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Carlos J. Delgado


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viernes, 11 de septiembre de 2020

CUBA COVID-19: VALORES REVELADOS

 

El texto que les presento en el día de hoy terminó de escribirse el 11 de junio de 2020. En él se intenta un balance de la atención en Cuba a la pandemia COVID-19 entre marzo y junio, mes que marca a mi juicio el final de la primera etapa en que fue controlado el primer brote. Tras un largo proceso de reducción y traducción una versión breve de este texto se publicó hace unos días en idioma inglés por el prestigioso blog arbitrado Medical Anthropology at UCL como parte de la serie “COVID-19 voces desde América Latina”. La coordinación de esta serie estuvo a cargo de Rebecca Irons y Abril Saldaña. Esta última, tuvo a su cargo la introducción a la serie.

Esta es una versión ampliada del artículo publicado en inglés, y se acompaña de una breve nota final de actualización.

Carlos J. Delgado

11 septiembre 2020




La pandemia COVID-19 ha retado las sociedades en todo el planeta. Es un suceso único en la historia, que estremece los cimientos de la sociedad global, tensa la economía y la política, y pone en tela de juicio creencias de todo tipo, científicas, económicas, políticas y sociales. En palabras del filósofo francés Edgar Morin en su conferencia “Caminos para el futuro del mundo post covid-19”, se presenta como una “crisis de la vida”, acompañada de incertidumbres, y de la necesidad de cambiar, sin que se tenga, ante la urgencia, plena certeza de qué cambios y en qué dirección emprenderlos. Para comprender las opciones de los diferentes países es necesario considerar la problemática en el tiempo, su pasado inmediato, presente y futuro.

Las sociedades subdesarrolladas, y dentro de ellas los países insulares afrontan retos específicos. El virus y la enfermedad desde un punto de vista biológico se presentan con forma relativamente estable, pero cada sociedad es diferente. A la vulnerabilidad humana presente en todas partes, hay que sumar la vulnerabilidad social específica que incide directamente en las acciones y los derroteros posibles a emprender en cada contexto. Las acciones humanas tienen siempre un trasfondo de intereses y valores que las impulsan. Aunque los valores pueden enunciarse y declararse en discursos, se revelan por si mismos en las decisiones y las acciones. Desde el punto de vista ético, es importante prestar atención a qué valores se revelan en las decisiones y acciones que se adoptan en una sociedad que tiene ante sí un fenómeno global con riesgo real para la vida de cada persona como la pandemia.

Cuba es un Estado insular, pequeño, ubicado en un archipiélago del Caribe, que contrasta por sus indicadores económicos y sociales, avances educativos y científicos, las controversias políticas que despierta y sus bellezas naturales. Estas últimas, como el país, tras un rostro estable y atractivo, muestran igualmente los contrastes de extremos climáticos que desafían su agricultura con la alternancia de períodos secos y lluviosos, humedad y altas temperaturas que favorecen plagas, temporada de huracanes y enfermedades tropicales. Aunque es un país ubicado en el trópico y económicamente pobre, su población no muere por el azote de enfermedades tropicales, entre las causas de muerte se sitúan enfermedades cardiovasculares y el cáncer, y una parte significativa de la población se ve afectada por obesidad y la diabetes. Su realidad social no es menos ambivalente cuando integra altos niveles de instrucción pública y educación general, la formación de científicos y profesionales con elevada calificación en diversos campos, y vulnerabilidades derivadas de su sistema económico, bajos ingresos, costumbres y estructura social. A su realidad se añade un amplio reconocimiento internacional como nación independiente y colaborativa, y el bloqueo económico norteamericano, vieja joya de la guerra fría, que priva al país del acceso a las fuentes de financiamiento internacional. Este último ha cobrado con la administración norteamericana actual, formas extremas de persecución económica, política y financiera. Estuvo presente antes de la pandemia, pese a los llamados internacionales se hizo presente durante la pandemia, y a no dudarlo, estará presente en los escenarios post pandemia. (Marrón) Es una circunstancia de guerra económica que permea todo lo que ocurre en el país, y afecta directamente la vida cotidiana de cada uno de sus ciudadanos: una población mestiza, cultural y espiritualmente sincrética.

El primer caso de COVID-19 se reportó en Cuba el 11 de marzo de 2020. Desde entonces se confirmaron con la enfermedad 2219 pacientes, se recuperaron con alta médica 1893, fallecieron 84, se encuentran activos 240 hospitalizados, y otros 516 casos sospechosos se encuentran en aislamiento como parte de la vigilancia epidemiológica. (MINSAPPasados exactamente tres meses, las autoridades anuncian la inminente limitación de las restricciones y la vuelta por etapas a la normalidad. (Martínez

Entre el 11 de marzo y el 11 de junio además de la contingencia nacional, se atendió la situación de emergencia del crucero MS Braemar (Deutsche Welle, Stone), y especialistas cubanos viajaron a brindar servicios médicos y asesoría vinculada a la COVID-19 a 26 países (12 del Caribe, 5 de América Latina, 5 de África, y 4 de Europa y medio oriente) (Argaillot). Los centros de investigación científica y la industria médico farmacéutica nacional pusieron a disposición de la salud pública medicamentos resultantes de descubrimientos de la ciencia nacional, un nuevo test diagnóstico, probaron la efectividad de medicamentos antivirales utilizados previamente en otras enfermedades, se garantizaron instalaciones de salud suficientes para atender a los pacientes, se reacomodaron instalaciones para acoger a personas sospechosas de haber contraído el virus, y se mantuvieron otras en riesgo en vigilancia en sus hogares. (Prensa Latina, Progreso Semanal, Yaffe) Se implementaron varios protocolos de investigación, y acciones de intervención terapéutica y social, como la creación de un grupo de trabajo interinstitucional presidido por el Ministerio de Salud Pública para dirigir la respuesta ante la COVID-19 desde el 28 de enero de 2020, la definición de etapas para caracterizar la pandemia y las medidas tipo a adoptar, la definición de un protocolo de actuación nacional para la COVID-19. Este último asumió con modestia la incertidumbre científica ante la nueva enfermedad, y se ha mantenido en revisión, a la vez que declara con firmeza y claridad su propósito de contribuir a la “prevención, control, al mejor manejo de los casos, así como a la protección de los trabajadores de la salud y de la población” (MINSAP, p. 4). Se estableció un modo de actuación modesto y previsor ante las incertidumbres, y firme en sus bases cognoscitivas, la colaboración y la responsabilidad.

A su vez, las medidas implementadas significaron una adecuación nacional del sistema productivo, el comercio, las actividades sociales, de la economía, la educación y la sociedad en su conjunto.

¿Cómo es posible que en el transcurso de tres meses se evitara la elevación súbita del número de casos, el colapso del sistema de salud pública, la elevación permanente del número de muertes, se revirtiera la tendencia ascendente de contagios, y se lograse una curva epidemiológica dentro de los límites de los mejores pronósticos? Aunque es temprano para elaborar conclusiones definitivas, ¿qué nos revela un análisis bioético de lo acontecido?

Tras la madeja de acontecimientos se pueden distinguir tres componentes a tomar en consideración: los antecedentes que integran el sistema de salud cubano y su vínculo con la ciencia nacional, la diversidad de actores que se involucraron en el proceso, y la estrategia de integración y colaboración científica y ciudadana desplegada desde el gobierno. Diferentes por su forma y alcance, tras esta urdimbre se manifestaron valores fundamentales. De la colaboración y ayuda mutua, la confianza en los conocimientos científicos y los profesionales, las incertidumbres asociadas a la vida económica y la enfermedad emergieron valores como la atención y cuidado a los pacientes, el humanismo, la solidaridad -que significa en Cuba ofrecer lo que se tiene, no lo que sobra-, la precaución y la responsabilidad. A su vez, los puntos críticos han expresado también de manera bastante nítida el detrimento de algunos de esos valores. Lo enunciado está lejos de incluir todos los valores y factores involucrados, a los que hay que unir fenómenos tales como el reconocimiento social de que gozan en Cuba la ciencia, la investigación y el ejercicio profesional, la medicina y otros campos, así como la expresión, con fuerza propia, de confianza en el sistema de salud y las posibilidades de superar la adversidad mediante el esfuerzo compartido.

El sistema de salud cubano tiene una de sus fuentes en la tradición humanista que emana del pensamiento martiano, quien en 1889 ya había vinculado las problemáticas de la salud, la naturaleza y la educación en la metáfora que afirma “La verdadera medicina no es la que cura, sino la que precave” (Martí, 1991, p. 298). Se expresa a través de ella el ideal ético y político de raigambre humanista con vocación de cuidado y servicio, perspectiva ambiental y social que inspira la actuación de los profesionales y el sistema de salud. Ese humanismo permea la tradición médica cubana, y se tradujo en el sistema de salud pública emergente de la revolución social de 1959 en una concepción que toma juntas, sin menospreciar ninguna, la prevención, la atención y el cuidado. Como parte del proceso político se reconocieron constitucionalmente la salud y la protección de la vida como bienes públicos, derechos humanos inalienables, y al Estado la obligación de proteger, coadyuvar, y garantizar los marcos para que sea realizable el derecho, así como a los ciudadanos el deber de contribuir a ello. (Constitución, artículos 46, 69, 72, 90 inciso i) El sistema de formación de profesionales de la salud hace parte de la misma filosofía, a lo que se añade un cambio impulsado desde la política con el liderazgo personal de Fidel Castro a mediados de los años ochenta, cuando se consideró estratégico el sector de las biotecnologías, el desarrollo de los polos científicos y la industria médico farmacéutica, orientados a la satisfacción de las necesidades de la salud pública en Cuba y el mundo.

A la tradición humanista, el pensamiento martiano, y el desarrollo de la investigación científica vinculada a la producción de medicamentos es necesario añadir al menos un elemento más, presente desde la década del sesenta del siglo XX en Cuba: una proyección internacional orientada a la cooperación, que ha incluido la presencia de especialistas cubanos en catástrofes naturales y emergencias médicas en diversos confines del planeta, la formación de especialistas de numerosas naciones en las universidades médicas cubanas, entre las que sobresale la Escuela Latinoamericana de Medicina. A ello se añade la extensión de servicios de cooperación ante necesidades de cobertura y otras expresadas por diferentes naciones. La emergencia de la pandemia COVID-19 encontró a Cuba como un país donde la cooperación y el tendido de puentes entre naciones no era una novedad, y se contaba con especialistas de alto nivel y experiencia certificada, para atender situaciones de emergencia.

Desde el punto de vista social, la pandemia encontró en Cuba una diversidad de actores que es necesario considerar. Entre los polos teóricos que identifican los conceptos de sociedad civil y Estado, y el sistema de partido único, la sociedad cubana actual muestra una compleja red de actores, que incluye al Estado, el partido comunista, las estructuras del poder público, actores económicos estatales y no estatales, una complejidad demográfica caracterizada por el envejecimiento poblacional, y una creciente heterogeneidad. Cada persona está vinculada de mil maneras a unos y otros sectores, y no es posible la unificación del conglomerado social en una categoría única o una caricatura de sectores relativamente aislados. La creciente complejidad social de la Cuba contemporánea incluye situaciones de pobreza emergentes de la década de los noventa, las reemergentes de desigualdades, pobreza y estratificación social generadas como resultado de las reformas económicas más recientes, así como expectativas de nuevos cambios económicos y sociales, que se suponían inminentes antes de la llegada de la COVID-19. No es menor la diversidad y complejidad en el universo de los idearios, las ideologías, creencias. modos de vivir y concientizar la espiritualidad, la creación técnica, científica y artística. Todo ello matizado por las lógicas del sincretismo y los contrastes ya mencionados.

Para la atender la emergencia sanitaria, el gobierno cubano implementó la que podemos caracterizar como una estrategia sistémica, de integración y colaboración gubernamental, científica y ciudadana. Formaron parte de esta estrategia la definición de fases y la asociación de medidas a implementarse en cada fase, el reconocimiento y protagonismo del Ministerio de Salud Pública, las decisiones médicas consensuadas, los intercambios de información, la participación protagónica de los científicos y el personal técnico de diversos campos de las ciencias, tanto de las específicas vinculadas a los tratamientos médicos y la investigación de la nueva enfermedad, como las más alejadas como las ciencias formales, el diseño de modelos, y las ciencias sociales. El valor del conocimiento y el ejercicio y toma de decisiones basadas en conocimientos y formación de consensos fueron distintivos del proceso.

El manejo de la información pública fue amplio, trasparente y educado, mediante el ejercicio pedagógico social de diversos actores. La convocatoria al aislamiento social apeló al llamado colaborativo y la comprensión, sin dejar de apelar a la ley cuando fuera necesario, y se propició la participación pública más amplia, ya fuera mediante la contribución activa en las diversas formas de voluntariado, como en el llamado a las personas a colaborar quedándose en casa y contribuir así a frenar la pandemia.

Ha sido un proceso con altos y bajos, como es natural dada la complejidad social actual, pero donde las condiciones de convocatoria a la colaboración surtieron efectos y rindieron frutos que marcaron los derroteros de todo el proceso. A su vez, las transgresiones más severas se encontraron en casos individuales de desacato a determinadas normas por algunos ciudadanos, y sobre todo en transgresiones “débiles” como descuidos y excesos de confianza ante las buenas noticias sobre el control de la enfermedad, baja percepción del riesgo e irrespeto al otro y su seguridad en el uso incorrecto del nasobuco, y las salidas del hogar a realizar compras y satisfacer otras necesidades en ocasiones postergables.

En este último asunto se expresa una de las mayores debilidades de la estrategia, pues no fue posible estabilizar una oferta de mercado que diese satisfacción a las necesidades del momento. Las transgresiones del distanciamiento social con mayor masividad se hicieron visibles en los sitios donde se vendiera algo. Razones económicas limitaban desde antes la oferta de bienes, y es lógico que se mantuvieran durante la pandemia, pero se incrementaron las limitaciones por algunas medidas y cierres de establecimientos, la transportación, y toda la situación extraordinaria. También debe considerarse cierto grado de subestimación de la tensión social presente en la población por la experiencia vivida durante la crisis económica de los noventas, y los desabastecimientos más recientes de combustibles y mercadería. A las circunstancias objetivas de carencias de productos y la orientación interna de las personas a adquirir por previsión de escasez actual o futura todo aquello que estuviese a la venta, se añadió la reiteración de un viejo problema: la incapacidad del comercio, para diseñar formas efectivas de reorganización de los servicios en función de las necesidades de las personas. En el caso de la pandemia ha sido bastante evidente la presencia de reorganizaciones en función de la entidad y sus empleados, en lugar de evitar en lo posible la concentración de personas, la lentitud en la atención, y la invisibilización de la oferta en existencia. Parte de estas debilidades se pusieron de manifiesto también en el emergente comercio electrónico, que tuvo altibajos de todo tipo, evidencias de imprecisiones y falta de control, aunque sin lugar a dudas, marcó también una diferencia positiva con respecto a los pagos, y opciones que son habituales en el mundo contemporáneo pero que estaban implementándose paulatina y lentamente en Cuba en el período anterior a la pandemia.

La acción gubernamental propició el protagonismo de varios actores, en primer lugar, los científicos, el voluntariado y diversas instancias del gobierno, como las entidades territoriales y la defensa civil.

El gobierno siempre estuvo activo, visible y presente en la toma de decisiones oportunas, pero al mismo tiempo hizo espacio para dar a los científicos y especialistas en salud el primer plano de la comunicación social, la trasparencia de las decisiones en salud, y el valor de los conocimientos. Por su parte, el voluntariado ha tenido un papel fundamental. (IPS) Ha sido impulsado a la vez por el Estado y la sociedad civil con una participación amplia de sectores jóvenes, entre los que sobresalen deportistas, artistas, universitarios, organizaciones no gubernamentales, iglesias y proyectos de investigación social vinculados a las comunidades. No es un voluntariado complementario o secundario. Sin la participación activa de las personas no se habrían detectado tempranamente los primeros casos, ni podrían mantenerse los centros de aislamiento para personas sospechosas de haber contraído la enfermedad, ni muchas de las actividades de tipo social como la pesquisa activa, que incluyó la participación sistemática de los jóvenes. El comportamiento de la población, de las instituciones, y de la sociedad civil es un producto de varias décadas del proceso revolucionario y de su orientación socialista.

La comunicación social y el lenguaje tuvieron también sus rasgos peculiares y aportaron al proceso. Se sumaron desde memes hasta lecciones, canciones y cápsulas de información. Por otra parte, resulta hasta cierto punto contradictoria y controversial la forma beligerante que por momentos adoptó también en Cuba el lenguaje que convoca a la acción como “enfrentamiento”, “lucha”, “batalla”, y otros mensajes de igual naturaleza, capaces de convocar de manera no específica, como si la emergencia sanitaria fuese semejante a la guerra contra un enemigo invisible. Las sutilezas del lenguaje ponen de manifiesto también algunos olvidos ecológicos, que muchas veces encontraron presencia en las preocupaciones de las personas por las mascotas y la vida en general. El voluntariado contribuyó de forma activa a la traducción de los mensajes generales a la lógica comunicativa de las personas en sus contextos, lo que será necesario estudiar e incrementar en el futuro. Hay todavía mucho por hacer en materia de lenguaje, comunicación social y diálogo para extraer las lecciones de la pandemia. No obstante los matices antes expuestos, predominó la convocatoria a la colaboración y la ayuda mutua, a la que hicieron además una contribución relevante la poesía vital de la obra del personal de salud, cantada por los artistas en espacios televisivos y las redes sociales virtuales.

La población colaboró masivamente, pero no unánimemente. Como ocurre en estos casos, las actitudes no colaborativas, del tipo dilema del prisionero colocaron a una parte de la población por el camino del beneficio propio de retribución directa y seguro, pero contrario al mayor beneficio alcanzable mediante la colaboración con los demás. A los casos aislados de infracciones, y espíritu carnavalesco que contribuyó a contagios, se sumaron delitos contra la seguridad pública por indisciplinas más graves, y delitos económicos. Estos últimos evidenciaron las apetencias de enriquecimiento de algunos actores individuales, pero no deben atribuirse solo a ellas; expresan también un fenómeno de organización social que debe atenderse de manera constructiva. El sector no estatal de la economía todavía no cuenta con todos los elementos de infraestructura para desarrollar sus actividades, hay zonas de penumbra con respecto a los aseguramientos financieros, la ausencia de un mercado mayorista efectivo, y otras inseguridades. En el sector estatal no faltan negligencias, descontrol y descuidos que propician el delito. En esas circunstancias en el período anterior a la pandemia se establecieron formas ilegales de almacenamiento y abasto de productos, comercio y distribución mayorista. Descubiertas en apariencia súbitamente en medio de la pandemia, esas redes no crecieron en un día, existían previamente, y contribuyeron a la dialógica de la seguridad y la inseguridad de los ciudadanos, y más allá de ello, proyectan la necesidad de su atención en el futuro post pandemia. No es un fenómeno nuevo, ni puede ser considerado y atendido simplemente como transgresión de la ley por personas ambiciosas. Es necesario tomar en consideración la lección histórica de algunas situaciones análogas, como el comercio vinculado a la prohibición del alcohol en los Estados Unidos: allí donde existen necesidades económicas no atendidas, se genera automáticamente la oportunidad para que surjan actores individuales y redes de producción, distribución y comercio, ilegales pues transgreden la ley, pero legítimas en tanto satisfacen necesidades económicas. El delito que comete una persona en específico puede ser penado por la ley, pero mientras se mantenga la zona de penumbra intacta, la necesidad hará aparecer nuevos actores que vuelvan a las andadas, quizás de forma distinta en apariencia, pero no menos transgresora de la ley. Expliqué este tipo de contradicciones entre la legalidad y la legitimidad en el artículo Bioética,desigualdad y política” publicado en 2004. De manera que la existencia de ese tipo de situaciones no puede solucionarse únicamente con medidas coercitivas y la fuerza de la ley. Es inevitable y necesario hacer valer la ley vigente, pero se requiere además la consideración de cuáles son las necesidades legítimas de consumo productivo e individual que no están cubiertas, y concebir las acciones económicas y legales para cubrirlas.

Una peculiaridad de la colaboración se manifiesta en que en todo el período de restricciones se mantuvieron aquellas actividades laborales que contaban con financiamiento, insumos y demanda en sus productos. No se produjo un cierre total de las actividades productivas, ni una cuarentena nacional que restringía de manera absoluta o mediante salvoconducto la movilidad de los ciudadanos. Se adoptaron desde el inicio, medidas de protección jurídica y económica de los trabajadores y el sector estatal y no estatal de la economía. Las cuarentenas se establecieron en territorios muy localizados ante la detección de focos de infestación identificados, y se volvió al distanciamiento social en cuanto fue controlada la propagación del virus.

La actuación de los médicos y en general el personal de salud, merecen un capítulo aparte pues lograron mantener los servicios necesarios para la diversidad de pacientes y enfermedades, preparar condiciones para atender las emergencias por venir por la entrada en la temporada de lluvias y huracanes, y sin descuidar todo aquello, atender la emergencia sanitaria de una manera a la vez asistencial y preventiva. Asistencial pues todos los casos fueron hospitalizados, recibieron atención y tratamientos. Preventiva porque las acciones se extendieron a los contactos de las personas infectadas, inmediatos y mediatos. A su vez, la pesquisa activa colocó al sistema de salud mediante el intenso trabajo del personal, voluntarios y la colaboración de los ciudadanos, en situación no de esperar que los pacientes llegaran sintomáticos a una institución de salud pidiendo ayuda, sino en capacidad de detectarlos en sus hogares y brindarles debida atención.

Los resultados alcanzados muestran además un aprendizaje colectivo, la adecuación y refinamiento de los diversos tratamientos, el uso de las diferentes opciones de medicamentos nacionales (Prensa Latina; Díaz-Canel y Núñez; Cubadebate), que se expresó en la tendencia a la disminución de los casos graves, críticos y las muertes. La sociedad en su conjunto aprecia estos resultados y la abnegación del sector de la salud en el aplauso diario y el reconocimiento explícito a los trabajadores.

Ahora que está casi superado el primer impacto de la pandemia, se abre la pregunta por el futuro: ¿Qué nos depara?

La pregunta por el futuro es una pregunta clave. Con la añoranza del pasado perdido, el lenguaje nos vuelve a jugar una mala pasada cuando hablamos de volver a la normalidad, como si se pudiera recuperar un estado pasado. En el sentido más profundo de las palabras, no deberíamos ni desear ni intentar una vuelta a la normalidad. Debemos volver a un futuro incierto, que necesita ser cambiado con base en lo que hemos aprendido de nuestras vulnerabilidades, y con la vista puesta en la incertidumbre que todavía nos depara esta enfermedad y sus efectos en la vida social y económica del país. Necesitamos volver a un futuro que necesita ser cambiado para quizás construir juntos una nueva normalidad.

Los retos actuales son enormes. Ante la inminencia de la pandemia, el humanismo vigente en la sociedad cubana en su conjunto, no hizo dudar a ninguno de los actores de la prioridad de la vida por encima de la economía. Si en algún momento en Cuba este asunto llegó a plantearse, fue en forma de solución en favor de priorizar la vida. Que se mantenga social y políticamente esa opción por la vida no es automático, debe enfrentar varias circunstancias:

Primero, las vulnerabilidades sociales presentes antes de la pandemia necesitan ser atendidas. Ellas atañen a problemas que van desde básicos de higiene e infraestructura, hasta más generales y profundos que atañen a la transformación de la informática y las telecomunicaciones, la introducción más amplia de la hipertecnología con los retos que implica, y quizás hasta una bucólica pausa existencial que nos permita reconstruir amistades, detener el tiempo o al menos la intensidad de nuestros ritmos de vida en favor del disfrute y la convivencia.

La pandemia significa también una crisis de la vida personal y familiar, y las ciencias sociales tienen la tarea gigantesca de atender esa crisis y sus impactos. Las personas y las colectividades están dañadas de muchas formas invisibles que de no ser atendidas se expresarían en fenómenos sociales negativos. El vínculo de los investigadores sociales, las comunidades y los liderazgos locales es fundamental para una detección oportuna y manejo de esas problemáticas.

Segundo, la vuelta a la “normalidad” al coincidir con el inicio de la temporada ciclónica, implica riesgos epidemiológicos y vulnerabilidades de infraestructura considerables y adicionales a los ya analizados. Por ejemplo, no pueden manejarse las situaciones que requieran evacuación de personas del mismo modo que se hacía antes de la COVID-19. Las lluvias a su vez, se asocian a la aparición de otras enfermedades que será necesario prevenir y atender.

Tercero, la inseguridad alimentaria es una amenaza real, pues a las circunstancias económicas se añade lo complicado del período de verano intenso para las producciones agrícolas, que no pueden incrementarse súbitamente pues requieren de una cultura de producción y comercialización que toma tiempo y está todavía por desarrollar plenamente. La seguridad alimentaria se presenta con un signo de interrogación que demanda creatividad, audacia y reformas profundas, financieras y de organización en el sector.

Cuarto, la recuperación económica internacional presenta otras interrogantes. La pandemia mostró las falencias de una globalización económica basada en la racionalización tecnicista y la maximización de las ganancias de espaldas a los seres humanos. Los superpoderes que protegen esas dinámicas resultaron incapaces de proteger a su propia ciudadanía mediante un esfuerzo global, conjunto, coordinado y colaborativo. Fallaron de igual manera los organismos internacionales, y no habría que tener esperanzas infundadas de que la situación cambiará con respecto a la recuperación económica. Al menos es un escenario más probable que un eventual y sorprendente protagonismo en favor del bien común.

El multilateralismo balanceado y habilitador no surgirá de súbito por generación espontánea. Más bien todo indica que ocurrirá lo contrario y que solo mediante intensas gestiones internacionales la colaboración podrá tener un espacio frente a la competencia desleal y hasta el pillaje. El escenario internacional tendrá una incidencia directa en la recuperación de la economía nacional, de manera que sobrevienen tiempos no menos inciertos que los del inicio de la pandemia. A ellos convendría aplicar la medicina fundamental de la colaboración, la ayuda mutua y la solidaridad, la descentralización y el reconocimiento de diversos protagonismos y liderazgos sociales. Estos son valores que hizo emerger con claridad meridiana la estrategia con que los cubanos, Estado y sociedad civil, afrontamos el desafío de la COVID-19. Bien podrían considerarse para el futuro que arriba y reclama reorganización de la vida social, el abandono de hábitos viejos y la adopción de nuevos, no desde la nada o la invención onírica, sino desde la conciencia de las necesidades de la convivencia y la comunidad de vida. En Cuba, en el abordaje de la pandemia la solidaridad y la colaboración estuvieron a la altura del desafío. Se expresaron sin miedo a pensar y actuar desde los contextos, con los aportes propios de la ciencia, la tecnología y la ideología del bien común y la protección de la vida, y habrán de estar presentes en la nueva etapa.

Finalmente, y no en último lugar, las reformas económicas y sociales que no habían concluido en el país, necesitan ser repensadas en su implementación ante los nuevos escenarios post pandemia.

Si la COVID-19 expresa una crisis de la vida, no tendremos menos en Cuba y el mundo que intentar la reorganización de la vida. Es una época apasionante la que nos ha tocado vivir y tiene sentido contribuir a que sea mejor.

Carlos J. Delgado

11 junio 2020

 

Nota de actualización

Nos encontramos en este momento, septiembre 2020 en medio de un rebrote. Se presentan indicios de que la estrategia funciona y está en proceso de control, pero surgen a este autor algunas dudas con respecto a la capacidad de colaboración de las personas.

La ciencia cubana continúa el aporte de medicamentos y prepara una vacuna actualmente en ensayo clínico, mientras el país mantiene la atención a todos los casos, se evita la saturación de las instalaciones hospitalarias, y continúa la colaboración internacional, el ejercicio de la solidaridad y el llamado a la más amplia colaboración.

Y no obstante, el enorme esfuerzo del gobierno, las instituciones de salud, el personal de salud, los voluntarios, y millones de personas, no siempre se ve acompañado por conductas prudentes de todos los pobladores. Tras meses de pandemia, y en parte también debido al agotamiento que implica, todavía no se alcanza la necesaria percepción de riesgo que se traduzca en acciones de prevención de la manera masiva en que se necesita. Las actitudes no colaborativas se manifiestan en indisciplinas e imprudencias de todo tipo.

Ante la situación algunas voces no sin razón, piden medidas más enérgicas y multas más severas a los infractores. Desde mi condición de maestro continúo el llamado a la colaboración, la ayuda mutua y la protección colaborativa.

Carlos J. Delgado

11 septiembre 2020

Referencias

Argaillot, J. (12 abril 2020). Cuba y el coronavirus: un pueblo preparado para la adversidad y médicos de fama internacional. The Conversation. https://theconversation.com/cuba-y-el-coronavirus-un-pueblo-preparado-para-la-adversidad-y-medicos-de-fama-internacional-136116 (Revisado 11 junio 2020)

Constitución de la República de Cuba (2019). Disponible en: http://www.granma.cu/file/pdf/gaceta/Nueva%20Constituci%C3%B3n%20240%20KB-1.pdf (Revisado 11 junio 2020)

Cubadebate (9 junio 2020). ¿Qué es el Jusvinza o CIGB-258? Disponible en: https://www.facebook.com/watch/?v=277567593390644 (Revisado 11 junio 2020)

Dashboard Cuba. Disponible en: https://covid19cubadata.github.io/index.html#cuba (Revisado 11 junio 2020)

Díaz-Canel Bermúdez, Miguel y Núñez Jover, Jorge (2020). Gestión gubernamental y ciencia cubana en el enfrentamiento a la COVID-19. Anales de la Academia de Ciencias de Cuba; Vol. 10, No. 2 (2020): especial COVID-19. Disponible en http://www.revistaccuba.cu/index.php/revacc/article/view/881

DW. (17 marzo 2020). Cuba pone fin a la odisea del crucero MS Braemar. Disponible en https://www.dw.com/es/cuba-pone-fin-a-la-odisea-del-crucero-ms-braemar/a-52810027. (Revisado 11 junio 2020)

IPS (25 Abril 2020). Más redes voluntarias contrarrestan la covid-19 en Cuba https://www.ipscuba.net/sociedad/mas-redes-voluntarias-contrarrestan-la-covid-19-en-cuba/ (Revisado 11 junio 2020)

Marrón, K. (25 marzo 2020) Michelle Bachelet pide levantar bloqueos y sanciones en tiempos de COVID-19. https://www.cubainformacion.tv/contra-cuba/20200325/85216/85216-michelle-bachelet-pide-levantar-bloqueos-y-sanciones-en-tiempos-de-covid-19 (Revisado 11 junio 2020)

Martí, José (1991). Abono – La sangre es buen abono. En Obras Completas. Tomo 8. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana.

Martínez Hernández, L. (10 junio 2020). Cuba se alista para la recuperación tras la epidemia. http://www.granma.cu/cuba-covid-19/2020-06-10/cuba-se-alista-para-la-recuperacion-tras-la-epidemia-10-06-2020-20-06-42 (Revisado 11 junio 2020)

MINSAP (2020a). Protocolo de actuación nacional para la COVID-19. Disponible en http://files.sld.cu/editorhome/files/2020/05/MINSAP_Protocolo-de-Actuaci%C3%B3n-Nacional-para-la-COVID-19_versi%C3%B3n-1.4_mayo-2020.pdf (Revisado 11 junio 2020)

MINSAP (2020b). Parte de cierre del día 10 de junio a las 12 de la noche. Disponible en: https://salud.msp.gob.cu/?p=5700 (Revisado 11 junio 2020)

Morin, E. (2020) “Veredas Para o Futuro o Mundo Pós Covid 19” Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=qlCoQPsIFIc&t=7s (Revisado 11 junio 2020)

Prensa Latina (22 de mayo 2020). Vacuna cubana muestra eficacia en pacientes graves de Covid-19. https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=368139&SEO=vacuna-cubana-muestra-eficacia-en-pacientes-graves-de-covid-19 (Revisado 11 junio 2020)

Progreso semanal (21 marzo 2020). https://progresosemanal.us/20200321/medidas-del-gobierno-cubano-para-enfrentar-la-propagacion-del-covid-19/ (Revisado 11 junio 2020)

Stone, Jon (7 abril 2020). UK thanks Cuba for ‘great gesture of solidarity’ in rescuing passengers from coronavirus cruise ship https://www.independent.co.uk/news/world/americas/coronavirus-cruise-ship-cuba-rescue-ms-braemar-havana-cases-a9451741.html (Revisado 11 junio 2020)

Yaffe, Helen (10 junio 2020). La respuesta excepcional de Cuba ante la pandemia de COVID-19. http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/06/10/la-respuesta-excepcional-de-cuba-ante-la-pandemia-de-covid-19/#.XuIoDEX0mMp

 

martes, 28 de julio de 2020

CUBA COVID-19: POLÍTICA Y EDUCACIÓN

Comparto las reflexiones de una educadora y estudiosa de la ética, la doctora en ciencias Nancy Chacón Arteaga. En su texto, nos presenta sus impresiones sobre lo acontecido y los vínculos entre política y educación durante la pandemia en Cuba.

Carlos J. Delgado

27 julio 2020


Nancy Lucía Chacón Arteaga

Nancy Lucía Chacón Arteaga. Licenciada en Ciencias Políticas en la Universidad de la Habana (1976). Doctora en C. Filosóficas (1996) y Doctora en Ciencias (2011). Premio Nacional de Ciencias Sociales de la Academia de Ciencias de Cuba (2016). Académica Titular de la ACC (2018). Profesora Emérita de la Universidad de C. Pedagógicas “Enrique José Varona” (2018), donde es Presidenta fundadora de la Cátedra de Ética Aplicada a la Educación desde 1997. Presidenta de la sub comisión nacional de planes y programas de la disciplina Educación para la vida ciudadana del Ministerio de Educación de Cuba. Es Profesora Honoraria de la Universidad Autónoma de Santo Domingo UASD (2010).

Correspondencia: nchaconarteaga@gmail.com

 

Introducción necesaria

José Martí (1853-1895), el apóstol de la independencia de Cuba desarrolló en su corta y fecunda vida un pensamiento revolucionario humanista, universal y visionario, que desde una concepción política, ético-moral, jurídica, estético-artística, científica, filosófica y religiosa, le permitió entre sus urgencias entregar todo su empeño en aras organizar y llevar a cabo la guerra necesaria de independencia contra el colonialismo español, y a su vez proyectar la necesidad de la educación de las nuevas generaciones de cubanas, cubanos y de nuestra América que expresó en su ideario pedagógico:

Al mundo nuevo corresponde la Universidad nueva. A nuevas ciencias que todo lo invaden, reforman y minan nuevas cátedras. Es criminal el divorcio entre la educación que se recibe en una época, y la época.

Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo, para que flote sobre él, y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote; es prepararlo para la vida (Martí, J. 1975, p. 288)

Esta concepción de educación de José Martí, en la obra educacional de la Revolución cubana ha sido una realidad a partir del 1ro de enero de 1959, al tener en cuenta tal y como se reconoce por el Líder histórico, el comandante invicto Fidel Castro Ruz, desde su histórico alegato de la “Historia me absolverá”(1953), que la educación es un derecho inalienable del ser humano, del pueblo, lo cual es respaldado por la voluntad política desarrollada por el Partido Comunista de Cuba y Gobierno revolucionario, plasmado en la Carta Magna de la sociedad cubana, que en su sentido martiano recoge el pensamiento cívico de Martí cuando dice: “Yo quiero que la ley primera de la República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”(Constitución 2019, p. 2)

Lo que dejó al descubierto la COVID-19

La humanidad vive hoy la tragedia de una pandemia de alto riesgo, conocida como enfermedad COVID-19, que ha puesto a prueba todos los resortes y mecanismos con que cuentan los seres humanos en el planeta para hacer frente a la misma, según la organización y gestión que para ello han asumido los diferentes sistemas socio económicos, y las políticas de los gobiernos y Estados a escala global.

Aún el desarrollo científico-tecnológico, la humanidad ha llegado a la segunda década del tercer milenio con una deuda humana y planetaria que arrastra desde el siglo XX y que ninguna de las metas “humanistas”, “medioambientalistas” o “educativas” para el desarrollo sostenible de la UNESCO o de la UNICEF, entre otros organismos internacionales que proyectan metas de desarrollo humano, como la actual agenda 2030, ha logrado cumplirse de forma homogénea o al unísono en todos los países por igual.

Las políticas neoliberales aplicadas, en particular, de la región de la América Latina y el Caribe, durante décadas, con gobiernos de derecha que se han dejado llevar por los cantos de sirena del “sueño americano” y los de sus propios intereses egoístas, han desmembrado el poder del Estado para centrarse en el mercado, el consumo, la privatización y las pautas dictadas a los países endeudados y dependientes por el FMI, BFI. Todo esto ha llevado al desmontaje de los sistemas de salud, el recorte de los seguros y la seguridad social, la privatización de la educación, entre otros despojos, dejando este vital asunto a la suerte de cada quien en una especie de “sálvese quien pueda”, donde los que tienen recursos y solvencia, empezando por las clases adineradas y las élites del poder, estarán en mejor posición para salvarse ante una situación tan drástica como la de la pandemia por la que estamos atravesando, y ha costado millones de contagiados y fallecidos.

Lamentablemente es predominante esta situación en la región, incluso están vivos los ejemplos de varios países que después de haber pasado por las vivencias de gobiernos en los que la educación y la salud fueron atendidos con una concepción de universalidad en interés de los derechos del pueblo, como en los casos de Brasil (I. Lula), Ecuador (E. Correa), Argentina (C. Fernández) Bolivia (E. Morales), en los que se experimentaron ciertos avances en estos terrenos, ahora están sumidos en una catástrofe sanitaria ante el colapso de las insuficientes estructuras de salud, la no cobertura de seguros, la incompetencia gubernamental demostrada para el manejo de la pandemia y la falta de garantías de salud para sus pueblos, que son entre otros, los que más han aportado a las cifras descomunales de contagios y fallecidos en cementerios improvisados, incluyendo la afectación del personal de la salud sin protección institucional.

Puede decirse que en este escenario se revelan tanto los estragos de la pandemia de la COVID-19 por su alta contagiosidad y letalidad, así como los impactos negativos de los gobiernos neoliberales, su incompetencia política y la falta de sustentabilidad de sus sistemas sociales (de salud, educación y seguridad social), de desprecio al ser humano y el medio ambiente, xenófobo y antisolidario, los que constituyen una flagrante violación de los derechos humanos. Las posiciones de algunos presidentes fue la de minimizar la pandemia, no propender a la protección de sus ciudadanos, ni al cumplimiento de medidas sanitarias, con el fin de salvar a toda costa la economía de las clases altas y el empresariado, sobre las muertes de la población pobre, de los ancianos que consideran una carga social, de las poblaciones indígenas en sus asentamientos, de los emigrantes, entre otros sectores desposeídos, de frente al colapso de la salud pública y ninguna garantía o seguridad social.

No obstante, durante estos tiempos de confinamiento y aislamiento social, también se han alzado las voces de quienes se contraponen a todo odio e injusticias, a crímenes racistas como el del afroamericano George Floyd  en Minnesota, EEUU, cuyo estallido de protestas desatadas es un grito común contra la esencia supremacista y arrogante que históricamente ha caracterizado no solo la política interracial en Norteamérica sino en todo el mundo.

Aún en medio de la crisis de la pandemia, no cesa la práctica del terrorismo de Estado y el paramilitarismo en el asesinato selectivo de los líderes sociales en la región, como el caso de Colombia en la etapa de “post conflicto”, después de firmado el acuerdo de Paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC en la Habana; la persecución judicial de los líderes de izquierda para sacarlos del escenario político, los golpes de Estado y la injerencia en los asuntos internos de los países como Venezuela, Nicaragua y Cuba, que son declarados por el gobierno de los EEUU y sus aliados, como supuesto eje del mal. Todos ejemplifican la situación geopolítica en la arena internacional. En este escenario, las urgencias ante el enfrentamiento a la pandemia global requieren que por encima de toda diferencia ideopolítica se globalice la necesaria solidaridad, la cooperación y la colaboración entre países para su contención, Entre los países que han actuado consecuentemente con estas urgencias y el principio de solidaridad se encuentran China, Rusia y Cuba.

El enfrentamiento a la COVID-19

El anuncio del brote inicial de la enfermedad en la ciudad China de Wuhan en diciembre del 2019, fue indicador suficiente para que en Cuba se monitoreara esta situación epidemiológica y las orientaciones de la OMS, mucho antes de que fuera declarada pandemia. Así tempranamente en el país se daba seguimiento noticioso y de información a la población de las previsiones y medidas tomadas por el gobierno y Ministerio de Salud Pública para hacer frente a la pandemia cuando se detectara la entrada del primer caso a Cuba por la frontera. Se prepararon las condiciones y las reservas para una batalla por la vida.

En la dirección de este proceso se creó el Grupo Temporal Nacional, presidido por el Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez y el Primer Ministro Manuel Marrero, para el enfrentamiento a la pandemia. Contó además con la participación del Consejo de Ministros y entidades gubernamentales que le dieron un carácter intersectorial y multidisciplinario, articulándose de forma armónica la política, la ciencia y la tecnología, en la elaboración de una estrategia certera donde la información, la comunicación e interacción diaria con el pueblo por los medios de comunicación en particular la TV, así como el accionar de los consejos de defensa provinciales y municipales, desempeñaron un importante papel en la conducción de esta batalla para salvar vidas.

En el artículo publicado por el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez en coautoría con el Dr. C. Jorge Núñez Jover, Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba, se condensa una valiosa información acerca de la gestión gubernamental y la ciencia cubana en el enfrentamiento a la COVID-19. En el se describen entre las medidas y acciones desarrolladas las siguientes:


Reunión semanal con expertos y científicos para evaluar los resultados de las investigaciones y su aplicación.


Activación de los Consejos de Defensa Provinciales en todo el territorio nacional.


Conferencias de prensa diarias para informar al pueblo sobre la actualización de la marcha del Plan para la Prevención y Control del nuevo coronavirus (COVID-19).


Mesas Redondas diarias para actualizar sobre diferentes temas relacionados con el Plan para la Prevención y Control de la COVID-19.


Sesión de trabajo semanal con el Grupo Asesor Económico para abordar los temas concernientes a la estrategia de desarrollo económico social.

La estrategia epidemiológica-sanitaria, contó con tres etapas, cada una con medidas sanitarias y protocolos médicos de procedimientos para la detección y atención de los casos positivos que eran ingresados en los hospitales o salas de hospitales habilitados para su atención, así como la detección de los anillos de contactos, y de contactos de contactos, los cuales iban a centros de aislamientos para hacerles las pruebas y estar el tiempo reglamentario hasta confirmarse que no eran positivos para regresar a sus domicilios.

Muchos voluntarios de centros de trabajo, docentes y estudiantes universitarios, y organizaciones de masas de las comunidades, entre otros, se sumaron a colaborar en estos centros de asilamiento e incluso en algunos hospitales, previa preparación de las medidas de bioprotección y protocolos a seguir en el rol que cada uno desempeñaría como personal de apoyo, así como pasar la prueba PCR para confirmar su estado de salud a la entrada y al término del período de labor, además de 15 días de aislamiento, descanso y nuevamente la prueba del PCR para ir hacia sus casas e integrarse sin riesgo a su seno familiar.

En este arduo y sistemático trabajo, Cuba aporta un modelo con una metodología que desarrolla en un procedimiento novedoso que son las pesquisas diarias para encontrar entre la población que no entraban en los círculos de los contactos, las posibles personas contagiadas, este proceso se desarrolló por el sistema de atención primaria del médico y enfermera de la familia en todos los territorios y localidades, incorporándose los estudiantes y docentes de las escuelas de medicina, los médicos estomatólogos entre otro personal a fin, que cada día tocan puerta a puerta de la vecindad. Esta acción es respaldada por la creación cubana de una aplicación para el móvil que facilita a quienes desean realizar su autopesquisaje de salud y registrar sus síntomas, los que también son atendidos medicamente.

A pesar del genocida bloqueo y persecución por parte del gobierno de los EEUU que impedía que Cuba adquiriera los materiales médicos necesarios para enfrentar esta pandemia ya sean por donaciones o comprados, en el país se contaba con la reserva, los medicamentos algunos de ellos de producción cubana, respiradores, entre otros materiales necesarios para la atención a toda la población que lo necesitara, incluyendo extranjeros residentes o turistas en el país, totalmente gratuito como son los servicios médicos en Cuba. En tal sentido el sistema de salud cubano da una cobertura total sin colapsar por falta de materiales, médicos y paramédicos, ni instalaciones hospitalarias o centros de aislamientos.

Unido a todo ello Cuba se dispuso a llevar su solidaridad y cooperación médica a los países necesitados que solicitaron ayuda, para lo cual se cuenta con los médicos y para médicos del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias "Henry Reeve", creado por Fidel en agosto del 2005. La ética que preside esta obra solidaria consiste en entender que la solidaridad no consiste en dar lo que sobra, sino en compartir lo que se tiene. Su simbólico ejemplo ha levantado el interés internacional de varias organizaciones y personalidades a favor de la propuesta para que le sea otorgado el Premio Nobel de la Paz.

La Educación en tiempos de Covid 19

Sin educación no hay Revolución. Esta máxima del pensamiento estratégico y humanista de Fidel, está en la transversalidad de este artículo, ya que sin una preparación sólida sustentada en el sistema educativo cubano no pudiera hablarse de un enfrentamiento estratégico e integral a la pandemia en el país- Todos los recursos materiales, científicos y tecnológicos puestos en función en una unidad de pensamiento y acción como país, son resultados de una obra educacional en la formación y preparación de los recursos humanos competentes y con los valores que se requieren para los modos de actuación profesionales y como ciudadanos de toda la población.

Quiere decir que la educación está en la base de la cultura multidimensional creada por la Revolución y una conciencia patriótica, antimperialista, responsable, solidaria e internacionalista, que posibilitó la articulación necesaria de todos los factores para el enfrentamiento y control de la pandemia en el país.

Pero la educación no solo está en esa base cultural, sino que acompaña todo el proceso de preparación de la población para este enfrentamiento no solo por las medidas tomadas, sino por la necesaria comprensión y conocimiento de causa. La Educación como vía para la prevención y el enfrentamiento, no solo en los mensajes de bien público, el sistema de información interactivo del desarrollo de la estrategia, la marcha y control de la pandemia por múltiples vías, son también acciones de un valor altamente educativo.

El sistema de educación aún con un grupo de medidas después de declarada la entrada de la COVID-19 al país, mantuvo las escuelas abiertas hasta finales del mes de marzo (24), en que se decide cerrar las escuelas, aunque mantener con un horario flexible (9am-3pm) los círculos infantiles para dar servicio a las madres trabajadoras que estaban en puestos imprescindibles de trabajo y no tenían con quien dejar a sus hijos en casa. Cabe señalar que el Estado cubano garantizó el salario de los trabajadores en condiciones de aislamiento social, por los conceptos de tele trabajo, trabajo a distancia o semi presencial, en el caso de los docentes de todos los niveles de enseñanza recibimos el salario devengado.

En ese momento la escuela cubana ya había abarcado aproximadamente en todos los niveles educativos un 70% del contenido del curso, lo que posibilitó que se pudiera dar una continuidad de clases televisivas y actividades educativas orientadoras de cada asignaturas por grados en una programación que alternaba en los días de la semana, las sesiones matutinas y vespertinas en tres canales de la TV nacional (Canal educativo, Canal educativo 2 y Canal Tele rebelde), a disposición para las mismas. Todo ello fue organizado por el Ministerio de Educación (MINED), con la participación de los metodólogos nacionales, los tele profesores, entre otras entidades como la empresa de Cinesoft, que apoyó con materiales audiovisuales.

Esta rápida respuesta del MINED posibilitó que los educandos dieran una continuidad a sus estudios, mantuvieran sus motivaciones y hábitos educativos, así como fortaleció el papel de la familia que apoyó este seguimiento del estudio y tareas de sus hijos en las casas. Esta actividad educativa no comprometió los nuevos contenidos ni el pase de grado de los estudiantes, lo que siempre se previó para el momento en que se decidiera en la estrategia de país la reanudación del curso para retomar las clases con los contenidos y objetivos pendientes y el cierre evaluativo del curso 19-20 y el inicio del nuevo curso 20-21.

Esta estrategia concebida por el sistema educativo cubano, además de ser una rápida respuesta en la organización, tuvo una amplia difusión e información que dio seguridad a los educandos, a las familias, a los maestros y a la sociedad toda. Sirvió de base orientadora de los pormenores no solo de cómo se desarrollaría esta etapa de estudios durante la pandemia, sino de cómo en la reanudación, se tratarían los contenidos que faltaban de las asignaturas y se realizarían las evaluaciones correspondientes para el cierre del curso.

En los grados terminales se realizarían las graduaciones correspondientes, en el caso de la continuidad de estudio del 9no grado, se llenarían las boletas de solicitudes para hacer el escalafón de las provincias y realizar el otorgamiento de las especialidades de estudios. En el caso del 12 grado, se facilitó la continuidad de su preparación para los exámenes de ingreso a la universidad por la misma vía televisiva, podrían realizar sus exámenes para clasificar en el escalafón provincial y realizar el otorgamiento de las carreras.

De esta forma se concibe que cuando se entre en la etapa de reinicio de las clases, se conciben 10 semanas para continuidad y cierre del curso 19-20 y posterior a ello el inicio del curso 20-21 que se realizaría en menos semanas que el fondo de tiempo habitual, en este caso es de 38 semanas.

Esto conllevó a la convocatoria por parte del MINED de los directores de los niveles educativos (Educación primaria, Secundaria Básica, Pre universitario, Educación de Adultos, la Educación Técnica y Profesional y las Escuelas pedagógicas), a los metodólogos nacionales de las disciplinas, a los presidentes de las comisiones nacionales de los planes y programas de estudios de las diferentes disciplinas y a los docentes de los colectivos de autores de los programas y libros de textos escolares de las mismas, acompañados por los directivos del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas ICCP y los Presidentes de las comisiones de la Universidad de Ciencias Pedagógicas “Enrique José Varona”, para que a partir de la remodelación que se había hecho con vista al perfeccionamiento del sistema educativo, que debía empezar a generalizarse en el curso 20-21 (proceso que quedó aplazado hasta que existan las condiciones para implementar la transformación curricular elaborada y experimentada en escuelas del país), se hicieran los reajustes a los programas vigentes con las actualizaciones y/o modificaciones posibles, para introducirse en el desarrollo del curso en el tiempo previsto y atendiendo a las exigencias de las medidas y protocolos de las condiciones de postpandemia en que se desarrollará dicho curso escolar.

Los reajustes implican que los programas tienen una cierta reducción en horas clases, las que se realizarán en días y sesiones alternas para cada grado, por lo que los estudiantes no irán todos los días en doble sesión a la escuela, sino a las que les corresponda a su grado, según la planificación y organización escolar, para cumplir con el distanciamiento que requieren los procesos educativos en la escuela en estas excepcionales circunstancias. Se mantiene el sistema de apoyo de actividades educativas y clases por la TV según se diseñe por las frecuencias de horas clases que tiene de cada disciplina en el reajuste de los programas y su dosificación en el curso. A la vez las direcciones de educación provinciales y los gobiernos de cada territorio, realizan un gran esfuerzo en la remodelación constructiva de algunos centros educativos para alistar las condiciones y cumplir estos los requerimientos establecidos en el reinicio de las clases.

Obviamente que la puesta en práctica de estos reajustes curriculares, solo será posible si se logra previamente la preparación metodológica y didáctica de todos los directivos y el personal docente que deben llevar a cabo el desarrollo de estos contenidos en sus escuelas, así como de las estructuras provinciales y municipales de Educación en todo el país. Esto último está previsto realizarlo como es habitual en la semana de incorporación de los docentes, posterior a sus vacaciones y antes del inicio del curso escolar, aunque ya desde la primera etapa de la nueva normalidad en el mes de julio 2020 se iniciaron las capacitaciones a nivel nacional por vía televisiva para precisar los reajustes curriculares que incluyen la evaluación y las nuevas formas de trabajos a los diferentes niveles educativos.

En el caso de la Educación superior, al tiempo del reinicio del curso se prevé 11 semanas para culminar las disciplinas que quedaron pendientes y sus evaluaciones del 2do semestre interrumpido por la pandemia y a continuación se da inicio al curso 20-21, con unas 30 semanas. Por ello los jefes de disciplinas y docentes de cada universidad realizan los reajustes de sus programas para adaptarse a esta reducción de horas lectivas.

En este caso los docentes durante la etapa de pandemia y aislamiento social, han trabajado en los informes de la validación de los programas de todas las disciplinas de las carreras del nuevo plan de estudio E que ya han culminado el 4to y último año de ejecución (tiempo de la cohorte primera edición de la carrera) y sobre la base de las experiencias y sugerencias de mejoras de los propios docentes, se han hecho las modificaciones y el perfeccionamiento de los programas que se desarrollarán aunque reajustados en horas en este nuevo curso escolar post pandemia 20-21. Para esta labor los colectivos de las comisiones nacionales de las carreras trabajaron a distancia por vía de grupos de WhatsApp y el correo electrónico para el intercambio de ideas y documentos elaborados.

Puede decirse que en Cuba la política de gobierno en el enfrentamiento a la COVID-19, desarrolló una estrategia que dirigida por el Grupo Temporal Nacional, logró articular el Consejo de Ministros, el sistema de defensa y de seguridad nacional con sus consejos de defensas provinciales, que garantizaron el aseguramiento, seguimiento, evaluación y control de todas las medidas paso a paso en cada etapa, proceso que se caracterizó por la transparencia e interacción con la ciudadanía, lo que contó con la unidad y apoyo del pueblo.

Cabe señalar que no siempre la ciudadanía manifestó la necesaria percepción del riesgo ante las características de alta contagiosidad, letalidad y asintomaticidad en un significativo porciento de personas diagnosticadas como positivas, por lo cual algunos de forma irresponsable incurrían en el incumplimiento de las medidas de aislamiento y protección epidemiológicas, no obstante, siempre tuvieron un tratamiento persuasivo, preventivo, informativo y educativo para corregir los comportamientos inadecuados. En ocasiones, según la magnitud de la transgresión también se aplicaron multas o procesamiento judicial por incurrir en el delito de violaciones de la Constitución y leyes sobre riesgo y propagación de epidemias.

En general el sistema de salud cubano y el sistema educativo en una mancomunidad de las conquistas, garantías y seguridad social del pueblo cubano, demostraron su efectividad en la cobertura total que dan al pueblo, sin distinción ni discriminaciones de ningún tipo. Son resultados de un sistema socialista donde el ser humano se reconoce en su justo valor y dignidad humana, que ha logrado una vez más salir adelante pese los daños humanos, económicos y sociales provocados por el impacto nefasto del genocida bloqueo yanqui, arreciado en tiempos de pandemia, con el ansiado fin de acabar con el pueblo cubano y su Revolución de conquistas sociales.

Ni el silenciamiento de los éxitos y logros de Cuba en su enfrentamiento a la pandemia por los grandes medios de la información global, las campañas de descréditos sobre las fortalezas educativas y científicas cubanas, así como de sus médicos solidarios, ante el hecho real de la Brigada Henry Reeve en más de 30 países del mundo salvando vidas, pueden esconder las verdades y razones del pueblo cubano. Ellos quedan demostrados en el modelo gubernamental sistémico e integral con que se enfrenta la contingencia de la COVID-19, con métodos de dirección democráticos y estilos de gestión y de participación ciudadana en una responsabilidad compartida y comprometida con el logro de los mejores resultados, y la preparación de todos para transitar por las etapas de la recuperación gradual y asimétrica de la “nueva normalidad”, como se denomina el restablecimiento de la dinámica y funcionamiento de toda la sociedad, entre medidas organizativas y protocolos sanitarios para cuidar no tener rebrotes de la pandemia.

En todo ello la Educación sigue ocupando un lugar estratégico como sustento del desarrollo cultural y humano de los cubanos y cubanas de estos tiempos y los venideros con preparación, entereza y amor, para la realización de sueños y esperanzas, hacer valer la justicia, la dignidad humana, la solidaridad y la paz en Cuba y el mundo.

Nancy Lucía Chacón Arteaga

28 julio 2020

Referencias

Martí, J. (1975). Obras completas [28 tomos]. Tomo 8. La Habana: Ciencias Sociales.

Constitución de la República de Cuba (2019). http://www.granma.cu/file/pdf/gaceta/Nueva%20Constituci%C3%B3n%20240%20KB-1.pdf

Castro, F. (1960). Discurso pronunciado en el acto celebrado por la Sociedad Espeleológica de Cuba, en la Academia de Ciencias. La Habana. http://www.fidelcastro.cu/es/discursos/discurso-pronunciado-en-el-acto-celebrado-por-la-sociedad-espeleologica-de-cuba-en-la

Díaz-Canel Bermúdez, Miguel y Núñez Jover, Jorge (2020). Gestión gubernamental y ciencia cubana en el enfrentamiento a la COVID-19. Anales de la Academia de Ciencias de Cuba; Vol. 10, No. 2 (2020): especial COVID-19. http://www.revistaccuba.cu/index.php/revacc/article/view/881/887