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Carlos J. Delgado


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viernes, 11 de septiembre de 2020

CUBA COVID-19: VALORES REVELADOS

 

El texto que les presento en el día de hoy terminó de escribirse el 11 de junio de 2020. En él se intenta un balance de la atención en Cuba a la pandemia COVID-19 entre marzo y junio, mes que marca a mi juicio el final de la primera etapa en que fue controlado el primer brote. Tras un largo proceso de reducción y traducción una versión breve de este texto se publicó hace unos días en idioma inglés por el prestigioso blog arbitrado Medical Anthropology at UCL como parte de la serie “COVID-19 voces desde América Latina”. La coordinación de esta serie estuvo a cargo de Rebecca Irons y Abril Saldaña. Esta última, tuvo a su cargo la introducción a la serie.

Esta es una versión ampliada del artículo publicado en inglés, y se acompaña de una breve nota final de actualización.

Carlos J. Delgado

11 septiembre 2020




La pandemia COVID-19 ha retado las sociedades en todo el planeta. Es un suceso único en la historia, que estremece los cimientos de la sociedad global, tensa la economía y la política, y pone en tela de juicio creencias de todo tipo, científicas, económicas, políticas y sociales. En palabras del filósofo francés Edgar Morin en su conferencia “Caminos para el futuro del mundo post covid-19”, se presenta como una “crisis de la vida”, acompañada de incertidumbres, y de la necesidad de cambiar, sin que se tenga, ante la urgencia, plena certeza de qué cambios y en qué dirección emprenderlos. Para comprender las opciones de los diferentes países es necesario considerar la problemática en el tiempo, su pasado inmediato, presente y futuro.

Las sociedades subdesarrolladas, y dentro de ellas los países insulares afrontan retos específicos. El virus y la enfermedad desde un punto de vista biológico se presentan con forma relativamente estable, pero cada sociedad es diferente. A la vulnerabilidad humana presente en todas partes, hay que sumar la vulnerabilidad social específica que incide directamente en las acciones y los derroteros posibles a emprender en cada contexto. Las acciones humanas tienen siempre un trasfondo de intereses y valores que las impulsan. Aunque los valores pueden enunciarse y declararse en discursos, se revelan por si mismos en las decisiones y las acciones. Desde el punto de vista ético, es importante prestar atención a qué valores se revelan en las decisiones y acciones que se adoptan en una sociedad que tiene ante sí un fenómeno global con riesgo real para la vida de cada persona como la pandemia.

Cuba es un Estado insular, pequeño, ubicado en un archipiélago del Caribe, que contrasta por sus indicadores económicos y sociales, avances educativos y científicos, las controversias políticas que despierta y sus bellezas naturales. Estas últimas, como el país, tras un rostro estable y atractivo, muestran igualmente los contrastes de extremos climáticos que desafían su agricultura con la alternancia de períodos secos y lluviosos, humedad y altas temperaturas que favorecen plagas, temporada de huracanes y enfermedades tropicales. Aunque es un país ubicado en el trópico y económicamente pobre, su población no muere por el azote de enfermedades tropicales, entre las causas de muerte se sitúan enfermedades cardiovasculares y el cáncer, y una parte significativa de la población se ve afectada por obesidad y la diabetes. Su realidad social no es menos ambivalente cuando integra altos niveles de instrucción pública y educación general, la formación de científicos y profesionales con elevada calificación en diversos campos, y vulnerabilidades derivadas de su sistema económico, bajos ingresos, costumbres y estructura social. A su realidad se añade un amplio reconocimiento internacional como nación independiente y colaborativa, y el bloqueo económico norteamericano, vieja joya de la guerra fría, que priva al país del acceso a las fuentes de financiamiento internacional. Este último ha cobrado con la administración norteamericana actual, formas extremas de persecución económica, política y financiera. Estuvo presente antes de la pandemia, pese a los llamados internacionales se hizo presente durante la pandemia, y a no dudarlo, estará presente en los escenarios post pandemia. (Marrón) Es una circunstancia de guerra económica que permea todo lo que ocurre en el país, y afecta directamente la vida cotidiana de cada uno de sus ciudadanos: una población mestiza, cultural y espiritualmente sincrética.

El primer caso de COVID-19 se reportó en Cuba el 11 de marzo de 2020. Desde entonces se confirmaron con la enfermedad 2219 pacientes, se recuperaron con alta médica 1893, fallecieron 84, se encuentran activos 240 hospitalizados, y otros 516 casos sospechosos se encuentran en aislamiento como parte de la vigilancia epidemiológica. (MINSAPPasados exactamente tres meses, las autoridades anuncian la inminente limitación de las restricciones y la vuelta por etapas a la normalidad. (Martínez

Entre el 11 de marzo y el 11 de junio además de la contingencia nacional, se atendió la situación de emergencia del crucero MS Braemar (Deutsche Welle, Stone), y especialistas cubanos viajaron a brindar servicios médicos y asesoría vinculada a la COVID-19 a 26 países (12 del Caribe, 5 de América Latina, 5 de África, y 4 de Europa y medio oriente) (Argaillot). Los centros de investigación científica y la industria médico farmacéutica nacional pusieron a disposición de la salud pública medicamentos resultantes de descubrimientos de la ciencia nacional, un nuevo test diagnóstico, probaron la efectividad de medicamentos antivirales utilizados previamente en otras enfermedades, se garantizaron instalaciones de salud suficientes para atender a los pacientes, se reacomodaron instalaciones para acoger a personas sospechosas de haber contraído el virus, y se mantuvieron otras en riesgo en vigilancia en sus hogares. (Prensa Latina, Progreso Semanal, Yaffe) Se implementaron varios protocolos de investigación, y acciones de intervención terapéutica y social, como la creación de un grupo de trabajo interinstitucional presidido por el Ministerio de Salud Pública para dirigir la respuesta ante la COVID-19 desde el 28 de enero de 2020, la definición de etapas para caracterizar la pandemia y las medidas tipo a adoptar, la definición de un protocolo de actuación nacional para la COVID-19. Este último asumió con modestia la incertidumbre científica ante la nueva enfermedad, y se ha mantenido en revisión, a la vez que declara con firmeza y claridad su propósito de contribuir a la “prevención, control, al mejor manejo de los casos, así como a la protección de los trabajadores de la salud y de la población” (MINSAP, p. 4). Se estableció un modo de actuación modesto y previsor ante las incertidumbres, y firme en sus bases cognoscitivas, la colaboración y la responsabilidad.

A su vez, las medidas implementadas significaron una adecuación nacional del sistema productivo, el comercio, las actividades sociales, de la economía, la educación y la sociedad en su conjunto.

¿Cómo es posible que en el transcurso de tres meses se evitara la elevación súbita del número de casos, el colapso del sistema de salud pública, la elevación permanente del número de muertes, se revirtiera la tendencia ascendente de contagios, y se lograse una curva epidemiológica dentro de los límites de los mejores pronósticos? Aunque es temprano para elaborar conclusiones definitivas, ¿qué nos revela un análisis bioético de lo acontecido?

Tras la madeja de acontecimientos se pueden distinguir tres componentes a tomar en consideración: los antecedentes que integran el sistema de salud cubano y su vínculo con la ciencia nacional, la diversidad de actores que se involucraron en el proceso, y la estrategia de integración y colaboración científica y ciudadana desplegada desde el gobierno. Diferentes por su forma y alcance, tras esta urdimbre se manifestaron valores fundamentales. De la colaboración y ayuda mutua, la confianza en los conocimientos científicos y los profesionales, las incertidumbres asociadas a la vida económica y la enfermedad emergieron valores como la atención y cuidado a los pacientes, el humanismo, la solidaridad -que significa en Cuba ofrecer lo que se tiene, no lo que sobra-, la precaución y la responsabilidad. A su vez, los puntos críticos han expresado también de manera bastante nítida el detrimento de algunos de esos valores. Lo enunciado está lejos de incluir todos los valores y factores involucrados, a los que hay que unir fenómenos tales como el reconocimiento social de que gozan en Cuba la ciencia, la investigación y el ejercicio profesional, la medicina y otros campos, así como la expresión, con fuerza propia, de confianza en el sistema de salud y las posibilidades de superar la adversidad mediante el esfuerzo compartido.

El sistema de salud cubano tiene una de sus fuentes en la tradición humanista que emana del pensamiento martiano, quien en 1889 ya había vinculado las problemáticas de la salud, la naturaleza y la educación en la metáfora que afirma “La verdadera medicina no es la que cura, sino la que precave” (Martí, 1991, p. 298). Se expresa a través de ella el ideal ético y político de raigambre humanista con vocación de cuidado y servicio, perspectiva ambiental y social que inspira la actuación de los profesionales y el sistema de salud. Ese humanismo permea la tradición médica cubana, y se tradujo en el sistema de salud pública emergente de la revolución social de 1959 en una concepción que toma juntas, sin menospreciar ninguna, la prevención, la atención y el cuidado. Como parte del proceso político se reconocieron constitucionalmente la salud y la protección de la vida como bienes públicos, derechos humanos inalienables, y al Estado la obligación de proteger, coadyuvar, y garantizar los marcos para que sea realizable el derecho, así como a los ciudadanos el deber de contribuir a ello. (Constitución, artículos 46, 69, 72, 90 inciso i) El sistema de formación de profesionales de la salud hace parte de la misma filosofía, a lo que se añade un cambio impulsado desde la política con el liderazgo personal de Fidel Castro a mediados de los años ochenta, cuando se consideró estratégico el sector de las biotecnologías, el desarrollo de los polos científicos y la industria médico farmacéutica, orientados a la satisfacción de las necesidades de la salud pública en Cuba y el mundo.

A la tradición humanista, el pensamiento martiano, y el desarrollo de la investigación científica vinculada a la producción de medicamentos es necesario añadir al menos un elemento más, presente desde la década del sesenta del siglo XX en Cuba: una proyección internacional orientada a la cooperación, que ha incluido la presencia de especialistas cubanos en catástrofes naturales y emergencias médicas en diversos confines del planeta, la formación de especialistas de numerosas naciones en las universidades médicas cubanas, entre las que sobresale la Escuela Latinoamericana de Medicina. A ello se añade la extensión de servicios de cooperación ante necesidades de cobertura y otras expresadas por diferentes naciones. La emergencia de la pandemia COVID-19 encontró a Cuba como un país donde la cooperación y el tendido de puentes entre naciones no era una novedad, y se contaba con especialistas de alto nivel y experiencia certificada, para atender situaciones de emergencia.

Desde el punto de vista social, la pandemia encontró en Cuba una diversidad de actores que es necesario considerar. Entre los polos teóricos que identifican los conceptos de sociedad civil y Estado, y el sistema de partido único, la sociedad cubana actual muestra una compleja red de actores, que incluye al Estado, el partido comunista, las estructuras del poder público, actores económicos estatales y no estatales, una complejidad demográfica caracterizada por el envejecimiento poblacional, y una creciente heterogeneidad. Cada persona está vinculada de mil maneras a unos y otros sectores, y no es posible la unificación del conglomerado social en una categoría única o una caricatura de sectores relativamente aislados. La creciente complejidad social de la Cuba contemporánea incluye situaciones de pobreza emergentes de la década de los noventa, las reemergentes de desigualdades, pobreza y estratificación social generadas como resultado de las reformas económicas más recientes, así como expectativas de nuevos cambios económicos y sociales, que se suponían inminentes antes de la llegada de la COVID-19. No es menor la diversidad y complejidad en el universo de los idearios, las ideologías, creencias. modos de vivir y concientizar la espiritualidad, la creación técnica, científica y artística. Todo ello matizado por las lógicas del sincretismo y los contrastes ya mencionados.

Para la atender la emergencia sanitaria, el gobierno cubano implementó la que podemos caracterizar como una estrategia sistémica, de integración y colaboración gubernamental, científica y ciudadana. Formaron parte de esta estrategia la definición de fases y la asociación de medidas a implementarse en cada fase, el reconocimiento y protagonismo del Ministerio de Salud Pública, las decisiones médicas consensuadas, los intercambios de información, la participación protagónica de los científicos y el personal técnico de diversos campos de las ciencias, tanto de las específicas vinculadas a los tratamientos médicos y la investigación de la nueva enfermedad, como las más alejadas como las ciencias formales, el diseño de modelos, y las ciencias sociales. El valor del conocimiento y el ejercicio y toma de decisiones basadas en conocimientos y formación de consensos fueron distintivos del proceso.

El manejo de la información pública fue amplio, trasparente y educado, mediante el ejercicio pedagógico social de diversos actores. La convocatoria al aislamiento social apeló al llamado colaborativo y la comprensión, sin dejar de apelar a la ley cuando fuera necesario, y se propició la participación pública más amplia, ya fuera mediante la contribución activa en las diversas formas de voluntariado, como en el llamado a las personas a colaborar quedándose en casa y contribuir así a frenar la pandemia.

Ha sido un proceso con altos y bajos, como es natural dada la complejidad social actual, pero donde las condiciones de convocatoria a la colaboración surtieron efectos y rindieron frutos que marcaron los derroteros de todo el proceso. A su vez, las transgresiones más severas se encontraron en casos individuales de desacato a determinadas normas por algunos ciudadanos, y sobre todo en transgresiones “débiles” como descuidos y excesos de confianza ante las buenas noticias sobre el control de la enfermedad, baja percepción del riesgo e irrespeto al otro y su seguridad en el uso incorrecto del nasobuco, y las salidas del hogar a realizar compras y satisfacer otras necesidades en ocasiones postergables.

En este último asunto se expresa una de las mayores debilidades de la estrategia, pues no fue posible estabilizar una oferta de mercado que diese satisfacción a las necesidades del momento. Las transgresiones del distanciamiento social con mayor masividad se hicieron visibles en los sitios donde se vendiera algo. Razones económicas limitaban desde antes la oferta de bienes, y es lógico que se mantuvieran durante la pandemia, pero se incrementaron las limitaciones por algunas medidas y cierres de establecimientos, la transportación, y toda la situación extraordinaria. También debe considerarse cierto grado de subestimación de la tensión social presente en la población por la experiencia vivida durante la crisis económica de los noventas, y los desabastecimientos más recientes de combustibles y mercadería. A las circunstancias objetivas de carencias de productos y la orientación interna de las personas a adquirir por previsión de escasez actual o futura todo aquello que estuviese a la venta, se añadió la reiteración de un viejo problema: la incapacidad del comercio, para diseñar formas efectivas de reorganización de los servicios en función de las necesidades de las personas. En el caso de la pandemia ha sido bastante evidente la presencia de reorganizaciones en función de la entidad y sus empleados, en lugar de evitar en lo posible la concentración de personas, la lentitud en la atención, y la invisibilización de la oferta en existencia. Parte de estas debilidades se pusieron de manifiesto también en el emergente comercio electrónico, que tuvo altibajos de todo tipo, evidencias de imprecisiones y falta de control, aunque sin lugar a dudas, marcó también una diferencia positiva con respecto a los pagos, y opciones que son habituales en el mundo contemporáneo pero que estaban implementándose paulatina y lentamente en Cuba en el período anterior a la pandemia.

La acción gubernamental propició el protagonismo de varios actores, en primer lugar, los científicos, el voluntariado y diversas instancias del gobierno, como las entidades territoriales y la defensa civil.

El gobierno siempre estuvo activo, visible y presente en la toma de decisiones oportunas, pero al mismo tiempo hizo espacio para dar a los científicos y especialistas en salud el primer plano de la comunicación social, la trasparencia de las decisiones en salud, y el valor de los conocimientos. Por su parte, el voluntariado ha tenido un papel fundamental. (IPS) Ha sido impulsado a la vez por el Estado y la sociedad civil con una participación amplia de sectores jóvenes, entre los que sobresalen deportistas, artistas, universitarios, organizaciones no gubernamentales, iglesias y proyectos de investigación social vinculados a las comunidades. No es un voluntariado complementario o secundario. Sin la participación activa de las personas no se habrían detectado tempranamente los primeros casos, ni podrían mantenerse los centros de aislamiento para personas sospechosas de haber contraído la enfermedad, ni muchas de las actividades de tipo social como la pesquisa activa, que incluyó la participación sistemática de los jóvenes. El comportamiento de la población, de las instituciones, y de la sociedad civil es un producto de varias décadas del proceso revolucionario y de su orientación socialista.

La comunicación social y el lenguaje tuvieron también sus rasgos peculiares y aportaron al proceso. Se sumaron desde memes hasta lecciones, canciones y cápsulas de información. Por otra parte, resulta hasta cierto punto contradictoria y controversial la forma beligerante que por momentos adoptó también en Cuba el lenguaje que convoca a la acción como “enfrentamiento”, “lucha”, “batalla”, y otros mensajes de igual naturaleza, capaces de convocar de manera no específica, como si la emergencia sanitaria fuese semejante a la guerra contra un enemigo invisible. Las sutilezas del lenguaje ponen de manifiesto también algunos olvidos ecológicos, que muchas veces encontraron presencia en las preocupaciones de las personas por las mascotas y la vida en general. El voluntariado contribuyó de forma activa a la traducción de los mensajes generales a la lógica comunicativa de las personas en sus contextos, lo que será necesario estudiar e incrementar en el futuro. Hay todavía mucho por hacer en materia de lenguaje, comunicación social y diálogo para extraer las lecciones de la pandemia. No obstante los matices antes expuestos, predominó la convocatoria a la colaboración y la ayuda mutua, a la que hicieron además una contribución relevante la poesía vital de la obra del personal de salud, cantada por los artistas en espacios televisivos y las redes sociales virtuales.

La población colaboró masivamente, pero no unánimemente. Como ocurre en estos casos, las actitudes no colaborativas, del tipo dilema del prisionero colocaron a una parte de la población por el camino del beneficio propio de retribución directa y seguro, pero contrario al mayor beneficio alcanzable mediante la colaboración con los demás. A los casos aislados de infracciones, y espíritu carnavalesco que contribuyó a contagios, se sumaron delitos contra la seguridad pública por indisciplinas más graves, y delitos económicos. Estos últimos evidenciaron las apetencias de enriquecimiento de algunos actores individuales, pero no deben atribuirse solo a ellas; expresan también un fenómeno de organización social que debe atenderse de manera constructiva. El sector no estatal de la economía todavía no cuenta con todos los elementos de infraestructura para desarrollar sus actividades, hay zonas de penumbra con respecto a los aseguramientos financieros, la ausencia de un mercado mayorista efectivo, y otras inseguridades. En el sector estatal no faltan negligencias, descontrol y descuidos que propician el delito. En esas circunstancias en el período anterior a la pandemia se establecieron formas ilegales de almacenamiento y abasto de productos, comercio y distribución mayorista. Descubiertas en apariencia súbitamente en medio de la pandemia, esas redes no crecieron en un día, existían previamente, y contribuyeron a la dialógica de la seguridad y la inseguridad de los ciudadanos, y más allá de ello, proyectan la necesidad de su atención en el futuro post pandemia. No es un fenómeno nuevo, ni puede ser considerado y atendido simplemente como transgresión de la ley por personas ambiciosas. Es necesario tomar en consideración la lección histórica de algunas situaciones análogas, como el comercio vinculado a la prohibición del alcohol en los Estados Unidos: allí donde existen necesidades económicas no atendidas, se genera automáticamente la oportunidad para que surjan actores individuales y redes de producción, distribución y comercio, ilegales pues transgreden la ley, pero legítimas en tanto satisfacen necesidades económicas. El delito que comete una persona en específico puede ser penado por la ley, pero mientras se mantenga la zona de penumbra intacta, la necesidad hará aparecer nuevos actores que vuelvan a las andadas, quizás de forma distinta en apariencia, pero no menos transgresora de la ley. Expliqué este tipo de contradicciones entre la legalidad y la legitimidad en el artículo Bioética,desigualdad y política” publicado en 2004. De manera que la existencia de ese tipo de situaciones no puede solucionarse únicamente con medidas coercitivas y la fuerza de la ley. Es inevitable y necesario hacer valer la ley vigente, pero se requiere además la consideración de cuáles son las necesidades legítimas de consumo productivo e individual que no están cubiertas, y concebir las acciones económicas y legales para cubrirlas.

Una peculiaridad de la colaboración se manifiesta en que en todo el período de restricciones se mantuvieron aquellas actividades laborales que contaban con financiamiento, insumos y demanda en sus productos. No se produjo un cierre total de las actividades productivas, ni una cuarentena nacional que restringía de manera absoluta o mediante salvoconducto la movilidad de los ciudadanos. Se adoptaron desde el inicio, medidas de protección jurídica y económica de los trabajadores y el sector estatal y no estatal de la economía. Las cuarentenas se establecieron en territorios muy localizados ante la detección de focos de infestación identificados, y se volvió al distanciamiento social en cuanto fue controlada la propagación del virus.

La actuación de los médicos y en general el personal de salud, merecen un capítulo aparte pues lograron mantener los servicios necesarios para la diversidad de pacientes y enfermedades, preparar condiciones para atender las emergencias por venir por la entrada en la temporada de lluvias y huracanes, y sin descuidar todo aquello, atender la emergencia sanitaria de una manera a la vez asistencial y preventiva. Asistencial pues todos los casos fueron hospitalizados, recibieron atención y tratamientos. Preventiva porque las acciones se extendieron a los contactos de las personas infectadas, inmediatos y mediatos. A su vez, la pesquisa activa colocó al sistema de salud mediante el intenso trabajo del personal, voluntarios y la colaboración de los ciudadanos, en situación no de esperar que los pacientes llegaran sintomáticos a una institución de salud pidiendo ayuda, sino en capacidad de detectarlos en sus hogares y brindarles debida atención.

Los resultados alcanzados muestran además un aprendizaje colectivo, la adecuación y refinamiento de los diversos tratamientos, el uso de las diferentes opciones de medicamentos nacionales (Prensa Latina; Díaz-Canel y Núñez; Cubadebate), que se expresó en la tendencia a la disminución de los casos graves, críticos y las muertes. La sociedad en su conjunto aprecia estos resultados y la abnegación del sector de la salud en el aplauso diario y el reconocimiento explícito a los trabajadores.

Ahora que está casi superado el primer impacto de la pandemia, se abre la pregunta por el futuro: ¿Qué nos depara?

La pregunta por el futuro es una pregunta clave. Con la añoranza del pasado perdido, el lenguaje nos vuelve a jugar una mala pasada cuando hablamos de volver a la normalidad, como si se pudiera recuperar un estado pasado. En el sentido más profundo de las palabras, no deberíamos ni desear ni intentar una vuelta a la normalidad. Debemos volver a un futuro incierto, que necesita ser cambiado con base en lo que hemos aprendido de nuestras vulnerabilidades, y con la vista puesta en la incertidumbre que todavía nos depara esta enfermedad y sus efectos en la vida social y económica del país. Necesitamos volver a un futuro que necesita ser cambiado para quizás construir juntos una nueva normalidad.

Los retos actuales son enormes. Ante la inminencia de la pandemia, el humanismo vigente en la sociedad cubana en su conjunto, no hizo dudar a ninguno de los actores de la prioridad de la vida por encima de la economía. Si en algún momento en Cuba este asunto llegó a plantearse, fue en forma de solución en favor de priorizar la vida. Que se mantenga social y políticamente esa opción por la vida no es automático, debe enfrentar varias circunstancias:

Primero, las vulnerabilidades sociales presentes antes de la pandemia necesitan ser atendidas. Ellas atañen a problemas que van desde básicos de higiene e infraestructura, hasta más generales y profundos que atañen a la transformación de la informática y las telecomunicaciones, la introducción más amplia de la hipertecnología con los retos que implica, y quizás hasta una bucólica pausa existencial que nos permita reconstruir amistades, detener el tiempo o al menos la intensidad de nuestros ritmos de vida en favor del disfrute y la convivencia.

La pandemia significa también una crisis de la vida personal y familiar, y las ciencias sociales tienen la tarea gigantesca de atender esa crisis y sus impactos. Las personas y las colectividades están dañadas de muchas formas invisibles que de no ser atendidas se expresarían en fenómenos sociales negativos. El vínculo de los investigadores sociales, las comunidades y los liderazgos locales es fundamental para una detección oportuna y manejo de esas problemáticas.

Segundo, la vuelta a la “normalidad” al coincidir con el inicio de la temporada ciclónica, implica riesgos epidemiológicos y vulnerabilidades de infraestructura considerables y adicionales a los ya analizados. Por ejemplo, no pueden manejarse las situaciones que requieran evacuación de personas del mismo modo que se hacía antes de la COVID-19. Las lluvias a su vez, se asocian a la aparición de otras enfermedades que será necesario prevenir y atender.

Tercero, la inseguridad alimentaria es una amenaza real, pues a las circunstancias económicas se añade lo complicado del período de verano intenso para las producciones agrícolas, que no pueden incrementarse súbitamente pues requieren de una cultura de producción y comercialización que toma tiempo y está todavía por desarrollar plenamente. La seguridad alimentaria se presenta con un signo de interrogación que demanda creatividad, audacia y reformas profundas, financieras y de organización en el sector.

Cuarto, la recuperación económica internacional presenta otras interrogantes. La pandemia mostró las falencias de una globalización económica basada en la racionalización tecnicista y la maximización de las ganancias de espaldas a los seres humanos. Los superpoderes que protegen esas dinámicas resultaron incapaces de proteger a su propia ciudadanía mediante un esfuerzo global, conjunto, coordinado y colaborativo. Fallaron de igual manera los organismos internacionales, y no habría que tener esperanzas infundadas de que la situación cambiará con respecto a la recuperación económica. Al menos es un escenario más probable que un eventual y sorprendente protagonismo en favor del bien común.

El multilateralismo balanceado y habilitador no surgirá de súbito por generación espontánea. Más bien todo indica que ocurrirá lo contrario y que solo mediante intensas gestiones internacionales la colaboración podrá tener un espacio frente a la competencia desleal y hasta el pillaje. El escenario internacional tendrá una incidencia directa en la recuperación de la economía nacional, de manera que sobrevienen tiempos no menos inciertos que los del inicio de la pandemia. A ellos convendría aplicar la medicina fundamental de la colaboración, la ayuda mutua y la solidaridad, la descentralización y el reconocimiento de diversos protagonismos y liderazgos sociales. Estos son valores que hizo emerger con claridad meridiana la estrategia con que los cubanos, Estado y sociedad civil, afrontamos el desafío de la COVID-19. Bien podrían considerarse para el futuro que arriba y reclama reorganización de la vida social, el abandono de hábitos viejos y la adopción de nuevos, no desde la nada o la invención onírica, sino desde la conciencia de las necesidades de la convivencia y la comunidad de vida. En Cuba, en el abordaje de la pandemia la solidaridad y la colaboración estuvieron a la altura del desafío. Se expresaron sin miedo a pensar y actuar desde los contextos, con los aportes propios de la ciencia, la tecnología y la ideología del bien común y la protección de la vida, y habrán de estar presentes en la nueva etapa.

Finalmente, y no en último lugar, las reformas económicas y sociales que no habían concluido en el país, necesitan ser repensadas en su implementación ante los nuevos escenarios post pandemia.

Si la COVID-19 expresa una crisis de la vida, no tendremos menos en Cuba y el mundo que intentar la reorganización de la vida. Es una época apasionante la que nos ha tocado vivir y tiene sentido contribuir a que sea mejor.

Carlos J. Delgado

11 junio 2020

 

Nota de actualización

Nos encontramos en este momento, septiembre 2020 en medio de un rebrote. Se presentan indicios de que la estrategia funciona y está en proceso de control, pero surgen a este autor algunas dudas con respecto a la capacidad de colaboración de las personas.

La ciencia cubana continúa el aporte de medicamentos y prepara una vacuna actualmente en ensayo clínico, mientras el país mantiene la atención a todos los casos, se evita la saturación de las instalaciones hospitalarias, y continúa la colaboración internacional, el ejercicio de la solidaridad y el llamado a la más amplia colaboración.

Y no obstante, el enorme esfuerzo del gobierno, las instituciones de salud, el personal de salud, los voluntarios, y millones de personas, no siempre se ve acompañado por conductas prudentes de todos los pobladores. Tras meses de pandemia, y en parte también debido al agotamiento que implica, todavía no se alcanza la necesaria percepción de riesgo que se traduzca en acciones de prevención de la manera masiva en que se necesita. Las actitudes no colaborativas se manifiestan en indisciplinas e imprudencias de todo tipo.

Ante la situación algunas voces no sin razón, piden medidas más enérgicas y multas más severas a los infractores. Desde mi condición de maestro continúo el llamado a la colaboración, la ayuda mutua y la protección colaborativa.

Carlos J. Delgado

11 septiembre 2020

Referencias

Argaillot, J. (12 abril 2020). Cuba y el coronavirus: un pueblo preparado para la adversidad y médicos de fama internacional. The Conversation. https://theconversation.com/cuba-y-el-coronavirus-un-pueblo-preparado-para-la-adversidad-y-medicos-de-fama-internacional-136116 (Revisado 11 junio 2020)

Constitución de la República de Cuba (2019). Disponible en: http://www.granma.cu/file/pdf/gaceta/Nueva%20Constituci%C3%B3n%20240%20KB-1.pdf (Revisado 11 junio 2020)

Cubadebate (9 junio 2020). ¿Qué es el Jusvinza o CIGB-258? Disponible en: https://www.facebook.com/watch/?v=277567593390644 (Revisado 11 junio 2020)

Dashboard Cuba. Disponible en: https://covid19cubadata.github.io/index.html#cuba (Revisado 11 junio 2020)

Díaz-Canel Bermúdez, Miguel y Núñez Jover, Jorge (2020). Gestión gubernamental y ciencia cubana en el enfrentamiento a la COVID-19. Anales de la Academia de Ciencias de Cuba; Vol. 10, No. 2 (2020): especial COVID-19. Disponible en http://www.revistaccuba.cu/index.php/revacc/article/view/881

DW. (17 marzo 2020). Cuba pone fin a la odisea del crucero MS Braemar. Disponible en https://www.dw.com/es/cuba-pone-fin-a-la-odisea-del-crucero-ms-braemar/a-52810027. (Revisado 11 junio 2020)

IPS (25 Abril 2020). Más redes voluntarias contrarrestan la covid-19 en Cuba https://www.ipscuba.net/sociedad/mas-redes-voluntarias-contrarrestan-la-covid-19-en-cuba/ (Revisado 11 junio 2020)

Marrón, K. (25 marzo 2020) Michelle Bachelet pide levantar bloqueos y sanciones en tiempos de COVID-19. https://www.cubainformacion.tv/contra-cuba/20200325/85216/85216-michelle-bachelet-pide-levantar-bloqueos-y-sanciones-en-tiempos-de-covid-19 (Revisado 11 junio 2020)

Martí, José (1991). Abono – La sangre es buen abono. En Obras Completas. Tomo 8. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana.

Martínez Hernández, L. (10 junio 2020). Cuba se alista para la recuperación tras la epidemia. http://www.granma.cu/cuba-covid-19/2020-06-10/cuba-se-alista-para-la-recuperacion-tras-la-epidemia-10-06-2020-20-06-42 (Revisado 11 junio 2020)

MINSAP (2020a). Protocolo de actuación nacional para la COVID-19. Disponible en http://files.sld.cu/editorhome/files/2020/05/MINSAP_Protocolo-de-Actuaci%C3%B3n-Nacional-para-la-COVID-19_versi%C3%B3n-1.4_mayo-2020.pdf (Revisado 11 junio 2020)

MINSAP (2020b). Parte de cierre del día 10 de junio a las 12 de la noche. Disponible en: https://salud.msp.gob.cu/?p=5700 (Revisado 11 junio 2020)

Morin, E. (2020) “Veredas Para o Futuro o Mundo Pós Covid 19” Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=qlCoQPsIFIc&t=7s (Revisado 11 junio 2020)

Prensa Latina (22 de mayo 2020). Vacuna cubana muestra eficacia en pacientes graves de Covid-19. https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=368139&SEO=vacuna-cubana-muestra-eficacia-en-pacientes-graves-de-covid-19 (Revisado 11 junio 2020)

Progreso semanal (21 marzo 2020). https://progresosemanal.us/20200321/medidas-del-gobierno-cubano-para-enfrentar-la-propagacion-del-covid-19/ (Revisado 11 junio 2020)

Stone, Jon (7 abril 2020). UK thanks Cuba for ‘great gesture of solidarity’ in rescuing passengers from coronavirus cruise ship https://www.independent.co.uk/news/world/americas/coronavirus-cruise-ship-cuba-rescue-ms-braemar-havana-cases-a9451741.html (Revisado 11 junio 2020)

Yaffe, Helen (10 junio 2020). La respuesta excepcional de Cuba ante la pandemia de COVID-19. http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/06/10/la-respuesta-excepcional-de-cuba-ante-la-pandemia-de-covid-19/#.XuIoDEX0mMp

 

miércoles, 29 de julio de 2020

CUBA COVID-19: BAUTA EN CUARENTENA

Varios amigos me han preguntado por teléfono y las redes acerca del brote de COVID-19 en la localidad donde vivo. Se preocupan por saber, además de cómo estamos, por qué aquí llegamos a esta situación, y cómo saldremos de ella. Por otra parte, he visto en la prensa y las redes sociales el énfasis en la tesis de que el exceso de confianza y la indisciplina causaron lo ocurrido. Coincido que hay que considerarlas entre las causas, y fueron los gatillos que desencadenaron la nueva situación, pero para extraer lecciones que ayuden a evitar situaciones semejantes en otros sitios o de nuevo aquí en el futuro, debemos escarbar un poco más, e intentar comprender esas y otras cuestiones más específicas.

No pretendo ni creo que pueda explicarlo todo, ni aportar argumentos definitivos e irrebatibles a favor de una relación causal irrefutable, pero si, al menos invitarlos a conversar, con toda la ambigüedad e imprecisión de una de esas conversaciones que entablamos mientras jugamos dominó, para a través de ella pensar un poco más allá de lo que aparece inmediato y supuestamente claro a nuestras mentes.


Acontecimientos

Lo ocurrido es conocido. Desde enero el gobierno cubano trabajó ardua y exitosamente en la preparación del país para enfrentar la epidemia. Esta se hizo presente el 11 de marzo y exactamente tres meses después comenzaba una nueva etapa de recuperación para alcanzar una nueva normalidad. El éxito alcanzado se puede explicar de varios modos, yo lo sinterizaría como la ejecutoria de una estrategia sistémica, de integración y colaboración gubernamental, científica y ciudadana. Ha sido dirigida y liderada por el gobierno, y ejecutada con la más amplia participación de todos los sectores, en especial el personal y las instituciones de salud, las instituciones del Estado, la defensa civil, los jóvenes, el voluntariado… Ante una situación extraordinaria y a pesar de los gigantescos obstáculos, el esfuerzo rindió el mayor de los frutos: promovió la cooperación en una orquesta de millones para salvar las vidas y proteger a la ciudadanía de una amenaza real y tangible.

En medio de la recuperación y la implementación de un plan de gobierno para atender los efectos de la crisis mundial que se nos viene encima, el reporte de cierre del 23 de julio informó de 3 nuevos casos confirmados de la enfermedad, uno de ellos de Bauta. Nada asombroso, aunque este último tenía identificados 34 contactos en vigilancia, entre otras razones por la realización de una fiesta donde no se adoptaron las medidas mínimas de seguridad. Al día siguiente, se confirmaron 3 casos, al siguiente 7, al otro 10, al otro 17 (10 de ellos del poblado costero de Baracoa). Ya estaba desde el 23 en cuarentena Bauta, y ese día entró en cuarentena Baracoa. Hoy 29 de julio se informó que al cierre de ayer 28 se confirmaron 12 casos más de Bauta, para una suma total de 50 casos en 6 días.

Es una situación grave, en un poblado pequeño y densamente poblado, muy activo en su comunicación física con otros territorios y poblaciones cercanas como Baracoa, Ben Tre, y la capital del país. Se trata de una vuelta atrás desencadenada por la conducta de un grupo de personas, que se percibe temeraria, pero que hicieron algo ordinario y común sin tomar en consideración los riesgos posibles en el contexto de la transición hacia la nueva normalidad. Es un caso típico de conducta irresponsable de varios individuos, y podríamos dejar el análisis en eso.

Pero también puede valorarse como un claro ejemplo de complejidad, donde se revela la asimetría entre las acciones y sus efectos, cuando lo conocido, ordinario y manejable (reunirse a festejar) trae consigo en ciertas condiciones específicas consecuencias imprevistas y sorprendentes por inesperadas y graves (la propagación de la pandemia). Una pequeña alteración a un nivel, que produce en otro la catástrofe de nuestras predicciones.

¿Las causas de lo ocurrido se reducen a una mezcla de baja percepción de riesgo, irresponsabilidad, descuido, negligencia y espíritu festivo? ¿Acaso no han sido suficientes las acciones gubernamentales, los mensajes por todos los medios, los llamados a la prudencia y la cooperación? ¿No llegó el mensaje? ¿No se recepcionó? ¿No se comprenden por las personas de aquí los mensajes y la fragilidad de la situación de salida de una pandemia? ¿No son razonables? ¿Hay personas a quienes no les importa?

Siente uno la tentación de dar una respuesta simple a esas preguntas, y achacarlo todo a la irresponsabilidad manifiesta de las individualidades, cosa que sin lugar a dudas tuvo lugar. No obstante, de casta le viene al galgo, y aunque se trate este escrito de una conversación, tiene sentido para el filósofo buscar un poco más, para contribuir a aprendizajes posibles que aporten al esfuerzo común y a comprendernos mejor. No basta en este caso con explicar, pues el asunto no concierne solo a las cosas. Necesitamos comprender las conductas humanas, la fragilidad de los humanos, y de nuestra capacidad para sumarnos a un esfuerzo colectivo de cooperación y ayuda mutua, que es el llamado que ha hecho el gobierno cubano, y que nos ha conducido a manejar de forma efectiva la pandemia.

Bauta es parte de Cuba y su población no es ajena a la misma estirpe colaboradora y abnegada de las personas que contribuyen al esfuerzo nacional para superar la pandemia. El poblado cabecera municipal se ubica en las cercanías de la capital, y para una mirada rápida y unificadora no suele tener mayores diferencias que las que pueden encontrarse en otros sitios cercanos a ciudades mayores. En parte coincido, pues efectivamente, lo mismo pudo y puede ocurrir en otros muchos lugares de la geografía nacional. Pero al mismo tiempo no lo considero exacto. Este territorio y sus pobladores tienen algunas características y condicionamientos que deben tomarse en cuenta. La mayoría seguramente estará presente también en otros sitios de la geografía nacional, pero la forma específica siempre será diferente, y en asuntos que tienen que ver con la cooperación entre humanos, es muy importante que sea considerada la forma específica. Al fin y al cabo, como me recordaba siempre el maestro García Galló, somos un pueblo que comenzó una Revolución en tiempos de carnaval, y esa irreverencia de alguna manera nos define y no debería sorprendernos.

No creo que el brote que nos tensa hoy ocurriera precisamente aquí porque seamos especialmente diferentes, indisciplinados, fiesteros, irresponsables y descuidados, los bautenses, o los cubanos en general. Hemos dado masivas muestras de lo contrario.

Otra explicación sencilla es que se trata de un suceso causal, propio de la pandemia. Hay suficientes ejemplos en el mundo de vueltas atrás y rebrotes en disimiles contextos. Parte de esa explicación consiste en que es casual que ocurra aquí o allá, aunque siempre será manifestación de aquella causalidad. Y ahí podría quedar la explicación de todo: los rebrotes ocurren porque responden a una causalidad macro del fenómeno pandemia, que se abre camino aquí o allá cuando los disparan gatillos específicos.

No niego la veracidad de ese marco de solución del asunto, pero me aparto un poco de él por una razón profunda.

El virus y la enfermedad se expresan de manera relativamente estable, y esa estabilidad permite la elaboración de protocolos de tratamiento efectivos, siempre dentro de ciertos rangos y tiempos. Pero los procesos que involucran lo biológico y lo social están lejos de ser automáticos. Para entender cómo se manifiesta la pandemia y como impacta en un contexto necesitamos considerar la situación social en términos menos generales. Los impactos en una sociedad y una localidad dependen del contacto entre el agente viral y las vulnerabilidades sociales a través de las personas. Son esas vulnerabilidades las que propician los mayores estragos, y para evitar ciertos comportamientos necesitamos pensar en las condiciones sociales que los favorecen. No estamos frente a un desastre o fenómeno natural, sino ante uno socioambiental, donde las vulnerabilidades sociales cuentan y cualifican.


Un poco de historia pueblerina

Para entender las vulnerabilidades sociales de una parte de nuestro territorio nacional como Bauta debemos acercarnos, aunque sea por arribita a su historia, su devenir en el tiempo. Lo haré recurriendo a lecturas y a mi memoria como persona que nació, se crió y vive aquí. De ellas varios elementos sobresalen por su impacto simbólico y práctico: la carretera central, el acueducto, la textilera Ariguanabo, la Revolución, la migración, la crisis de los noventa y sus secuelas de largo plazo.

Bauta es un poblado cuya fundación se remonta al siglo XIX (1850). Tiene doble nombre, Bauta por el apellido de un canario que se asentó en la zona a mediados del siglo XVI, y Hoyo Colorado por el color de sus tierras y el cuenco en que está ubicado. El poblado quizás sería hoy semejante a otros asentamientos cercanos más pequeños, como Corralillo o Anafe, de no haberse construido en los años veinte del siglo pasado la carretera central. Esta vía le confirió una ventaja en las comunicaciones, el comercio y como se suele decir, la recolocó en el mapa para llegar a ser algo más que un lugar ubicado en las cercanías de la laguna “La Pastora”, a orillas del antiguo camino de Vuelta Abajo.

A la carretera y su impacto se sumaron dos obras, la textilera Ariguanabo en la década del treinta y en los cuarenta el acueducto del pueblo, que le confirieron el doble atractivo de lugar donde había trabajo y condiciones para vivir. Familias campesinas que habían perdido sus pedazos de tierra o se vieron forzados a venderlos, como mis abuelos, llegaron a este lugar desde los campos cercanos en busca de trabajo para ellos y una mejor vida para sus hijas e hijos.


Mixtura cubana

Aunque la textilera llegó primero, el acueducto se promocionó como un progreso, y con el tiempo, el tanque elevado para el abasto por gravedad, se inmortalizó en el imaginario. Realmente, no era más que un tanque ordinario, sin mayor belleza que la inherente a un objeto técnico, pero visible desde lejos, y con el nombre del pueblo a la vista. Ya en los ochenta no tenía una función útil, pues el pueblo había rebasado con mucho la capacidad de distribución por gravedad y se bombeaba el agua. Pero el símbolo estuvo ahí hasta que un huracán lo hizo caer a principios del siglo XXI. Estaba en ese momento pintado en la parte superior, herrumbroso y deteriorado en su estructura de sustentación. Aunque hoy en su lugar esta situado otro tanque, su semejanza con el anterior no alcanza siquiera el nivel de una caricatura. Incluyo este comentario porque ayuda a comprender las particularidades del problema de los símbolos y las identidades, y roza el problema de la administración pública que a lo largo de toda la historia local ha tenido altibajos de todo tipo.

Todos sabemos que los símbolos arrastran multitudes y que el proceso de su elaboración no es completamente aleatorio. En este caso no lo fue, pues el tanque fue promocionado como obra de progreso, y en su construcción tuvo presencia la persona, el interés y el capital que antes habían estado en la textilera. Pero llegó a ser un símbolo que no representaba y no representa un sistema social, sino la localidad y el espacio de convivencia local compartido por su población.

Los símbolos culturales que valen en una población no son solo históricos o patrióticos, incluyen cosas que en sí mismas, como esta del tanque de agua, pueden parecer ridículas a los ojos de otros, pero son sumamente delicadas. El nudo de la cuestión no está en el objeto, sino en el imaginario popular, en esa trama profunda e inexplicable que une un objeto técnico o cualquier otro, con recuerdos y vivencias personales y grupales. Y no obstante lo ridículo que parezca, el símbolo hace su trabajo desde el interior de quienes lo comparten: identifica, convoca, moviliza, genera coherencia en el nosotros que tanto se necesita para afrontar las situaciones difíciles de la vida. Por acá faltan símbolos de ese tipo.

La textilera legó una cultura del trabajo fabril, la disciplina obrera, y también un sentido de privilegio y hasta de casta o aristocracia obrera. Esto último estuvo presente en una parte de quienes trabajaban allí, que podían permitirse una casa de tabloncillo, el lujo de una empleada doméstica y a veces de un auto. Este último, según confesión de un dueño de gasolinera que conocí, a veces solo se movía por el pueblo para exhibición, porque no era costeable, pero era todo un símbolo de estatus social. Era una especie de versión criolla de aristocracia obrera, estatus capitalista del empleado exitoso, que quizás fuera una de las fuentes de la primera migración después del triunfo revolucionario. Lo menciono porque la migración y el tránsito de personas es un factor relevante de la situación actual del territorio.

La revolución social que triunfó en 1959 trajo cambios positivos de todo tipo, como en el resto del país, y el territorio cambió bastante. La población creció vinculada a la industria textil, azucarera y la ganadería vacuna, instituciones educativas, de salud y culturales, además de un nivel educacional mucho más alto. El territorio tenía historia y se hizo más historia en estos años, baste recordar la presencia del Che, Ministro de industrias, entre muchos acontecimientos relevantes.

Tras un largo devenir positivo, desde los noventa comenzó a sentirse en la localidad el impacto del período especial, la migración a los Estados Unidos que existía desde los sesentas, y una inmigración interna, de cubanos que desde otras provincias no alcanzaban a instalarse en la capital pero encontraban aquí y en los alrededores espacio propicio y cercano para permanecer en tránsito y finalmente quedarse o partir a la ciudad. Entre otros impactos el identitario y de calidad de vida se ha hecho notar. Creció en esos momentos el territorio urbano de forma desordenada y sobre todo, sin la creación de infraestructura, lo que empeoró varios servicios, como electricidad y agua. Desde entonces nos acompañan problemas vinculados a la tensión poblacional que impacta en todos los servicios, incluidos el agua, la recogida de basura y los servicios comunales en general, no solo mercaderías.

Aunque Bauta está situada en un cuenco, con un manto freático apenas a 7 metros de profundidad y la humedad es un problema serio en la temporada de lluvias, no recuerdo en mi infancia albañales desbordados en las vías, ni impedimento para salir a montar chivichana, patines o carriola por las calles asfaltadas. Las había asfaltadas y de piedra, cada una en su calidad. Debíamos esperar el período de lluvias para que se inundara “la laguna”, un terreno baldío en el centro del pueblo donde se acumulaban las aguas pluviales, para escaparnos de las casas y disfrutar del espectáculo. Pasada la emergencia el lugar permanecía seco, allí empinábamos papalotes, y disfrutábamos del circo y los caballitos cuando pasaban por el pueblo. Los noventa legaron una práctica no superada hasta el presente, de romper aceras para que el albañal vierta de los patios a las calles, con graves consecuencias para la higiene y la salud. A lo anterior se suman desde entonces los vertimientos de aguas negras del alcantarillado. Por su parte una obra costosa para evitar las inundaciones de “la laguna” la convirtió con el tiempo en lugar al que evacuan aguas negras y contamina una real laguna al sur del poblado donde van a parar. La "laguna" pasó a ser una cloaca en el centro del pueblo, que se distingue como un bello cuadrado verde casi al centro en los mapas e imágenes satelitales, y ofrece un espectáculo muy distinto para los transeúntes.


Los problemas ambientales no son poca cosa en este lugar. De hecho, al salir a caminar para estirar las piernas y practicar un poco de ejercicio no puede uno menos que sentir que está viviendo en un lugar desordenado y falto de higiene, por momentos con basureros improvisados que hieren la vista y el olfato. Y no es algo que pueda atribuirse simplemente a que las autoridades no hagan su trabajo, -que seguramente debe seguir mejorando porque es insuficiente organizativa, tecnológica y materialmente-, sino que cada basurero que se genera de la noche a la mañana, literalmente, surge mediante la colaboración no convocada y perversa de muchos habitantes de localidad. Se trata de una irresponsabilidad que se alimenta de indiferencia y desarraigo. Son paradojas de una identidad en equilibrio de quiebre que está detrás del problema que hoy enfrentamos.

Los noventa trajeron también el dólar y el CUC de una manera intensa. En un espacio tan pequeño llegué a contar más de veinte establecimientos en CUC en los noventa, y en la actualidad se cuentan unos 16, que incluyen dos en dólares, resultado de la reciente reforma.

Desde sus dos nombres parece que a este poblado lo acompaña la ambivalencia, pues aquí todo es dual, bueno por una cara y no tanto por otra. Preferimos la buena cara, pero no por desviar la mirada la otra deja de estar ahí. La textilera y la enseñanza técnica que llegó con la Revolución creo que nos legaron además un ingenio mecánico que se manifiesta en muchos negocios actuales en talleres de tornería, mecánica y cuanta cosa se necesite. Más que mecánica, en ellos se hace la magia de crear lo imposible, desde las piezas de un auto o una maquinaria de los cuarenta, de una bicicleta, una moto o una Verjovina de los setentas, o de un vehículo más moderno. Otros servicios de reparación como los de TV, celulares y PC responden a dinámicas semejantes. Una de las características de este sitio es que se produce de todo, sea legal o no su producción, y no en pequeña escala, sino en la escala que la mente concibe y los recursos permiten, siempre con el horizonte de la gran ciudad cercana, o más allá. Algunas personas de la ciudad grande suelen decir, que si necesitas algo y no lo encuentras, deberías buscarlo en Bauta. Este pueblito tiene jiribilla.

Además de su utilidad práctica que sirvió a la economía y la cultura, a las reuniones de Orígenes y al crecimiento local, la carretera central devino una especie también de símbolo o parteaguas. Recuerdo en los ochentas, como servía de línea divisoria de un paisaje monótono hacia La Habana. Era fácil distinguir entonces, al norte de la carretera infinitos pastizales, con sus postes blancos y alambrado de púas, a veces con ganado vacuno, y a veces ninguno, esto último, sobre todo, desde la crisis de los noventa. Y al sur de la vía, infinitos cañaverales. Ese paisaje de pastizales y cañaverales cambió, quedan los pastizales a un lado, y al otro tierras que no se distingue siempre si están ocupadas o no, o en qué lo están. No es el paisaje típico del campo, con diversidad de árboles, productores y cultivos, sino el de una zona abandonada por una producción que ya no está, y otras que todavía no han logrado sustituirla completamente. Se añade al paisaje la presencia de nuevas viviendas en las cercanías del poblado, bien construidas y amplias, al modo de villas suburbanas de un sector con más recursos económicos. Otras obras importantes me remiten a la autopista nacional en el tramo hacia Pinar del Río. No describo el camino hacia Artemisa, porque uno de los problemas culturales e identitarios de este territorio consiste en que una parte creo que relevante de sus habitantes mira más al norte y al noreste que al sur suroeste.

La división político administrativa ubica la localidad en la provincia Artemisa, cuya capital es la ciudad del mismo nombre. Pero las identidades no se generan en un día, y la nueva capital provincial sigue siendo, al menos para una parte de los que viven en Bauta un territorio lejano, que carece de atractivos y sentido de pertenencia. Así una parte de la identidad tiende a lo capitalino, lo que se reafirma en las conexiones, y los vínculos sociales y laborales. Creo que con independencia de la división político administrativa, en lo que respecta a la pandemia al decir Bauta convendría pensar más en las lógicas de La Habana, que en las de Artemisa. En ese sentido es un territorio frontera que está más conectado hacia afuera que hacia adentro de la provincia.

Su población tiene los pies bien puestos sobre la tierra, pero padece cierto estrabismo identitario. La mirada de unos se dirige hacia el suelo y los zapatos, para centrarse en lo inmediato. Otros miran al horizonte que ofrece al norte noreste, la ciudad capital donde hacen su vida, pues La Habana que se vislumbra en la bruma mañanera y se ilumina al atardecer desde algunas azoteas y edificios no solo fue capital provincial: es lugar de trabajo, recreación y abastecimientos. Tampoco son pocos quienes tienen el horizonte más al norte o al norte noreste, hacia los Estados Unidos y Europa, a donde sueñan emigrar, o de dónde vienen los recursos con que alcanzan un nivel de vida superior al que tendrían si solo contaran con sus ingresos nacionales. No es extraño que los estrabismos impidan a unos y otros percatarse de los semejantes que tienen al frente, por quienes deben preocuparse y con quienes deben colaborar. Faltan sensibilidades y solidaridades.

Todo lo anterior intenta solo ilustrar la situación muy compleja en que vive la población de un territorio tan pequeño y grande. Pequeño, pues una persona saludable puede recorrer su perímetro urbano y trazar andando dos líneas rectas que se crucen en su centro, sin alcanzar los 10 000 pasos. Pero es a la vez inmenso, porque alberga las realizaciones, esperanzas y sueños de más personas que las que pueden registrarse en un reporte estadístico de habitantes.

La mezcla de indiferencia, descuido e irresponsabilidad en la que incurrieron varias personas, animadas por sentimientos religiosos, de confraternidad, o simple relajamiento tras varios meses de mucha tensión por la pandemia produjo un resultado negativo que no se explica solo por la conducta individual de cada uno de ellos. Creo que pone de relieve el quiebre identitario que permite la omisión del otro y frena la construcción de un nosotros más colaborativo. Es algo negativo, pero completamente humano. Y lo más importante, es algo superable si se identifica bien y se hace el trabajo necesario en la comunidad. No es un problema de ellos, es un problema de nosotros.

La complejidad aumenta cuando comprendemos las cualidades del territorio como frontera en sentido migratorio. Bauta no es solo un sitio de asentamiento, es también un sitio de paso y de acogida, cruce de caminos, delimitación entre la ciudad y el campo, lo que está al frente y lo que está a la espalda, punto de mixtura y sincretismo, de identidades que se reconstruyen. Tomo una imagen prestada de Ítalo Calvino que me enseñó el amigo Leonardo Montecchi para explicarlo. Como en Ciudades invisibles nuestra Despina es una ciudad del deseo que se presenta diferente a quienes llegan del desierto y el mar. El deseo de los viajeros transforma la imagen que entreven de la ciudad. Los que vienen del desierto ven el barco anclado en el puerto listo para partir, y los que arriban de la mar ven las largas caravanas de camellos que permitirán cruzar el desierto. Quien cuida los camellos y el marinero ven a Despina como una ciudad fronteriza entre dos desiertos. Cada quien describe y siente una Despina diferente.

El poblado de Bauta no tiene ni mar ni desierto, pero viene a ser una singular Despina, un pequeño pueblo en condición de frontera imaginaria del deseo, que sirve a unos y a otros e integra muchas voces diferentes. Al entenderlo como una sola voz, estandarizamos y omitimos, y corremos el riesgo de perder los interlocutores.

Por otra parte, en Bauta ha tenido lugar una estratificación social muy marcada entre personas con ingresos y niveles de acceso muy diferentes, pero no separadas en guetos o repartos distantes, sino por la pared entre dos departamentos de un edificio, el mínimo pasillo entre dos casas, o los metros del ancho de una calle. En un espacio mínimo la diversidad es enorme. En un contexto social así no basta por ejemplo, que un mensaje sea difundido en la televisión o la radio para que sea escuchado, y cuando esto se logra, para que sea comprendido e incorporado a las acciones por cada habitante. Se requiere trabajo social desde la base, minucioso y dedicado para comprender la diversidad de sistemas de signos que se adecuan y con los que reconocen y narran sus realidades las personas que las viven, porque en Bauta no se vive una realidad única, la localidad se nutre de muchas realidades que conviven en un espacio apretado.

Y no obstante, es un bello lugar, donde al salir a algunos espacios puede uno toparse todavía con un zun zun y un majá Santamaría.


Para cerrar la partida

Una conversación a la mesa de dominó no termina nunca sin alguna conclusión, por pequeña que sea.

Quizás un dicho nos sitúe en el camino de entender lo ocurrido en breves palabras.

Pueblo chiquito, infierno grande.

Bauta es pueblo chiquito…, con lógicas de frontera, aspiraciones de ciudad y añoranzas de campo, lugar de encuentro, conexión y partida, presión poblacional, convivencia sencilla y opulenta, avances y retrocesos socioambientales, cuestiones pendientes, identidad local en delicado y frágil equilibrio de quiebre…

Dual y ambivalente comenzando por sus nombres, no es extraño que en un contexto así aparezcan sorpresas negativas, y tampoco será sorprendente que nos sobrepongamos a ellas, continuemos colaborando y sigamos adelante hasta la recuperación completa, con todos y para el bien de todos.

Carlos J. Delgado

29 de julio 2020

El texto ha sido publicado por la revista Aurora, número 9, 2020.