al país del acceso a las fuentes de financiamiento internacional. Este último ha cobrado con la administración norteamericana actual, formas extremas de persecución económica, política y financiera. Estuvo presente antes de la pandemia, pese a los llamados internacionales se hizo presente durante la pandemia, y a no dudarlo, estará presente en los escenarios post pandemia. (Marrón) Es una circunstancia de guerra económica que permea todo lo que ocurre en el país, y afecta directamente la vida cotidiana de cada uno de sus ciudadanos: una población mestiza, cultural y espiritualmente sincrética.

El primer caso de COVID-19 se reportó en Cuba el 11 de marzo de 2020. Desde entonces se confirmaron con la enfermedad 2219 pacientes, se recuperaron con alta médica 1893, fallecieron 84, se encuentran activos 240 hospitalizados, y otros 516 casos sospechosos se encuentran en aislamiento como parte de la vigilancia epidemiológica. (MINSAPPasados exactamente tres meses, las autoridades anuncian la inminente limitación de las restricciones y la vuelta por etapas a la normalidad. (Martínez

Entre el 11 de marzo y el 11 de junio además de la contingencia nacional, se atendió la situación de emergencia del crucero MS Braemar (Deutsche Welle, Stone), y especialistas cubanos viajaron a brindar servicios médicos y asesoría vinculada a la COVID-19 a 26 países (12 del Caribe, 5 de América Latina, 5 de África, y 4 de Europa y medio oriente) (Argaillot). Los centros de investigación científica y la industria médico farmacéutica nacional pusieron a disposición de la salud pública medicamentos resultantes de descubrimientos de la ciencia nacional, un nuevo test diagnóstico, probaron la efectividad de medicamentos antivirales utilizados previamente en otras enfermedades, se garantizaron instalaciones de salud suficientes para atender a los pacientes, se reacomodaron instalaciones para acoger a personas sospechosas de haber contraído el virus, y se mantuvieron otras en riesgo en vigilancia en sus hogares. (Prensa Latina, Progreso Semanal, Yaffe) Se implementaron varios protocolos de investigación, y acciones de intervención terapéutica y social, como la creación de un grupo de trabajo interinstitucional presidido por el Ministerio de Salud Pública para dirigir la respuesta ante la COVID-19 desde el 28 de enero de 2020, la definición de etapas para caracterizar la pandemia y las medidas tipo a adoptar, la definición de un protocolo de actuación nacional para la COVID-19. Este último asumió con modestia la incertidumbre científica ante la nueva enfermedad, y se ha mantenido en revisión, a la vez que declara con firmeza y claridad su propósito de contribuir a la “prevención, control, al mejor manejo de los casos, así como a la protección de los trabajadores de la salud y de la población” (MINSAP, p. 4). Se estableció un modo de actuación modesto y previsor ante las incertidumbres, y firme en sus bases cognoscitivas, la colaboración y la responsabilidad.

A su vez, las medidas implementadas significaron una adecuación nacional del sistema productivo, el comercio, las actividades sociales, de la economía, la educación y la sociedad en su conjunto.

¿Cómo es posible que en el transcurso de tres meses se evitara la elevación súbita del número de casos, el colapso del sistema de salud pública, la elevación permanente del número de muertes, se revirtiera la tendencia ascendente de contagios, y se lograse una curva epidemiológica dentro de los límites de los mejores pronósticos? Aunque es temprano para elaborar conclusiones definitivas, ¿qué nos revela un análisis bioético de lo acontecido?

Tras la madeja de acontecimientos se pueden distinguir tres componentes a tomar en consideración: los antecedentes que integran el sistema de salud cubano y su vínculo con la ciencia nacional, la diversidad de actores que se involucraron en el proceso, y la estrategia de integración y colaboración científica y ciudadana desplegada desde el gobierno. Diferentes por su forma y alcance, tras esta urdimbre se manifestaron valores fundamentales. De la colaboración y ayuda mutua, la confianza en los conocimientos científicos y los profesionales, las incertidumbres asociadas a la vida económica y la enfermedad emergieron valores como la atención y cuidado a los pacientes, el humanismo, la solidaridad -que significa en Cuba ofrecer lo que se tiene, no lo que sobra-, la precaución y la responsabilidad. A su vez, los puntos críticos han expresado también de manera bastante nítida el detrimento de algunos de esos valores. Lo enunciado está lejos de incluir todos los valores y factores involucrados, a los que hay que unir fenómenos tales como el reconocimiento social de que gozan en Cuba la ciencia, la investigación y el ejercicio profesional, la medicina y otros campos, así como la expresión, con fuerza propia, de confianza en el sistema de salud y las posibilidades de superar la adversidad mediante el esfuerzo compartido.

El sistema de salud cubano tiene una de sus fuentes en la tradición humanista que emana del pensamiento martiano, quien en 1889 ya había vinculado las problemáticas de la salud, la naturaleza y la educación en la metáfora que afirma “La verdadera medicina no es la que cura, sino la que precave” (Martí, 1991, p. 298). Se expresa a través de ella el ideal ético y político de raigambre humanista con vocación de cuidado y servicio, perspectiva ambiental y social que inspira la actuación de los profesionales y el sistema de salud. Ese humanismo permea la tradición médica cubana, y se tradujo en el sistema de salud pública emergente de la revolución social de 1959 en una concepción que toma juntas, sin menospreciar ninguna, la prevención, la atención y el cuidado. Como parte del proceso político se reconocieron constitucionalmente la salud y la protección de la vida como bienes públicos, derechos humanos inalienables, y al Estado la obligación de proteger, coadyuvar, y garantizar los marcos para que sea realizable el derecho, así como a los ciudadanos el deber de contribuir a ello. (Constitución, artículos 46, 69, 72, 90 inciso i) El sistema de formación de profesionales de la salud hace parte de la misma filosofía, a lo que se añade un cambio impulsado desde la política con el liderazgo personal de Fidel Castro a mediados de los años ochenta, cuando se consideró estratégico el sector de las biotecnologías, el desarrollo de los polos científicos y la industria médico farmacéutica, orientados a la satisfacción de las necesidades de la salud pública en Cuba y el mundo.

A la tradición humanista, el pensamiento martiano, y el desarrollo de la investigación científica vinculada a la producción de medicamentos es necesario añadir al menos un elemento más, presente desde la década del sesenta del siglo XX en Cuba: una proyección internacional orientada a la cooperación, que ha incluido la presencia de especialistas cubanos en catástrofes naturales y emergencias médicas en diversos confines del planeta, la formación de especialistas de numerosas naciones en las universidades médicas cubanas, entre las que sobresale la Escuela Latinoamericana de Medicina. A ello se añade la extensión de servicios de cooperación ante necesidades de cobertura y otras expresadas por diferentes naciones. La emergencia de la pandemia COVID-19 encontró a Cuba como un país donde la cooperación y el tendido de puentes entre naciones no era una novedad, y se contaba con especialistas de alto nivel y experiencia certificada, para atender situaciones de emergencia.

Desde el punto de vista social, la pandemia encontró en Cuba una diversidad de actores que es necesario considerar. Entre los polos teóricos que identifican los conceptos de sociedad civil y Estado, y el sistema de partido único, la sociedad cubana actual muestra una compleja red de actores, que incluye al Estado, el partido comunista, las estructuras del poder público, actores económicos estatales y no estatales, una complejidad demográfica caracterizada por el envejecimiento poblacional, y una creciente heterogeneidad. Cada persona está vinculada de mil maneras a unos y otros sectores, y no es posible la unificación del conglomerado social en una categoría única o una caricatura de sectores relativamente aislados. La creciente complejidad social de la Cuba contemporánea incluye situaciones de pobreza emergentes de la década de los noventa, las reemergentes de desigualdades, pobreza y estratificación social generadas como resultado de las reformas económicas más recientes, así como expectativas de nuevos cambios económicos y sociales, que se suponían inminentes antes de la llegada de la COVID-19. No es menor la diversidad y complejidad en el universo de los idearios, las ideologías, creencias. modos de vivir y concientizar la espiritualidad, la creación técnica, científica y artística. Todo ello matizado por las lógicas del sincretismo y los contrastes ya mencionados.

Para la atender la emergencia sanitaria, el gobierno cubano implementó la que podemos caracterizar como una estrategia sistémica, de integración y colaboración gubernamental, científica y ciudadana. Formaron parte de esta estrategia la definición de fases y la asociación de medidas a implementarse en cada fase, el reconocimiento y protagonismo del Ministerio de Salud Pública, las decisiones médicas consensuadas, los intercambios de información, la participación protagónica de los científicos y el personal técnico de diversos campos de las ciencias, tanto de las específicas vinculadas a los tratamientos médicos y la investigación de la nueva enfermedad, como las más alejadas como las ciencias formales, el diseño de modelos, y las ciencias sociales. El valor del conocimiento y el ejercicio y toma de decisiones basadas en conocimientos y formación de consensos fueron distintivos del proceso.

El manejo de la información pública fue amplio, trasparente y educado, mediante el ejercicio pedagógico social de diversos actores. La convocatoria al aislamiento social apeló al llamado colaborativo y la comprensión, sin dejar de apelar a la ley cuando fuera necesario, y se propició la participación pública más amplia, ya fuera mediante la contribución activa en las diversas formas de voluntariado, como en el llamado a las personas a colaborar quedándose en casa y contribuir así a frenar la pandemia.

Ha sido un proceso con altos y bajos, como es natural dada la complejidad social actual, pero donde las condiciones de convocatoria a la colaboración surtieron efectos y rindieron frutos que marcaron los derroteros de todo el proceso. A su vez, las transgresiones más severas se encontraron en casos individuales de desacato a determinadas normas por algunos ciudadanos, y sobre todo en transgresiones “débiles” como descuidos y excesos de confianza ante las buenas noticias sobre el control de la enfermedad, baja percepción del riesgo e irrespeto al otro y su seguridad en el uso incorrecto del nasobuco, y las salidas del hogar a realizar compras y satisfacer otras necesidades en ocasiones postergables.

En este último asunto se expresa una de las mayores debilidades de la estrategia, pues no fue posible estabilizar una oferta de mercado que diese satisfacción a las necesidades del momento. Las transgresiones del distanciamiento social con mayor masividad se hicieron visibles en los sitios donde se vendiera algo. Razones económicas limitaban desde antes la oferta de bienes, y es lógico que se mantuvieran durante la pandemia, pero se incrementaron las limitaciones por algunas medidas y cierres de establecimientos, la transportación, y toda la situación extraordinaria. También debe considerarse cierto grado de subestimación de la tensión social presente en la población por la experiencia vivida durante la crisis económica de los noventas, y los desabastecimientos más recientes de combustibles y mercadería. A las circunstancias objetivas de carencias de productos y la orientación interna de las personas a adquirir por previsión de escasez actual o futura todo aquello que estuviese a la venta, se añadió la reiteración de un viejo problema: la incapacidad del comercio, para diseñar formas efectivas de reorganización de los servicios en función de las necesidades de las personas. En el caso de la pandemia ha sido bastante evidente la presencia de reorganizaciones en función de la entidad y sus empleados, en lugar de evitar en lo posible la concentración de personas, la lentitud en la atención, y la invisibilización de la oferta en existencia. Parte de estas debilidades se pusieron de manifiesto también en el emergente comercio electrónico, que tuvo altibajos de todo tipo, evidencias de imprecisiones y falta de control, aunque sin lugar a dudas, marcó también una diferencia positiva con respecto a los pagos, y opciones que son habituales en el mundo contemporáneo pero que estaban implementándose paulatina y lentamente en Cuba en el período anterior a la pandemia.

La acción gubernamental propició el protagonismo de varios actores, en primer lugar, los científicos, el voluntariado y diversas instancias del gobierno, como las entidades territoriales y la defensa civil.

El gobierno siempre estuvo activo, visible y presente en la toma de decisiones oportunas, pero al mismo tiempo hizo espacio para dar a los científicos y especialistas en salud el primer plano de la comunicación social, la trasparencia de las decisiones en salud, y el valor de los conocimientos. Por su parte, el voluntariado ha tenido un papel fundamental. (IPS) Ha sido impulsado a la vez por el Estado y la sociedad civil con una participación amplia de sectores jóvenes, entre los que sobresalen deportistas, artistas, universitarios, organizaciones no gubernamentales, iglesias y proyectos de investigación social vinculados a las comunidades. No es un voluntariado complementario o secundario. Sin la participación activa de las personas no se habrían detectado tempranamente los primeros casos, ni podrían mantenerse los centros de aislamiento para personas sospechosas de haber contraído la enfermedad, ni muchas de las actividades de tipo social como la pesquisa activa, que incluyó la participación sistemática de los jóvenes. El comportamiento de la población, de las instituciones, y de la sociedad civil es un producto de varias décadas del proceso revolucionario y de su orientación socialista.

La comunicación social y el lenguaje tuvieron también sus rasgos peculiares y aportaron al proceso. Se sumaron desde memes hasta lecciones, canciones y cápsulas de información. Por otra parte, resulta hasta cierto punto contradictoria y controversial la forma beligerante que por momentos adoptó también en Cuba el lenguaje que convoca a la acción como “enfrentamiento”, “lucha”, “batalla”, y otros mensajes de igual naturaleza, capaces de convocar de manera no específica, como si la emergencia sanitaria fuese semejante a la guerra contra un enemigo invisible. Las sutilezas del lenguaje ponen de manifiesto también algunos olvidos ecológicos, que muchas veces encontraron presencia en las preocupaciones de las personas por las mascotas y la vida en general. El voluntariado contribuyó de forma activa a la traducción de los mensajes generales a la lógica comunicativa de las personas en sus contextos, lo que será necesario estudiar e incrementar en el futuro. Hay todavía mucho por hacer en materia de lenguaje, comunicación social y diálogo para extraer las lecciones de la pandemia. No obstante los matices antes expuestos, predominó la convocatoria a la colaboración y la ayuda mutua, a la que hicieron además una contribución relevante la poesía vital de la obra del personal de salud, cantada por los artistas en espacios televisivos y las redes sociales virtuales.

La población colaboró masivamente, pero no unánimemente. Como ocurre en estos casos, las actitudes no colaborativas, del tipo dilema del prisionero colocaron a una parte de la población por el camino del beneficio propio de retribución directa y seguro, pero contrario al mayor beneficio alcanzable mediante la colaboración con los demás. A los casos aislados de infracciones, y espíritu carnavalesco que contribuyó a contagios, se sumaron delitos contra la seguridad pública por indisciplinas más graves, y delitos económicos. Estos últimos evidenciaron las apetencias de enriquecimiento de algunos actores individuales, pero no deben atribuirse solo a ellas; expresan también un fenómeno de organización social que debe atenderse de manera constructiva. El sector no estatal de la economía todavía no cuenta con todos los elementos de infraestructura para desarrollar sus actividades, hay zonas de penumbra con respecto a los aseguramientos financieros, la ausencia de un mercado mayorista efectivo, y otras inseguridades. En el sector estatal no faltan negligencias, descontrol y descuidos que propician el delito. En esas circunstancias en el período anterior a la pandemia se establecieron formas ilegales de almacenamiento y abasto de productos, comercio y distribución mayorista. Descubiertas en apariencia súbitamente en medio de la pandemia, esas redes no crecieron en un día, existían previamente, y contribuyeron a la dialógica de la seguridad y la inseguridad de los ciudadanos, y más allá de ello, proyectan la necesidad de su atención en el futuro post pandemia. No es un fenómeno nuevo, ni puede ser considerado y atendido simplemente como transgresión de la ley por personas ambiciosas. Es necesario tomar en consideración la lección histórica de algunas situaciones análogas, como el comercio vinculado a la prohibición del alcohol en los Estados Unidos: allí donde existen necesidades económicas no atendidas, se genera automáticamente la oportunidad para que surjan actores individuales y redes de producción, distribución y comercio, ilegales pues transgreden la ley, pero legítimas en tanto satisfacen necesidades económicas. El delito que comete una persona en específico puede ser penado por la ley, pero mientras se mantenga la zona de penumbra intacta, la necesidad hará aparecer nuevos actores que vuelvan a las andadas, quizás de forma distinta en apariencia, pero no menos transgresora de la ley. Expliqué este tipo de contradicciones entre la legalidad y la legitimidad en el artículo Bioética,desigualdad y política” publicado en 2004. De manera que la existencia de ese tipo de situaciones no puede solucionarse únicamente con medidas coercitivas y la fuerza de la ley. Es inevitable y necesario hacer valer la ley vigente, pero se requiere además la consideración de cuáles son las necesidades legítimas de consumo productivo e individual que no están cubiertas, y concebir las acciones económicas y legales para cubrirlas.

Una peculiaridad de la colaboración se manifiesta en que en todo el período de restricciones se mantuvieron aquellas actividades laborales que contaban con financiamiento, insumos y demanda en sus productos. No se produjo un cierre total de las actividades productivas, ni una cuarentena nacional que restringía de manera absoluta o mediante salvoconducto la movilidad de los ciudadanos. Se adoptaron desde el inicio, medidas de protección jurídica y económica de los trabajadores y el sector estatal y no estatal de la economía. Las cuarentenas se establecieron en territorios muy localizados ante la detección de focos de infestación identificados, y se volvió al distanciamiento social en cuanto fue controlada la propagación del virus.

La actuación de los médicos y en general el personal de salud, merecen un capítulo aparte pues lograron mantener los servicios necesarios para la diversidad de pacientes y enfermedades, preparar condiciones para atender las emergencias por venir por la entrada en la temporada de lluvias y huracanes, y sin descuidar todo aquello, atender la emergencia sanitaria de una manera a la vez asistencial y preventiva. Asistencial pues todos los casos fueron hospitalizados, recibieron atención y tratamientos. Preventiva porque las acciones se extendieron a los contactos de las personas infectadas, inmediatos y mediatos. A su vez, la pesquisa activa colocó al sistema de salud mediante el intenso trabajo del personal, voluntarios y la colaboración de los ciudadanos, en situación no de esperar que los pacientes llegaran sintomáticos a una institución de salud pidiendo ayuda, sino en capacidad de detectarlos en sus hogares y brindarles debida atención.

Los resultados alcanzados muestran además un aprendizaje colectivo, la adecuación y refinamiento de los diversos tratamientos, el uso de las diferentes opciones de medicamentos nacionales (Prensa Latina; Díaz-Canel y Núñez; Cubadebate), que se expresó en la tendencia a la disminución de los casos graves, críticos y las muertes. La sociedad en su conjunto aprecia estos resultados y la abnegación del sector de la salud en el aplauso diario y el reconocimiento explícito a los trabajadores.

Ahora que está casi superado el primer impacto de la pandemia, se abre la pregunta por el futuro: ¿Qué nos depara?

La pregunta por el futuro es una pregunta clave. Con la añoranza del pasado perdido, el lenguaje nos vuelve a jugar una mala pasada cuando hablamos de volver a la normalidad, como si se pudiera recuperar un estado pasado. En el sentido más profundo de las palabras, no deberíamos ni desear ni intentar una vuelta a la normalidad. Debemos volver a un futuro incierto, que necesita ser cambiado con base en lo que hemos aprendido de nuestras vulnerabilidades, y con la vista puesta en la incertidumbre que todavía nos depara esta enfermedad y sus efectos en la vida social y económica del país. Necesitamos volver a un futuro que necesita ser cambiado para quizás construir juntos una nueva normalidad.

Los retos actuales son enormes. Ante la inminencia de la pandemia, el humanismo vigente en la sociedad cubana en su conjunto, no hizo dudar a ninguno de los actores de la prioridad de la vida por encima de la economía. Si en algún momento en Cuba este asunto llegó a plantearse, fue en forma de solución en favor de priorizar la vida. Que se mantenga social y políticamente esa opción por la vida no es automático, debe enfrentar varias circunstancias:

Primero, las vulnerabilidades sociales presentes antes de la pandemia necesitan ser atendidas. Ellas atañen a problemas que van desde básicos de higiene e infraestructura, hasta más generales y profundos que atañen a la transformación de la informática y las telecomunicaciones, la introducción más amplia de la hipertecnología con los retos que implica, y quizás hasta una bucólica pausa existencial que nos permita reconstruir amistades, detener el tiempo o al menos la intensidad de nuestros ritmos de vida en favor del disfrute y la convivencia.

La pandemia significa también una crisis de la vida personal y familiar, y las ciencias sociales tienen la tarea gigantesca de atender esa crisis y sus impactos. Las personas y las colectividades están dañadas de muchas formas invisibles que de no ser atendidas se expresarían en fenómenos sociales negativos. El vínculo de los investigadores sociales, las comunidades y los liderazgos locales es fundamental para una detección oportuna y manejo de esas problemáticas.

Segundo, la vuelta a la “normalidad” al coincidir con el inicio de la temporada ciclónica, implica riesgos epidemiológicos y vulnerabilidades de infraestructura considerables y adicionales a los ya analizados. Por ejemplo, no pueden manejarse las situaciones que requieran evacuación de personas del mismo modo que se hacía antes de la COVID-19. Las lluvias a su vez, se asocian a la aparición de otras enfermedades que será necesario prevenir y atender.

Tercero, la inseguridad alimentaria es una amenaza real, pues a las circunstancias económicas se añade lo complicado del período de verano intenso para las producciones agrícolas, que no pueden incrementarse súbitamente pues requieren de una cultura de producción y comercialización que toma tiempo y está todavía por desarrollar plenamente. La seguridad alimentaria se presenta con un signo de interrogación que demanda creatividad, audacia y reformas profundas, financieras y de organización en el sector.

Cuarto, la recuperación económica internacional presenta otras interrogantes. La pandemia mostró las falencias de una globalización económica basada en la racionalización tecnicista y la maximización de las ganancias de espaldas a los seres humanos. Los superpoderes que protegen esas dinámicas resultaron incapaces de proteger a su propia ciudadanía mediante un esfuerzo global, conjunto, coordinado y colaborativo. Fallaron de igual manera los organismos internacionales, y no habría que tener esperanzas infundadas de que la situación cambiará con respecto a la recuperación económica. Al menos es un escenario más probable que un eventual y sorprendente protagonismo en favor del bien común.

El multilateralismo balanceado y habilitador no surgirá de súbito por generación espontánea. Más bien todo indica que ocurrirá lo contrario y que solo mediante intensas gestiones internacionales la colaboración podrá tener un espacio frente a la competencia desleal y hasta el pillaje. El escenario internacional tendrá una incidencia directa en la recuperación de la economía nacional, de manera que sobrevienen tiempos no menos inciertos que los del inicio de la pandemia. A ellos convendría aplicar la medicina fundamental de la colaboración, la ayuda mutua y la solidaridad, la descentralización y el reconocimiento de diversos protagonismos y liderazgos sociales. Estos son valores que hizo emerger con claridad meridiana la estrategia con que los cubanos, Estado y sociedad civil, afrontamos el desafío de la COVID-19. Bien podrían considerarse para el futuro que arriba y reclama reorganización de la vida social, el abandono de hábitos viejos y la adopción de nuevos, no desde la nada o la invención onírica, sino desde la conciencia de las necesidades de la convivencia y la comunidad de vida. En Cuba, en el abordaje de la pandemia la solidaridad y la colaboración estuvieron a la altura del desafío. Se expresaron sin miedo a pensar y actuar desde los contextos, con los aportes propios de la ciencia, la tecnología y la ideología del bien común y la protección de la vida, y habrán de estar presentes en la nueva etapa.

Finalmente, y no en último lugar, las reformas económicas y sociales que no habían concluido en el país, necesitan ser repensadas en su implementación ante los nuevos escenarios post pandemia.

Si la COVID-19 expresa una crisis de la vida, no tendremos menos en Cuba y el mundo que intentar la reorganización de la vida. Es una época apasionante la que nos ha tocado vivir y tiene sentido contribuir a que sea mejor.

Carlos J. Delgado

11 junio 2020

 

Nota de actualización

Nos encontramos en este momento, septiembre 2020 en medio de un rebrote. Se presentan indicios de que la estrategia funciona y está en proceso de control, pero surgen a este autor algunas dudas con respecto a la capacidad de colaboración de las personas.

La ciencia cubana continúa el aporte de medicamentos y prepara una vacuna actualmente en ensayo clínico, mientras el país mantiene la atención a todos los casos, se evita la saturación de las instalaciones hospitalarias, y continúa la colaboración internacional, el ejercicio de la solidaridad y el llamado a la más amplia colaboración.

Y no obstante, el enorme esfuerzo del gobierno, las instituciones de salud, el personal de salud, los voluntarios, y millones de personas, no siempre se ve acompañado por conductas prudentes de todos los pobladores. Tras meses de pandemia, y en parte también debido al agotamiento que implica, todavía no se alcanza la necesaria percepción de riesgo que se traduzca en acciones de prevención de la manera masiva en que se necesita. Las actitudes no colaborativas se manifiestan en indisciplinas e imprudencias de todo tipo.

Ante la situación algunas voces no sin razón, piden medidas más enérgicas y multas más severas a los infractores. Desde mi condición de maestro continúo el llamado a la colaboración, la ayuda mutua y la protección colaborativa.

Carlos J. Delgado

11 septiembre 2020

Referencias

Argaillot, J. (12 abril 2020). Cuba y el coronavirus: un pueblo preparado para la adversidad y médicos de fama internacional. The Conversation. https://theconversation.com/cuba-y-el-coronavirus-un-pueblo-preparado-para-la-adversidad-y-medicos-de-fama-internacional-136116 (Revisado 11 junio 2020)

Constitución de la República de Cuba (2019). Disponible en: http://www.granma.cu/file/pdf/gaceta/Nueva%20Constituci%C3%B3n%20240%20KB-1.pdf (Revisado 11 junio 2020)

Cubadebate (9 junio 2020). ¿Qué es el Jusvinza o CIGB-258? Disponible en: https://www.facebook.com/watch/?v=277567593390644 (Revisado 11 junio 2020)

Dashboard Cuba. Disponible en: https://covid19cubadata.github.io/index.html#cuba (Revisado 11 junio 2020)

Díaz-Canel Bermúdez, Miguel y Núñez Jover, Jorge (2020). Gestión gubernamental y ciencia cubana en el enfrentamiento a la COVID-19. Anales de la Academia de Ciencias de Cuba; Vol. 10, No. 2 (2020): especial COVID-19. Disponible en http://www.revistaccuba.cu/index.php/revacc/article/view/881

DW. (17 marzo 2020). Cuba pone fin a la odisea del crucero MS Braemar. Disponible en https://www.dw.com/es/cuba-pone-fin-a-la-odisea-del-crucero-ms-braemar/a-52810027. (Revisado 11 junio 2020)

IPS (25 Abril 2020). Más redes voluntarias contrarrestan la covid-19 en Cuba https://www.ipscuba.net/sociedad/mas-redes-voluntarias-contrarrestan-la-covid-19-en-cuba/ (Revisado 11 junio 2020)

Marrón, K. (25 marzo 2020) Michelle Bachelet pide levantar bloqueos y sanciones en tiempos de COVID-19. https://www.cubainformacion.tv/contra-cuba/20200325/85216/85216-michelle-bachelet-pide-levantar-bloqueos-y-sanciones-en-tiempos-de-covid-19 (Revisado 11 junio 2020)

Martí, José (1991). Abono – La sangre es buen abono. En Obras Completas. Tomo 8. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana.

Martínez Hernández, L. (10 junio 2020). Cuba se alista para la recuperación tras la epidemia. http://www.granma.cu/cuba-covid-19/2020-06-10/cuba-se-alista-para-la-recuperacion-tras-la-epidemia-10-06-2020-20-06-42 (Revisado 11 junio 2020)

MINSAP (2020a). Protocolo de actuación nacional para la COVID-19. Disponible en http://files.sld.cu/editorhome/files/2020/05/MINSAP_Protocolo-de-Actuaci%C3%B3n-Nacional-para-la-COVID-19_versi%C3%B3n-1.4_mayo-2020.pdf (Revisado 11 junio 2020)

MINSAP (2020b). Parte de cierre del día 10 de junio a las 12 de la noche. Disponible en: https://salud.msp.gob.cu/?p=5700 (Revisado 11 junio 2020)

Morin, E. (2020) “Veredas Para o Futuro o Mundo Pós Covid 19” Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=qlCoQPsIFIc&t=7s (Revisado 11 junio 2020)

Prensa Latina (22 de mayo 2020). Vacuna cubana muestra eficacia en pacientes graves de Covid-19. https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=368139&SEO=vacuna-cubana-muestra-eficacia-en-pacientes-graves-de-covid-19 (Revisado 11 junio 2020)

Progreso semanal (21 marzo 2020). https://progresosemanal.us/20200321/medidas-del-gobierno-cubano-para-enfrentar-la-propagacion-del-covid-19/ (Revisado 11 junio 2020)

Stone, Jon (7 abril 2020). UK thanks Cuba for ‘great gesture of solidarity’ in rescuing passengers from coronavirus cruise ship https://www.independent.co.uk/news/world/americas/coronavirus-cruise-ship-cuba-rescue-ms-braemar-havana-cases-a9451741.html (Revisado 11 junio 2020)

Yaffe, Helen (10 junio 2020). La respuesta excepcional de Cuba ante la pandemia de COVID-19. http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/06/10/la-respuesta-excepcional-de-cuba-ante-la-pandemia-de-covid-19/#.XuIoDEX0mMp

 

viernes, 4 de septiembre de 2020

CUBA COVID-19: BAUTA, CURSO ESCOLAR, RESPONSABILIDAD Y RIESGO

En las últimas semanas he publicado dos entradas en el blog acerca de la problemática de la COVID-19 en el lugar donde resido: Bauta en cuarentena publicado en julio, y Terminó la cuarentena en Bauta, el 1 de septiembre. Las dos, y la que presento en el día de hoy, exploran la pandemia y sus impactos en una localidad pequeña, situada en los límites de la gran ciudad capital, donde las incertidumbres y certezas adquieren sabores particulares.

Como siempre ocurre y es bueno que ocurra con un texto, un mensaje o una obra de arte, los interlocutores realizan lecturas desde sus ángulos propios. Además, lo social puede distinguirse como político, ético, estético, antropológico, económico, etcétera, pero cada uno de esos ángulos es inseparable del otro, por lo que las lecturas diferentes no dependen solo de la perspectiva del lector, sino de la complejidad intrínseca de lo social, donde cada aspecto es inseparable del resto. No excluyo por ello que estos textos puedan tener o tengan lecturas críticas, o políticas, o cualquier otra. Incluso hay quien me ha dicho que no son más que observaciones circunstanciales de la vida cotidiana, casi un registro banal de acontecimientos únicos e intrascendentes de la vida cotidiana de algunas personas que no permiten conclusiones más elevadas.

Y no obstante, reitero que me anima desde lo más profundo la intención antropológica de comprender al ser humano. Es algo que podemos intentar mejor cuando existen condiciones de crisis, mucho más propicias que las “normales”, cuando los seres humanos, colocados de frente a lo extraordinario se manifiestan en sus acciones. Y por otra parte, en tales condiciones, puesto que somos humanos, podemos ser más sensibles y receptivos con respecto a los imaginarios antropológicos que se expresan. Lo que la actuación nos revela puede ir mucho más allá que el acto cotidiano en sí mismo.

Ya sabemos por la ciencia y la literatura que es muy discutible que se pueda atribuir al humano una esencia única e indivisible que lo define. Se puede creer en ella desde las tradiciones espirituales o se puede construir una mediante la reducción del fenómeno humano a un código genético, pero en ningún caso de ello emana que sea, que exprese o agote plenamente el fenómeno humano. Necesitamos comprender al ser humano que colocado en contexto, en situaciones de vida extraordinarias por nuevas o por diferentes, como los roles que desempeñamos, devela más que una naturaleza humana, su condición humana. Ella se manifiesta de modo desigual, no equivalente, incluso contradictorio. Así alguien conocido de amigo puede resultar desconocido como jefe, o padre, unas veces de un modo y otras quizás semejantes, no por variable, sino porque en cada contexto se devela en su multilateralidad, ambigüedad y ambivalencia como humano.

El fenómeno humano nos sorprende, y nos sorprenderá mucho más en el futuro en la medida en que nos adentremos más en la inteligencia artificial, como nos anticipa Máquinas como yo, novela de ciencia ficción que nos anima a pensar qué significa ser humano, qué nos distingue de una máquina, y si es la irreverencia ante la normalización uno de los rasgos humanos por excelencia.

La realidad nos enfrenta al fenómeno humano, y no sería justo calificar de modo invariable a unos y a otros, por sus responsabilidades o por sus decisiones, sin antes explorar las condiciones que contribuyen a que nos revelemos como humanos de maneras que podrían considerarse desde un ángulo unificador como consistentes, inconsistentes, responsables, irresponsables, burocráticas, humanizadas, intransigentes, tolerantes. Por eso escribo sobre Bauta y la pandemia tratando de acercarme lo más que puedo, a lo que aquí ocurre y a la condición humana que se devela tras las conductas y los imaginarios antropológicos.

Situación especial y sensibilidad de las personas en la localidad

La cuarentena terminó en Bauta el 31 de agosto a las 8:00. La misma nota de prensa anunciaba que se mantendrían restricciones como parte de la desescalada, debido a la complejidad de la situación epidemiológica, y que se reanudaría el curso escolar el 7 de septiembre.

Las restricciones se han mantenido desde entonces, con cambios paulatinos y prudentes. Al día de hoy viernes 4 de septiembre, se mantienen varias, entre ellas a la movilidad fuera de la localidad, al ejercicio del trabajo por cuenta propia, y la ausencia de transporte público intermunicipal.

El examen de la situación epidemiológica nos muestra la complejidad de la provincia Artemisa, segunda por su tasa de incidencia, y de la cercana ciudad de La Habana en cuarentena. Asimismo, se conoce que la trasmisión de la enfermedad es un fenómeno complejo, que ha mostrado mayor vulnerabilidad en los entornos de convivencia cuando se violan las medidas establecidas, o se pierde la noción del riesgo posible, y en las contingencias asociadas a indisciplinas y comportamientos irresponsables de las personas en los entornos de su vida privada o laboral.

Un recorrido realizado en el día de hoy vuelve a confirmar, al nivel de experiencia, que somos muy vulnerables aquí.

A unos metros de la secundaria 5 personas de sexo masculino y diferentes edades, jóvenes todos, sentados a la sombra de un arbusto conversan, escuchan música y comparten una bebida, la mayoría de ellos o no tiene nasobuco o lo lleva mal puesto, todos incumplen lo establecido a la vista de todos, impunemente.

Sigo adelante.

Cerca de la clínica estomatológica me cruzo con tres niños, de edades diferentes, todos de nivel escolar primario, con sus nasobucos bien puestos, conversando entre ellos. A mi regreso los vuelvo a encontrar, ellos también vienen de vuelta. El mayor ya no trae protección, y camina sobre el muro recién construido en el área deportiva cercana a la clínica. Los más pequeños le persiguen por la acera en paralelo, en lo que parece ser una competencia improvisada. Simplemente juegan.

Subo por “la calle del cuartel”, y una cuadra antes de la casa donde vivían mis abuelos maternos, me encuentro una animada conversación de vecinos. La misma de toda la vida entre vecinos que se conocen y comparten la taza de café. Todos son adultos, sexos diferentes, sus dientes a la vista, alguno que otro alza la voz, disfrutan de la charla y se sienten en casa, aunque están en medio de la calle. Así es en los barrios de Bauta, donde los autos deben pedir permiso para transitar. Para mi asombro, uno lleva por nasobuco una mascarilla de pintor, sobre la cabeza, de sombrero. Mi limitada imaginación no había concebido posible tal uso.

Son apenas ejemplos de situaciones cotidianas, que constata un transeúnte observador, y que muestran cuan vulnerable es todavía el entorno local.

En estas circunstancias no es extraño que una parte de los pobladores del municipio se muestre preocupada ante el reinicio de las actividades escolares una semana después de concluida la cuarentena. Tiempo brevísimo en que no se alcanza todavía ni a medir a nivel personal los traumas de la sobrepresión de la cuarentena y la inmediatez de personas enfermas, la incertidumbre de la prueba realizada, en fin... la pandemia de cuerpo presente.

¿Es seguro reiniciar ahora el curso escolar en Bauta?

Es difícil responder una pregunta como esta por la multitud de datos y variables que implica. Desde el punto de vista social, las decisiones no pueden tomarse para satisfacer el deseo o gusto de cada persona, pero siempre pueden y deben tomarse en cuenta las condiciones del contexto.

Existe información pública que evidencia la preparación de la institucionalidad educativa para el reinicio de las actividades, que va desde el nivel del Ministerio de Educación a las escuelas. Los maestros y las direcciones de las escuelas hacen su parte, preparan y concilian sus planes, adecuan los entornos escolares. Pero la lógica institucional y la lógica de una familia que cuida a sus hijos son lógicas diferentes y no tienen por qué coincidir siempre. Se debe evitar que lleguen a ser lógicas contrapuestas cuando, mediante el diálogo pueden en realidad complementarse. Además, no olvidemos que las diferencias de perspectivas y lógicas aporta calidad, pues lo que para una está oculto, otra puede divisarlo. Y este es el caso.

En una reunión “de padres” que tuvo lugar en una de las escuelas en la mañana, las madres y padres del nivel preescolar manifestaron su preocupación con el inicio de las actividades, la cantidad de niños en el grupo, la ubicación de los niños en las mesas, la factibilidad de que los adultos en sus casas infecten a un niño que resulte asintomático y a su vez contagie a sus compañeros de aula. 

No son insensibles a lo alcanzado institucionalmente, aprecian la calidad de la maestra, su entrega y excelencia. 

No vienen a criticar ni a cuestionar, están preocupados, y traen propuestas. Proponen por ejemplo, que se realicen las actividades de preescolar formando grupos más pequeños, que los niños estén más separados en el aula y no tengan que asistir los mismos todos los días, sino por grupos. Les parece razonable y aportaría mayor seguridad. La misma idea estuvo valorada antes por los maestros, pero la instrucción institucional que se adoptó finalmente es seguir otra metodología. 

Los padres insisten, se conversa, se dialoga con la maestra y la directora. El diálogo es el gran educador y cuando hay diálogo todo es posible, porque se puede construir juntos y crece la responsabilidad de todos mediante el involucramiento. 

Se hace la consulta telefónica con alguien de un nivel superior a la escuela. La respuesta es inflexible: “se debe seguir la metodología establecida, pues los niños deben socializar.” Termina el diálogo de forma abrupta, pues más allá de la escuela no ha sido posible dialogar, no hay interlocutor dialógico del otro lado de la línea telefónica.

Lo que es punto final desde la lógica institucional puede ser punto de reflexión desde la lógica pedagógica, y punto de inflexión desde la lógica de padres, madres y abuelos.

La lógica institucional se impone por su propio peso, todas las escuelas son iguales y la metodología a seguir está clara, definida. Seguirla es una cuestión de disciplina, rigor, y la calidad no se garantiza sin disciplina. La seguridad tampoco.

La lógica pedagógica dice otra cosa. 

Paulo Freire y Edgar Morin me susurran al oído mientras pienso y escribo. 

"Siendo el amor fundamento del diálogo, es también diálogo. De ahí que sea, esencialmente, tarea de sujetos y que no pueda verificarse en la relación de dominación".

Paulo Freire

Pedagogía del oprimido

Siglo XXI, p. 108

"El programa debe estar sujeto a la vida y no a programar la vida".

E. Morin

Cualquier pedagogo sabe que un problema siempre tiene más de una solución metodológica viable y que se acerque al óptimo, pues ninguna lo alcanzará completamente nunca. Contar con una estrategia metodológica colaborativa y adecuada al contexto es superior a la mejor de las estrategias que se centran en menos actores, y si solo cuenta el actor institucional, la fragilidad aumenta proporcionalmente al aumento de la relación controladora. Lo que para la lógica institucional es orden, disciplina y garantía, se aprecia desde la lógica pedagógica de un modo diferente. La disciplina es importante, vital, pero no es correcto que la metodología se convierta en orden y el orden se conciba como rigidez institucional. Sería válido para la organización militar pero tiene altos costos cuando se convierte en lógica institucional educativa. La disciplina es fundamental, pero será necesario distinguir entre la necesaria disciplina organizacional y el ordeno y mando.

Desde la lógica pedagógica la rigidez de la lógica y la disciplina institucional se hace evidente, puede ser criticable y objeto de estudio para mejorar las prácticas. Pero desde la lógica de los padres se aprecia el cierre y el fin a la colaboración dialógica. Una parte de los padres deciden acogerse al derecho que les asiste para proteger a sus hijos no enviándolos a la escuela.

No tendría que ser así ni tiene que ser así. La lógica institucional educativa debería ser capaz de dialogar más con la lógica pedagógica en primer lugar, y abrirse a la diversidad de formas y caminos. Teóricamente la metodología debería entenderse no como programa cerrado a seguir, sino como estrategia a implementar, y en la implementación están las puertas para el diálogo con el contexto, que incluye a todos y cada uno de los padres.

Quizás todo esto no sea más que un incidente sin mayor relevancia que el enojo de los padres y la subida de presión arterial de los abuelos. O quizás sea un signo distintivo de que hay que colocar el diálogo en el lugar que le corresponde en la pedagogía y en la construcción de las lógicas institucionales.

Retomemos nuestra pregunta ¿es seguro reiniciar aquí y ahora…? No es una pregunta por los datos, sino por la responsabilidad, una cuestión ética fundamental.

En ética y moralidad debe favorecerse siempre la toma de decisiones basadas en la razón, los conocimientos y los valores. No tiene sentido sobreponer unos a otros, pues las decisiones responsables no pueden basarse exclusivamente en uno de esos tres elementos, por evidente que pueda parecernos, pues ninguno por si mismo es suficiente. Se necesitan los tres para contar con una decisión moral pertinente, que en la medida en que cada uno se debilita, desaparece.

Sin duda alguna, comenzar el curso escolar siete días después de terminada una cuarentena, con la huella de un mes de máxima restricción y en medio de restricciones que se mantienen, no parece algo lógico y razonable que se corresponda con un escenario de seguridad y mínimo riesgo.

¿Cuál es la ponderación riesgo beneficio que justifica que aquí precisamente ahora se reinicie el curso escolar?

No la conocemos, pues autoridades como la Ministra de educación en su reciente comparecencia en la Mesa Redonda, han reconocido públicamente la existencia de preocupaciones por parte de los padres, pero no han aportado evidencias claras que muestren que aquí ahora, existen condiciones para reiniciar el curso escolar. Además, es obvio que no se puede particularizar cada municipio en un espacio televisivo.

Recordemos que una argumentación consta siempre de una tesis, la lógica argumentativa y las evidencias que la sustentan. Se afirma que se han valorado las situaciones, y que se reinician las actividades allí donde hay condiciones. No tengo por qué dudarlo. La argumentación se basa en la lógica institucional que se apoya en la evidencia de la preparación de las escuelas para ofrecer condiciones de seguridad que impidan el contagio. No es una lógica y evidencias suficientes, pues su efectividad dependerá internamente de que se cumpla a cabalidad con todo lo establecido. Es algo difícil, aunque no imposible de alcanzar, cuando se cuenta con maestros y personal educativo comprometidos. Pero depende también de que todos somos humanos y podemos cometer errores. Y depende mucho de lo que ocurre fuera de la escuela, en las casas y en la localidad. Y en ese entorno ocurren cosas. Ya mencioné algunas, añado otras...

Aunque se ha mantenido el cierre de las carreteras desde la cuarentena y la ciudad de La Habana está cerrada, existen violaciones conocidas de la norma. ¿Cómo lo logran los transgresores? No lo sé, pero lo logran. No es un fenómeno masivo, pero tampoco tan excepcional como podría suponerse. Se sabe cuando te cuentan el chisme y chiste del ferviente enamorado bautense que en medio de la cuarentena visitaba la novia todos los días en otro pueblo cercano, y a quien los vecinos de la novia llamaron “a contar” para que no los pusiera en riesgo. Se sabe cuando se hace famoso el trillo hacia la escuela Orlando Nodarse, eventual salida hacia Caimito, del ir y venir de personas cruzando la línea del ferrocarril hacia Corralillo… Se sabe de mil maneras algo fundamental y sencillo de entender: la indisciplina que propicia contagios en esta localidad es una realidad tangible.

Así se manifiesta el entorno social donde viven los niños que asistirán a las escuelas, y por eso no basta con que todo esté allí organizado y previsto siguiendo la lógica institucional más rigurosa y estricta que la mente y la planeación humanas puedan concebir. 

Las razones de los padres no son superfluas ni están basadas exclusivamente en el temor y el amor filial, no carecen de conocimientos, por el contrario, cuentan con conocimientos en un nivel de realidad que no es el institucional.

Si los rebrotes han ocurrido en espacios de socialización donde algo ha fallado y los niños, sobre todo los más pequeños no son capaces de tener conciencia de los riesgos a que se enfrentan, ¿no tendría sentido esperar un poco más en este lugar antes de reiniciar? Para mí esperar un poco más tiene todo el sentido propio de una decisión responsable basada en las lógicas de los padres, del conocimiento de lo inmediato, y en el principio preventivo. Lo tiene, porque sería más prudente ante la incertidumbre que el panorama nos presenta, apelar a la sabiduría del escepticismo antiguo, que es una de las fuentes del principio preventivo, y pasar del “ante la duda abstente” a la prudencia de no someter niños pequeños a riesgos innecesarios que están en el entorno, cuando bastaría con esperar más tiempo y explorar alternativas pedagógicas, institucionales y dialógicas.

El reinicio del curso escolar en Bauta el próximo lunes es un acto de confianza, y como dice un titular de El Artemiseño publicado al inicio de la cuarentena en Bauta, En la confianza… está la COVID-19

Carlos J. Delgado
4 septiembre 2020

martes, 1 de septiembre de 2020

CUBA COVID 19: ¿TERMINÓ LA CUARENTENA EN BAUTA?

Hace varios días se comentó en la televisión cubana la posibilidad de que terminara la cuarentena en Bauta. El 30 de agosto El Artemiseño informó las medidas de estricto cumplimiento en Bauta luego de la cuarentena. Todas muy razonables y evidentes en su necesidad.  

Después de un mes y días de cuarentena salgo en la mañana con la intención de comprar algo, y me encuentro con que se puede salir de la casa, pero no se puede salir del poblado hacia ninguna parte. Esto último no me quedó claro cuando leí las medidas publicadas. Le pregunto al oficial de la PNR ubicado en el retén, quien muy atento se limita a decirme que cumple órdenes, la vía estará cerrada todavía una semana o quizás más. No sabe cuánto. 

Es una sorpresa desagradable. En el barrio mucha gente no lo entendió tampoco y circula todo tipo de rumores. Caigo en cuenta al releer que si lo dice, pero no con la claridad que lo haría evidente, pues ninguna medida anunciada establece con nitidez que un auto particular o una persona andando no podrá salir del perímetro, ni a visitar a alguien ni a comprar algo que necesite en alguna finca cercana. Al final me queda claro: hemos entrado en una etapa sin cuarentena con casi las mismas restricciones, no hay comercio y no hay movilidad fuera de la localidad. ¿Por cuánto tiempo? Todavía no me queda claro.

Regreso y camino un poco, todo está cerrado, solo una tienda vendía algo, no pregunté qué, ni si era en dólares o cuc. Había poco público y estaba organizado, con algo de distanciamiento. Un poco más adelante en la avenida 247, varias personas compraban algo líquido que vendían desde una pipa. En ese caso, las personas apiñadas, sin distanciamiento. 

Los comercios cerrados y la imposibilidad de acceder a alimentos y otros bienes es un problema serio luego de cinco meses de contingencia y un mes de cuarentena. Las reservas se agotan, imagino que en muchas casas ya estén agotadas. En el mes de cuarentena una vez pude comprar viandas que vendían en un bicitaxi, dos veces vendieron en cuc comestibles, una vez, también en cuc aseo, más la cuota de la libreta. A veces algo de pan.

Me temo que mientras las reservas se agotan, y la "sin cuarentena con restricciones" se mantenga, las incertidumbres y las indisciplinas crecerán.

Por el momento, pocas personas en las calles, pero para mi sorpresa, algunas con el nasobuco como collar. 

Regreso a mi casa, el calor es intenso.

Al caer la tarde me animo a estirar las piernas y hacer unas fotos. Ninguna medida dice que se pueda, pero ninguna lo prohíbe, de modo que adopto la lógica de que lo que no está prohibido está permitido, y salgo.

Me muevo de la periferia al centro y de vuelta. Arriba, el cielo espléndido con contrastes de azul y blanco. 


Abajo los contrastes habituales del poblado, calles sucias con amontonamiento de basura y calles limpias y ordenadas. Todas bajo el mismo cielo espléndido.


Ahora el ambiente está más animado, hay más personas en las calles, conversan con sus vecinos, los niños juegan en las calles, los nasobucos están presentes, la mayoría donde deben estar y de modo preocupante para mí, los hay abundantes, que están en cualquier lugar de la cara, colgando de una oreja, debajo de la nariz, de collar, ...  No tomo fotos de las personas por razones obvias.

Más adelante hay un auto patrulla, con un policía en la acera, mientras por la acera del frente viene una señora con prisa, camina-corre...  pasó por el lado del policía aprovechando que este se volteó al otro lado, pues va sonriente, sin nasobuco, y diciéndonos a los que estábamos de frente "...hay mi madre, estoy loca, salí sin nasobuco..." 

La persona no la conozco, la sonrisa nerviosa sí. La conozco muy bien, pues es típica de los que van en bicicleta, doblan a la izquierda en una vía central, contrarios al tráfico, y al percatarse que casi impactan un auto, le regalan esa misma sonrisa al chofer ... una especie de disculpa del niño que todos llevamos dentro. En fin, algo desagradable y humorísticamente humano. Tan humano, que les puede costar la vida, a los ciclistas imprudentes y a la señora.

Los niños parecen la excepción. Me encuentro algunos en bici, y otros más pequeños jugando en círculo tomados de la mano, todos con nasobuco, mientras mamá o tía, limpia el portal sin barandas, ... por cierto ella, sin nasobuco. Pienso en decirle algo, pero ya me miró raro cuando me vio haciéndole una foto al cielo, así que mejor, no, pues si le digo algo, seguro me va a ripostar que está en su casa ...

Lo más preocupante es que me encuentro alternativamente en algunos lugares grupos de infractores, unos jóvenes, otros maduros, y otros de edad más avanzada. Los grupos de edades son diferentes, también los lugares donde están, pero comparten la misma desfachatez de no cumplir en absoluto con el distanciamiento social, mientras cumplen con el nasobuco "a la my love", o más exactamente en  criollo callejero: "alamailof". En una palabra, o no se acuerdan o les  importa un comino: unos lo tienen bien puesto, otros colgantes, otros ninguno, y en todos los grupos lo mismo, una conversación rica, animada, quizás sobre pelota aunque no estemos en temporada... Gritan, gesticulan, mientras intercambian generosamente las gotículas de saliva en sus aerosoles... En estas gentes la percepción de riesgo sigue con tendencia al menos infinito.

Llego a los dos cajeros automáticos.  Para mi sorpresa están podridos de churre, acumulado en sus alrededores y en los dos ATM. Es churre viejo.

Cada usuario se lleva en sus manos con el dinero un bono de polvo y quizás de algo más.

Recuerdo que en marzo había una persona que limpiaba cada equipo con solución clorada o algo semejante, mientras se mantenía el servicio. En lo que hice la cola los limpió como tres veces. Ahora no hay nadie. No es posible que las autoridades no notasen todavía la situación actual, porque los dos cajeros están ubicados en el Banco Popular de Ahorro, a escasos metros de oficinas administrativas locales. 

¿Deberían los dos únicos cajeros automáticos en una población como esta tener mayor higiene como medida básica de protección de las personas? La lógica más elemental me responde que sí.

Sigo por la carretera central, que está casi vacía y limpia.


Un poco más adelante me encuentro la panadería que está ubicada en esa vía, frente al Banco de Crédito y Comercio. La reja y la puerta están entrejuntas. Hay alguien dentro, y fuera un cartel, de esos que merecen premio al mal gusto, al maltrato y a la falta de respeto.


El mensaje es claro: Quien pregunta en esa panadería si venden pan molesta. Quizás ya no sea una panadería, o esté produciendo para otro servicio, no se, pero el cartel está mal, es una pieza maestra de la peor comunicación posible. No puede ser más ilustrativo del desprecio al resto de las personas que buscan un alimento básico.

Casi llegando al final del camino, a la altura del cementerio, escucho una voz de mujer que desde alguna casa le grita a alguien un dicho  modificado por ella:

"Y ya, muerto el perro se acabó el problema"...


Seguramente la persona ni me ha visto ni tiene idea de en qué vengo pensando, pero su dicharacho mal dicho me despierta a la realidad. 

Me resisto a creer que llegar a destiempo a las habitaciones oscuras del hospedaje permanente reservado para los bautenses en la calle "Maceo sin número" sea la solución a los problemas de las personas en esta localidad... 

Y sin embargo, hemos salido de un mes de encierro para comprobar que el abandono, los servicios deficientes, la falta de higiene, la incomunicación, la indisciplina y la indolencia continúan siendo parte de nuestra "normalidad". Una vieja normalidad que conduce por la pendiente a la muerte en tiempos de COVID-19.

Continúo mi camino y me alejo de la pendiente, con el sol a la espalda. Intento una foto a contraluz, y me sorprende de nuevo el típico contraste del claroscuro bautense.


Arriba el cielo espléndido en sus luces, y abajo no tanto.

Carlos J. Delgado
31 agosto 2020