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Carlos J. Delgado


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miércoles, 29 de julio de 2020

CUBA COVID-19: BAUTA EN CUARENTENA

Varios amigos me han preguntado por teléfono y las redes acerca del brote de COVID-19 en la localidad donde vivo. Se preocupan por saber, además de cómo estamos, por qué aquí llegamos a esta situación, y cómo saldremos de ella. Por otra parte, he visto en la prensa y las redes sociales el énfasis en la tesis de que el exceso de confianza y la indisciplina causaron lo ocurrido. Coincido que hay que considerarlas entre las causas, y fueron los gatillos que desencadenaron la nueva situación, pero para extraer lecciones que ayuden a evitar situaciones semejantes en otros sitios o de nuevo aquí en el futuro, debemos escarbar un poco más, e intentar comprender esas y otras cuestiones más específicas.

No pretendo ni creo que pueda explicarlo todo, ni aportar argumentos definitivos e irrebatibles a favor de una relación causal irrefutable, pero si, al menos invitarlos a conversar, con toda la ambigüedad e imprecisión de una de esas conversaciones que entablamos mientras jugamos dominó, para a través de ella pensar un poco más allá de lo que aparece inmediato y supuestamente claro a nuestras mentes.


Acontecimientos

Lo ocurrido es conocido. Desde enero el gobierno cubano trabajó ardua y exitosamente en la preparación del país para enfrentar la epidemia. Esta se hizo presente el 11 de marzo y exactamente tres meses después comenzaba una nueva etapa de recuperación para alcanzar una nueva normalidad. El éxito alcanzado se puede explicar de varios modos, yo lo sinterizaría como la ejecutoria de una estrategia sistémica, de integración y colaboración gubernamental, científica y ciudadana. Ha sido dirigida y liderada por el gobierno, y ejecutada con la más amplia participación de todos los sectores, en especial el personal y las instituciones de salud, las instituciones del Estado, la defensa civil, los jóvenes, el voluntariado… Ante una situación extraordinaria y a pesar de los gigantescos obstáculos, el esfuerzo rindió el mayor de los frutos: promovió la cooperación en una orquesta de millones para salvar las vidas y proteger a la ciudadanía de una amenaza real y tangible.

En medio de la recuperación y la implementación de un plan de gobierno para atender los efectos de la crisis mundial que se nos viene encima, el reporte de cierre del 23 de julio informó de 3 nuevos casos confirmados de la enfermedad, uno de ellos de Bauta. Nada asombroso, aunque este último tenía identificados 34 contactos en vigilancia, entre otras razones por la realización de una fiesta donde no se adoptaron las medidas mínimas de seguridad. Al día siguiente, se confirmaron 3 casos, al siguiente 7, al otro 10, al otro 17 (10 de ellos del poblado costero de Baracoa). Ya estaba desde el 23 en cuarentena Bauta, y ese día entró en cuarentena Baracoa. Hoy 29 de julio se informó que al cierre de ayer 28 se confirmaron 12 casos más de Bauta, para una suma total de 50 casos en 6 días.

Es una situación grave, en un poblado pequeño y densamente poblado, muy activo en su comunicación física con otros territorios y poblaciones cercanas como Baracoa, Ben Tre, y la capital del país. Se trata de una vuelta atrás desencadenada por la conducta de un grupo de personas, que se percibe temeraria, pero que hicieron algo ordinario y común sin tomar en consideración los riesgos posibles en el contexto de la transición hacia la nueva normalidad. Es un caso típico de conducta irresponsable de varios individuos, y podríamos dejar el análisis en eso.

Pero también puede valorarse como un claro ejemplo de complejidad, donde se revela la asimetría entre las acciones y sus efectos, cuando lo conocido, ordinario y manejable (reunirse a festejar) trae consigo en ciertas condiciones específicas consecuencias imprevistas y sorprendentes por inesperadas y graves (la propagación de la pandemia). Una pequeña alteración a un nivel, que produce en otro la catástrofe de nuestras predicciones.

¿Las causas de lo ocurrido se reducen a una mezcla de baja percepción de riesgo, irresponsabilidad, descuido, negligencia y espíritu festivo? ¿Acaso no han sido suficientes las acciones gubernamentales, los mensajes por todos los medios, los llamados a la prudencia y la cooperación? ¿No llegó el mensaje? ¿No se recepcionó? ¿No se comprenden por las personas de aquí los mensajes y la fragilidad de la situación de salida de una pandemia? ¿No son razonables? ¿Hay personas a quienes no les importa?

Siente uno la tentación de dar una respuesta simple a esas preguntas, y achacarlo todo a la irresponsabilidad manifiesta de las individualidades, cosa que sin lugar a dudas tuvo lugar. No obstante, de casta le viene al galgo, y aunque se trate este escrito de una conversación, tiene sentido para el filósofo buscar un poco más, para contribuir a aprendizajes posibles que aporten al esfuerzo común y a comprendernos mejor. No basta en este caso con explicar, pues el asunto no concierne solo a las cosas. Necesitamos comprender las conductas humanas, la fragilidad de los humanos, y de nuestra capacidad para sumarnos a un esfuerzo colectivo de cooperación y ayuda mutua, que es el llamado que ha hecho el gobierno cubano, y que nos ha conducido a manejar de forma efectiva la pandemia.

Bauta es parte de Cuba y su población no es ajena a la misma estirpe colaboradora y abnegada de las personas que contribuyen al esfuerzo nacional para superar la pandemia. El poblado cabecera municipal se ubica en las cercanías de la capital, y para una mirada rápida y unificadora no suele tener mayores diferencias que las que pueden encontrarse en otros sitios cercanos a ciudades mayores. En parte coincido, pues efectivamente, lo mismo pudo y puede ocurrir en otros muchos lugares de la geografía nacional. Pero al mismo tiempo no lo considero exacto. Este territorio y sus pobladores tienen algunas características y condicionamientos que deben tomarse en cuenta. La mayoría seguramente estará presente también en otros sitios de la geografía nacional, pero la forma específica siempre será diferente, y en asuntos que tienen que ver con la cooperación entre humanos, es muy importante que sea considerada la forma específica. Al fin y al cabo, como me recordaba siempre el maestro García Galló, somos un pueblo que comenzó una Revolución en tiempos de carnaval, y esa irreverencia de alguna manera nos define y no debería sorprendernos.

No creo que el brote que nos tensa hoy ocurriera precisamente aquí porque seamos especialmente diferentes, indisciplinados, fiesteros, irresponsables y descuidados, los bautenses, o los cubanos en general. Hemos dado masivas muestras de lo contrario.

Otra explicación sencilla es que se trata de un suceso causal, propio de la pandemia. Hay suficientes ejemplos en el mundo de vueltas atrás y rebrotes en disimiles contextos. Parte de esa explicación consiste en que es casual que ocurra aquí o allá, aunque siempre será manifestación de aquella causalidad. Y ahí podría quedar la explicación de todo: los rebrotes ocurren porque responden a una causalidad macro del fenómeno pandemia, que se abre camino aquí o allá cuando los disparan gatillos específicos.

No niego la veracidad de ese marco de solución del asunto, pero me aparto un poco de él por una razón profunda.

El virus y la enfermedad se expresan de manera relativamente estable, y esa estabilidad permite la elaboración de protocolos de tratamiento efectivos, siempre dentro de ciertos rangos y tiempos. Pero los procesos que involucran lo biológico y lo social están lejos de ser automáticos. Para entender cómo se manifiesta la pandemia y como impacta en un contexto necesitamos considerar la situación social en términos menos generales. Los impactos en una sociedad y una localidad dependen del contacto entre el agente viral y las vulnerabilidades sociales a través de las personas. Son esas vulnerabilidades las que propician los mayores estragos, y para evitar ciertos comportamientos necesitamos pensar en las condiciones sociales que los favorecen. No estamos frente a un desastre o fenómeno natural, sino ante uno socioambiental, donde las vulnerabilidades sociales cuentan y cualifican.


Un poco de historia pueblerina

Para entender las vulnerabilidades sociales de una parte de nuestro territorio nacional como Bauta debemos acercarnos, aunque sea por arribita a su historia, su devenir en el tiempo. Lo haré recurriendo a lecturas y a mi memoria como persona que nació, se crió y vive aquí. De ellas varios elementos sobresalen por su impacto simbólico y práctico: la carretera central, el acueducto, la textilera Ariguanabo, la Revolución, la migración, la crisis de los noventa y sus secuelas de largo plazo.

Bauta es un poblado cuya fundación se remonta al siglo XIX (1850). Tiene doble nombre, Bauta por el apellido de un canario que se asentó en la zona a mediados del siglo XVI, y Hoyo Colorado por el color de sus tierras y el cuenco en que está ubicado. El poblado quizás sería hoy semejante a otros asentamientos cercanos más pequeños, como Corralillo o Anafe, de no haberse construido en los años veinte del siglo pasado la carretera central. Esta vía le confirió una ventaja en las comunicaciones, el comercio y como se suele decir, la recolocó en el mapa para llegar a ser algo más que un lugar ubicado en las cercanías de la laguna “La Pastora”, a orillas del antiguo camino de Vuelta Abajo.

A la carretera y su impacto se sumaron dos obras, la textilera Ariguanabo en la década del treinta y en los cuarenta el acueducto del pueblo, que le confirieron el doble atractivo de lugar donde había trabajo y condiciones para vivir. Familias campesinas que habían perdido sus pedazos de tierra o se vieron forzados a venderlos, como mis abuelos, llegaron a este lugar desde los campos cercanos en busca de trabajo para ellos y una mejor vida para sus hijas e hijos.


Mixtura cubana

Aunque la textilera llegó primero, el acueducto se promocionó como un progreso, y con el tiempo, el tanque elevado para el abasto por gravedad, se inmortalizó en el imaginario. Realmente, no era más que un tanque ordinario, sin mayor belleza que la inherente a un objeto técnico, pero visible desde lejos, y con el nombre del pueblo a la vista. Ya en los ochenta no tenía una función útil, pues el pueblo había rebasado con mucho la capacidad de distribución por gravedad y se bombeaba el agua. Pero el símbolo estuvo ahí hasta que un huracán lo hizo caer a principios del siglo XXI. Estaba en ese momento pintado en la parte superior, herrumbroso y deteriorado en su estructura de sustentación. Aunque hoy en su lugar esta situado otro tanque, su semejanza con el anterior no alcanza siquiera el nivel de una caricatura. Incluyo este comentario porque ayuda a comprender las particularidades del problema de los símbolos y las identidades, y roza el problema de la administración pública que a lo largo de toda la historia local ha tenido altibajos de todo tipo.

Todos sabemos que los símbolos arrastran multitudes y que el proceso de su elaboración no es completamente aleatorio. En este caso no lo fue, pues el tanque fue promocionado como obra de progreso, y en su construcción tuvo presencia la persona, el interés y el capital que antes habían estado en la textilera. Pero llegó a ser un símbolo que no representaba y no representa un sistema social, sino la localidad y el espacio de convivencia local compartido por su población.

Los símbolos culturales que valen en una población no son solo históricos o patrióticos, incluyen cosas que en sí mismas, como esta del tanque de agua, pueden parecer ridículas a los ojos de otros, pero son sumamente delicadas. El nudo de la cuestión no está en el objeto, sino en el imaginario popular, en esa trama profunda e inexplicable que une un objeto técnico o cualquier otro, con recuerdos y vivencias personales y grupales. Y no obstante lo ridículo que parezca, el símbolo hace su trabajo desde el interior de quienes lo comparten: identifica, convoca, moviliza, genera coherencia en el nosotros que tanto se necesita para afrontar las situaciones difíciles de la vida. Por acá faltan símbolos de ese tipo.

La textilera legó una cultura del trabajo fabril, la disciplina obrera, y también un sentido de privilegio y hasta de casta o aristocracia obrera. Esto último estuvo presente en una parte de quienes trabajaban allí, que podían permitirse una casa de tabloncillo, el lujo de una empleada doméstica y a veces de un auto. Este último, según confesión de un dueño de gasolinera que conocí, a veces solo se movía por el pueblo para exhibición, porque no era costeable, pero era todo un símbolo de estatus social. Era una especie de versión criolla de aristocracia obrera, estatus capitalista del empleado exitoso, que quizás fuera una de las fuentes de la primera migración después del triunfo revolucionario. Lo menciono porque la migración y el tránsito de personas es un factor relevante de la situación actual del territorio.

La revolución social que triunfó en 1959 trajo cambios positivos de todo tipo, como en el resto del país, y el territorio cambió bastante. La población creció vinculada a la industria textil, azucarera y la ganadería vacuna, instituciones educativas, de salud y culturales, además de un nivel educacional mucho más alto. El territorio tenía historia y se hizo más historia en estos años, baste recordar la presencia del Che, Ministro de industrias, entre muchos acontecimientos relevantes.

Tras un largo devenir positivo, desde los noventa comenzó a sentirse en la localidad el impacto del período especial, la migración a los Estados Unidos que existía desde los sesentas, y una inmigración interna, de cubanos que desde otras provincias no alcanzaban a instalarse en la capital pero encontraban aquí y en los alrededores espacio propicio y cercano para permanecer en tránsito y finalmente quedarse o partir a la ciudad. Entre otros impactos el identitario y de calidad de vida se ha hecho notar. Creció en esos momentos el territorio urbano de forma desordenada y sobre todo, sin la creación de infraestructura, lo que empeoró varios servicios, como electricidad y agua. Desde entonces nos acompañan problemas vinculados a la tensión poblacional que impacta en todos los servicios, incluidos el agua, la recogida de basura y los servicios comunales en general, no solo mercaderías.

Aunque Bauta está situada en un cuenco, con un manto freático apenas a 7 metros de profundidad y la humedad es un problema serio en la temporada de lluvias, no recuerdo en mi infancia albañales desbordados en las vías, ni impedimento para salir a montar chivichana, patines o carriola por las calles asfaltadas. Las había asfaltadas y de piedra, cada una en su calidad. Debíamos esperar el período de lluvias para que se inundara “la laguna”, un terreno baldío en el centro del pueblo donde se acumulaban las aguas pluviales, para escaparnos de las casas y disfrutar del espectáculo. Pasada la emergencia el lugar permanecía seco, allí empinábamos papalotes, y disfrutábamos del circo y los caballitos cuando pasaban por el pueblo. Los noventa legaron una práctica no superada hasta el presente, de romper aceras para que el albañal vierta de los patios a las calles, con graves consecuencias para la higiene y la salud. A lo anterior se suman desde entonces los vertimientos de aguas negras del alcantarillado. Por su parte una obra costosa para evitar las inundaciones de “la laguna” la convirtió con el tiempo en lugar al que evacuan aguas negras y contamina una real laguna al sur del poblado donde van a parar. La "laguna" pasó a ser una cloaca en el centro del pueblo, que se distingue como un bello cuadrado verde casi al centro en los mapas e imágenes satelitales, y ofrece un espectáculo muy distinto para los transeúntes.


Los problemas ambientales no son poca cosa en este lugar. De hecho, al salir a caminar para estirar las piernas y practicar un poco de ejercicio no puede uno menos que sentir que está viviendo en un lugar desordenado y falto de higiene, por momentos con basureros improvisados que hieren la vista y el olfato. Y no es algo que pueda atribuirse simplemente a que las autoridades no hagan su trabajo, -que seguramente debe seguir mejorando porque es insuficiente organizativa, tecnológica y materialmente-, sino que cada basurero que se genera de la noche a la mañana, literalmente, surge mediante la colaboración no convocada y perversa de muchos habitantes de localidad. Se trata de una irresponsabilidad que se alimenta de indiferencia y desarraigo. Son paradojas de una identidad en equilibrio de quiebre que está detrás del problema que hoy enfrentamos.

Los noventa trajeron también el dólar y el CUC de una manera intensa. En un espacio tan pequeño llegué a contar más de veinte establecimientos en CUC en los noventa, y en la actualidad se cuentan unos 16, que incluyen dos en dólares, resultado de la reciente reforma.

Desde sus dos nombres parece que a este poblado lo acompaña la ambivalencia, pues aquí todo es dual, bueno por una cara y no tanto por otra. Preferimos la buena cara, pero no por desviar la mirada la otra deja de estar ahí. La textilera y la enseñanza técnica que llegó con la Revolución creo que nos legaron además un ingenio mecánico que se manifiesta en muchos negocios actuales en talleres de tornería, mecánica y cuanta cosa se necesite. Más que mecánica, en ellos se hace la magia de crear lo imposible, desde las piezas de un auto o una maquinaria de los cuarenta, de una bicicleta, una moto o una Verjovina de los setentas, o de un vehículo más moderno. Otros servicios de reparación como los de TV, celulares y PC responden a dinámicas semejantes. Una de las características de este sitio es que se produce de todo, sea legal o no su producción, y no en pequeña escala, sino en la escala que la mente concibe y los recursos permiten, siempre con el horizonte de la gran ciudad cercana, o más allá. Algunas personas de la ciudad grande suelen decir, que si necesitas algo y no lo encuentras, deberías buscarlo en Bauta. Este pueblito tiene jiribilla.

Además de su utilidad práctica que sirvió a la economía y la cultura, a las reuniones de Orígenes y al crecimiento local, la carretera central devino una especie también de símbolo o parteaguas. Recuerdo en los ochentas, como servía de línea divisoria de un paisaje monótono hacia La Habana. Era fácil distinguir entonces, al norte de la carretera infinitos pastizales, con sus postes blancos y alambrado de púas, a veces con ganado vacuno, y a veces ninguno, esto último, sobre todo, desde la crisis de los noventa. Y al sur de la vía, infinitos cañaverales. Ese paisaje de pastizales y cañaverales cambió, quedan los pastizales a un lado, y al otro tierras que no se distingue siempre si están ocupadas o no, o en qué lo están. No es el paisaje típico del campo, con diversidad de árboles, productores y cultivos, sino el de una zona abandonada por una producción que ya no está, y otras que todavía no han logrado sustituirla completamente. Se añade al paisaje la presencia de nuevas viviendas en las cercanías del poblado, bien construidas y amplias, al modo de villas suburbanas de un sector con más recursos económicos. Otras obras importantes me remiten a la autopista nacional en el tramo hacia Pinar del Río. No describo el camino hacia Artemisa, porque uno de los problemas culturales e identitarios de este territorio consiste en que una parte creo que relevante de sus habitantes mira más al norte y al noreste que al sur suroeste.

La división político administrativa ubica la localidad en la provincia Artemisa, cuya capital es la ciudad del mismo nombre. Pero las identidades no se generan en un día, y la nueva capital provincial sigue siendo, al menos para una parte de los que viven en Bauta un territorio lejano, que carece de atractivos y sentido de pertenencia. Así una parte de la identidad tiende a lo capitalino, lo que se reafirma en las conexiones, y los vínculos sociales y laborales. Creo que con independencia de la división político administrativa, en lo que respecta a la pandemia al decir Bauta convendría pensar más en las lógicas de La Habana, que en las de Artemisa. En ese sentido es un territorio frontera que está más conectado hacia afuera que hacia adentro de la provincia.

Su población tiene los pies bien puestos sobre la tierra, pero padece cierto estrabismo identitario. La mirada de unos se dirige hacia el suelo y los zapatos, para centrarse en lo inmediato. Otros miran al horizonte que ofrece al norte noreste, la ciudad capital donde hacen su vida, pues La Habana que se vislumbra en la bruma mañanera y se ilumina al atardecer desde algunas azoteas y edificios no solo fue capital provincial: es lugar de trabajo, recreación y abastecimientos. Tampoco son pocos quienes tienen el horizonte más al norte o al norte noreste, hacia los Estados Unidos y Europa, a donde sueñan emigrar, o de dónde vienen los recursos con que alcanzan un nivel de vida superior al que tendrían si solo contaran con sus ingresos nacionales. No es extraño que los estrabismos impidan a unos y otros percatarse de los semejantes que tienen al frente, por quienes deben preocuparse y con quienes deben colaborar. Faltan sensibilidades y solidaridades.

Todo lo anterior intenta solo ilustrar la situación muy compleja en que vive la población de un territorio tan pequeño y grande. Pequeño, pues una persona saludable puede recorrer su perímetro urbano y trazar andando dos líneas rectas que se crucen en su centro, sin alcanzar los 10 000 pasos. Pero es a la vez inmenso, porque alberga las realizaciones, esperanzas y sueños de más personas que las que pueden registrarse en un reporte estadístico de habitantes.

La mezcla de indiferencia, descuido e irresponsabilidad en la que incurrieron varias personas, animadas por sentimientos religiosos, de confraternidad, o simple relajamiento tras varios meses de mucha tensión por la pandemia produjo un resultado negativo que no se explica solo por la conducta individual de cada uno de ellos. Creo que pone de relieve el quiebre identitario que permite la omisión del otro y frena la construcción de un nosotros más colaborativo. Es algo negativo, pero completamente humano. Y lo más importante, es algo superable si se identifica bien y se hace el trabajo necesario en la comunidad. No es un problema de ellos, es un problema de nosotros.

La complejidad aumenta cuando comprendemos las cualidades del territorio como frontera en sentido migratorio. Bauta no es solo un sitio de asentamiento, es también un sitio de paso y de acogida, cruce de caminos, delimitación entre la ciudad y el campo, lo que está al frente y lo que está a la espalda, punto de mixtura y sincretismo, de identidades que se reconstruyen. Tomo una imagen prestada de Ítalo Calvino que me enseñó el amigo Leonardo Montecchi para explicarlo. Como en Ciudades invisibles nuestra Despina es una ciudad del deseo que se presenta diferente a quienes llegan del desierto y el mar. El deseo de los viajeros transforma la imagen que entreven de la ciudad. Los que vienen del desierto ven el barco anclado en el puerto listo para partir, y los que arriban de la mar ven las largas caravanas de camellos que permitirán cruzar el desierto. Quien cuida los camellos y el marinero ven a Despina como una ciudad fronteriza entre dos desiertos. Cada quien describe y siente una Despina diferente.

El poblado de Bauta no tiene ni mar ni desierto, pero viene a ser una singular Despina, un pequeño pueblo en condición de frontera imaginaria del deseo, que sirve a unos y a otros e integra muchas voces diferentes. Al entenderlo como una sola voz, estandarizamos y omitimos, y corremos el riesgo de perder los interlocutores.

Por otra parte, en Bauta ha tenido lugar una estratificación social muy marcada entre personas con ingresos y niveles de acceso muy diferentes, pero no separadas en guetos o repartos distantes, sino por la pared entre dos departamentos de un edificio, el mínimo pasillo entre dos casas, o los metros del ancho de una calle. En un espacio mínimo la diversidad es enorme. En un contexto social así no basta por ejemplo, que un mensaje sea difundido en la televisión o la radio para que sea escuchado, y cuando esto se logra, para que sea comprendido e incorporado a las acciones por cada habitante. Se requiere trabajo social desde la base, minucioso y dedicado para comprender la diversidad de sistemas de signos que se adecuan y con los que reconocen y narran sus realidades las personas que las viven, porque en Bauta no se vive una realidad única, la localidad se nutre de muchas realidades que conviven en un espacio apretado.

Y no obstante, es un bello lugar, donde al salir a algunos espacios puede uno toparse todavía con un zun zun y un majá Santamaría.


Para cerrar la partida

Una conversación a la mesa de dominó no termina nunca sin alguna conclusión, por pequeña que sea.

Quizás un dicho nos sitúe en el camino de entender lo ocurrido en breves palabras.

Pueblo chiquito, infierno grande.

Bauta es pueblo chiquito…, con lógicas de frontera, aspiraciones de ciudad y añoranzas de campo, lugar de encuentro, conexión y partida, presión poblacional, convivencia sencilla y opulenta, avances y retrocesos socioambientales, cuestiones pendientes, identidad local en delicado y frágil equilibrio de quiebre…

Dual y ambivalente comenzando por sus nombres, no es extraño que en un contexto así aparezcan sorpresas negativas, y tampoco será sorprendente que nos sobrepongamos a ellas, continuemos colaborando y sigamos adelante hasta la recuperación completa, con todos y para el bien de todos.

Carlos J. Delgado

29 de julio 2020

El texto ha sido publicado por la revista Aurora, número 9, 2020.


miércoles, 8 de julio de 2020

EDGAR MORIN, 99 AÑOS

Hoy celebramos el 99 cumpleaños del filósofo francés Edgar Morin.


Su obra representa un arsenal invaluable de ideas, alertas y mensajes esperanzadores, a los que va unida la crítica elocuente y fundamentada de la violencia, las transgresiones a la dignidad humana y una profunda filosofía de vida que promueve la comprensión humana, y la atención al desafío de la complejidad.

Hace unos años le escuche comentar con amigos sobre el sentido de la vida. Es una pregunta a la que han dedicado reflexión los filósofos de todos los tiempos. Con la naturalidad que le caracteriza el maestro Morin afirmo, que su sentido inherente no es otro que vivirla. Y en ello creo que está uno de los secretos de su vitalidad física, moral e intelectual. No es y nunca fue un filósofo de gabinete, y aunque algunos intelectuales se sienten abrumados por sus metáforas y preferirían quizás conceptos que las sustituyan, en ellas se encierra uno de sus aportes más significativos: el de trascender las fronteras de los saberes enlazando con un pensamiento que vive, como le gusta recordar, a la temperatura de su propia destrucción, siempre creativo, siempre innovador.

Quienes hemos estudiado su obra con gusto, y tenido el privilegio de conocerle y escucharle en congresos y videoconferencias, apreciamos esa voluntad de vida que trasciende y anima, que se da en la entrega en cada sesión de trabajo, en cada conferencia donde vibra y hace vibrar al auditorio, para quedarse con nosotros y acompañarnos después, en la reflexión y en los momentos difíciles.

Por eso con su avanzada edad, continúa aportando de manera fundamental a la comprensión de la aventura humana, de la complejidad del ser humano y nuestra humana condición.

He aquí un recuento incompleto de su quehacer intelectual vibrante en medio de la pandemia del coronavirus:

11 de abril 

El País publicó la entrevista Edgar Morin: “Vivimos en un mercado planetario que no ha sabido suscitar fraternidad entre los pueblos” 

16 de abril

Paris Match publicó la entrevista Edgar Morin "Paroles de sage" (Palabras sabias)

19 de abril

Le Monde publicó la entrevista Edgar Morin: "Cette crise nous pousse à nous interroger sur notre mode de vie, sur nos vrais besoins masqués dans les aliénations du quotidien

Posteriormente el 2 de mayo se hizo eco de ella en castellano Milenio de México. 

21 de abril

La serie Tracts de crise de ediciones Gallimard publicó en su número 54  el texto de Morin "Festival deincertidumbres". Versiones en castellano están disponibles en la Comunidad de Pensamiento Complejo y en la revista Ignorantes

25 de mayo

Le club des juristes, publicó La crise sanitaire du covid 19 et le risque detats neo totaliraires

Una versión en castellano fue publicada el 2 de junio con el título "La crisis sanitaria del Covid 19 y el riesgo de Estados neo-totalitarios" 

5 de junio

Hace apenas unas semanas, se realizó el webinar "Vías para el futuro: el mundo post covid-19", organizado desde Brasil, donde el maestro compartió con varios colegas y el público durante aproximadamente una hora y media.

 
 

Hoy 8 de julio...

Con la supervisión científica y la participación directa de Edgar Morin, organizado por la UNESCO y la Fundación Promigas, comenzó el curso Los siete saberes y la agenda 2030, un MOOC dirigido a los jóvenes y al más amplio público, que conecta las problemáticas del libro Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, con la agenda 2030. 

El curso evidencia el impacto de esta obra de Morin, a la vez que le rinde merecido homenaje en su onomástico.

¡Cuanta obra y cuán actual maestro Morin!

Académicos y personas de todo el mundo que le admiran le enviamos hoy felicitaciones al maestro. 

Entre ellas quiero mencionar el video sorpresa que preparó la Comunidad de Pensamiento Complejo, y que está disponible en youtube donde se expresan los mensajes de felicitación de varias amigas y amigos de todo el mundo. 


¡Felicidades querido maestro Edgar Morin!


Carlos J. Delgado

8 de julio de 2020


martes, 9 de junio de 2020

DOS OPCIONES DE CALIDAD PARA EL APRENDIZAJE EN LÍNEA

En estos tiempos difíciles de pandemia, una de las modalidades que ha ganado posicionamiento es la educación en línea. El aislamiento social ha recolocado las opciones de educación, comunicación y trabajo en línea, y como resultado, las universidades y otras organizaciones han fortalecido en las nuevas circunstancias el uso de esta modalidad.

Existen críticas de todo tipo, muchas de ellas completamente válidas. Es cierto que las formas nuevas no pueden sustituir por completo las formas anteriores, se trate de la lectura de un libro digital o un libro impreso, de una conversación directa entre personas, una llamada telefónica o una vídeo llamada. También es cierto y válido considerar las falencias y los sesgos de discriminación que implica la nueva modalidad, pues el acceso está lejos de ser universal y masivo como se suele declarar. La agenda de pros y contras es muy amplia, y en cada caso debe considerarse en detalle cómo y cuándo puede ser una u otra modalidad, o la combinación de ambas una oportunidad importante para promover el aprendizaje y contribuir a la comunicación y comprensión humanas.

Quiero presentarles hoy dos de esas oportunidades, a la vez amplias, internacionales y sin costo: el debate "Veredas para el futuro: El mundo post covid-19" que tuvo lugar hace unos días, y el curso masivo en línea "Los siete saberes y la agenda 2030", que comenzará el 8 de julio próximo.

VEREDAS PARA EL FUTURO...

El pasado 5 de junio tuvo lugar la sesión de debate abierto "Veredas para el futuro: El mundo post covid-19", que contó con la participación de Edgar Morin (investigador emérito CNRS), Alfredo Pena-Vega (investigador EHESS), Cristovam Buarque (Profesor emérito UnB).

Fue notable en este encuentro la participación de los ponentes invitados, el diálogo entre ellos, la elocuencia sin par de Edgar Morin y la profundidad del análisis de las alternativas que se presentan. Ante ellas será necesario navegar, pues no es cuestión de simples opciones, unas buenas otras malas, que puedan separarse de manera dicotómica para elegir entre ellas. Se necesita pensar, ejercer el criterio, reconocer a los demás, y reconstruirnos desde nosotros mismos de frente a las nuevas circunstancias. La incertidumbre es una de las constantes del mundo post-pandemia, y lo es también la esperanza y la responsabilidad.

Fue notable también en esta sesión el nivel de participación del público, expresado en los comentarios enviados durante la trasmisión, y la atención que recibieron por parte de los ponentes y los organizadores.

Toda la sesión y las participaciones, con una duración de una hora y 35 minutos, está accesible en youtube https://www.youtube.com/watch?v=qlCoQPsIFIc&t=1s

Recomiendo visualizar y compartir esta experiencia de intercambio y aprendizaje, posible hoy gracias al uso de esta modalidad que tiene entre sus virtudes romper fronteras y aislamientos intelectuales.

LOS SIETE SABERES Y LA AGENDA 2030...

Está abierta la matrícula para el curso masivo abierto en línea "Los siete saberes y la agenda 2030". Organizado por la UNESCO (Oficina de Montevideo) y la Fundación Promigas, cuenta con la participación de expertos latinoamericanos y se propone examinar los vínculos entre las bases para una reforma de la enseñanza y el pensamiento, propuestas por Edgar Morin en su obra Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, y la agenda 2030.

El vídeo promocional del curso está disponible en: https://youtu.be/fb-3XUzArQ0

El curso fue planeado y concebido antes de que estuviera presente la COVID-19 y la situación emergente asociada a esta enfermedad, pero sin lugar a dudas, llega en un momento muy oportuno. La salida de la crisis sanitaria no debería ser una simple vuelta a la normalidad de un pasado educativo y productivo, donde los grandes perdedores han sido la vida en la Tierra, y como parte de ella, la vida de millones de seres humanos. Hoy más que nunca se requiere pensar la reforma profunda de la educación y encauzar por derroteros viables la agenda 2030.

El curso tiene una duración de 7 semanas, con un tiempo estimado de 27 horas de estudio. Es un plazo suficiente para un acercamiento a la obra y propuesta de uno de los pensadores más activos, propositivos y profundos de los siglos XX y XXI, de quien tenemos a través de este curso, la oportunidad de aprender.

El siguiente vínculo permite registrarnos e inscribirnos: https://unesco.us18.list-manage.com/track/click?u=423e2cdaeff54467ef2954cd0&id=98d5e2a0dd&e=582217b605

Completada la inscripción se puede acceder al aula virtual, familiarizarnos con su estructura, en tanto esperamos el comienzo el próximo 8 de julio.

Les invito a socializar estas dos opciones de aprendizaje abierto.

Carlos J. Delgado
9 junio 2020

viernes, 24 de abril de 2020

DIÁLOGOS 1: CINCO CLAVES PARA REINVENTAR LA EDUCACIÓN


Les comparto en el día de hoy algunos pensamientos para motivar el diálogo entre maestros y estudiantes con los contextos en que vivimos. Lo hago en respuesta a la solicitud de la maestra Lina Esmeralda Flórez Perdomo quien trabaja con sus estudiantes de especialización en Pedagogía en docencia universitaria, algunas de las problemáticas planteadas en el libro Reinventar la Educación, que aborda la complejidad educativa.
Atravesamos en este momento circunstancias de emergencia sanitaria por la pandemia COVID-19 que tendrán impactos de largo plazo en la vida social, y la educación. Hemos llegado a un punto en la civilización occidentalizada, en el que el riesgo a la vida humana y el resto de las especies hace inevitable un cambio en los derroteros tomados. El cambio es necesario, pero qué cambio ocurrirá va a depender de nuestras reflexiones y acciones, del tipo de voluntades que la educación pondrá en movimiento, en qué direcciones y con qué propósitos. 
Hace mucho tiempo que autores relevantes han alertado sobre la necesidad de adoptar cambios fundamentales, reconocer la complejidad del mundo y asumir el desafío que representa la complejidad educativa. Cada día, las educadoras y educadores contribuyen con su labor a formar la masa crítica o acrítica de personas que impulsarán el cambio. El pensamiento crítico habilita para generar cambios, mientras su ausencia contribuye de forma decisiva a que las personas sean arrastradas por derroteros definidos y programados sin su participación. Como formidable invento humano la educación necesita ser reinventada, esto es, repensada y reconstruida desde sus raíces, institucionalmente, y en las prácticas, individuales y colectivas de quienes actúan en ella.
A estas cuestiones prestaremos atención a continuación.

Clave 1. Pensar la complejidad educativa de la mano de Edgar Morin y Paulo Freire
Dos autores, entre muchos valiosos, contribuyen hoy a pensar la complejidad educativa: Paulo Freire y Edgar Morin. Para la comunidad de educadores en Latinoamérica representan además dos ejercicios de pensamiento teórico, volcados a la práctica, y convergentes sobre los cambios más importantes que deberán realizarse en el terreno educativo.
Si entendemos lo complejo como lo entretejido, necesitamos reconocer que no es posible tomar de una vez todo lo entramado y agotarlo, pero tiene mucho sentido asumir su posible realidad, e indagar para verificar hasta dónde lo estudiado es simple, o hace parte, o encierra en sí mismo un entramado complejo. Es obvio que la educación cumple con esta primera condición y se nos presenta como una trama de interrelaciones. En ella, además podemos reconocer asimetrías, puntos y redes más relevantes que otras en determinados parámetros de tiempo. Sobresale, además, un tercer elemento relevante para identificar la complejidad: lo que aparece, emerge, como resultado de esas tramas de interrelaciones tomadas en su conjunto. 
Un primer paso consistiría entonces en identificar elementos clave por su relevancia e impacto en los procesos educativos. Llamo la atención sobre tres, sin que esto signifique no que existen otros: las relaciones de poder, la acción, y la epistemología.
La educación siempre encierra una relación de poder. Es indudable que existen límites y espacios entre los actores, que pueden ser de muy diverso orden, por ejemplo, comunicacionales, institucionales, sociales generales… Pero lo anterior no significa que el educar pueda reducirse a la obediencia ciega de los educadores con respecto a la institucionalidad educativa y social establecida, o que pueda reducirse el educando a un receptor pasivo de instrucciones a obedecer y aprendizajes a incorporar y repetir. Sin embargo, estas son prácticas bien conocidas que todavía se mantienen en la actualidad, aunque muchas veces disfrazadas de modos “activos” de enseñanza.
La lectura de autores como Paulo Freire y Edgar Morin nos enfrenta a la necesidad de reconocer que la educación es política, expresa relaciones de poder que necesitan ser pensadas, repensadas y sometidas a escrutinio crítico. Esas relaciones van desde lo inmediato entre los actores en el aula, hasta lo más distante, pero onmipresente: las relaciones de poder político en la sociedad. A su vez, la educación no es pura reflexión, no es un ejercicio de pensamiento y suposición: la educación es sobre todo y por encima de todo acción. El educador actúa, con su quehacer transforma, y siempre, por muy opresoras y restrictivas que sean las circunstancias, cuenta en el aula con un espacio que puede aprovechar para realizar su labor, ejercer y promover desde sí, y en comunidad con el resto de los actores en educación, los valores que permitan a los educandos el crecimiento necesario para hacerse cargo del mundo en que viven, y ahondar en su conocimiento. No es conocimiento de un mundo externo que se examina desde fuera con telescopio o con lupa, sino el conocimiento del mundo en que se vive, con el que se está involucrado porque en él se desarrolla la vida propia y la de los demás. La complejidad de ese mundo que se estudia nos incluye, formamos parte de él, estamos dentro.
Contrario a lo anterior, una de las mayores debilidades de la educación contemporánea es su descontextualización. Esta resulta, entre otras muchas razones, de la separación de contenidos asociados a propósitos de formación, de la meta a alcanzar representada por el nivel de egreso a que se aspira, y que por su forma se representa como contenido puro, y como tal, adquiere universalidad descontextualizándose.
La educación como acción en contexto debe reconocer el poder y las relaciones de poder en sus múltiples formas, y examinarlas a la vez que actúa sobre ellas. Esto concierne en primer lugar al poder de los maestros sobre sus alumnos, cambiando las relaciones de simplificación que lo reducen a una relación de entrega-aceptación, de envío-recepción, de instrucción-asimilación, orden-obediencia. 
Por ser acción en un contexto al que se pertenece, la educación requiere de una detallada y reiterada reflexión epistemológica por parte del maestro, y su dedicación a que el educando se adentre paulatinamente en ese campo. Se requiere una reflexión sobre los orígenes y las fuentes de los conocimientos, sobre los actores del proceso educativo, las relaciones de comunicación y acción que se establecen entre ellos. Dada la diversidad humana y la diversidad de situaciones educativas no existe una epistemología única y definitiva ajustada y lista para ser “aplicada” o “usada” en la acción educativa. Se requiere madurar las relaciones epistemológicas implicadas en el acto de educar aquí y ahora, entre estos actores y con estos contextos. Por eso la labor es infinita y no debería reducirse a esquemas estrechos y rígidos, o a recetas didácticas supuestamente infalibles, por muy elegantes y pertinentes que resultasen en las experiencias previas.
Para adentrarnos en la complejidad educativa, deberíamos hacerlo de la mano de la inmensa obra de Morin y Freire, teniendo en los horizontes las relaciones de poder, la acción educativa, y la necesidad de pensar y repensar los marcos que habilitan la cognición, y que se pueden representar en esas tres palabras en vínculo con la educación: poder, acción, epistemología.

Clave 2. Educar en contexto
Reinventar la educación emana de una necesidad legítima, no es un acto de rebeldía o contravención institucional, sino de responsabilidad y creatividad. Ese acto resulta, emana, de la conciencia que tenemos sobre el contexto en que educamos, y la necesidad de que la educación permita a las personas leer ese contexto, actuar en él y transformarlo.
El contexto, aunque lo expresemos en singular, nunca es único. Como en el caso del conocimiento, deberíamos referirnos siempre a los conocimientos y los contextos. Se trata de contextos imbricados, a veces de manera simple reconocidos por la escala diferente (inmediato, mediato, distante, o singular y general), o de un modo más complejo por la relación que implican, como cuando hablamos de lo local y lo global, que están de hecho presentes en lo que la escala reconoce como inmediato y en lo más distante también.
La complejidad de los contextos actuales nos obliga a reconocer y trabajar juntas realidades al parecer distantes, pues incluye la globalización y crisis ambiental planetaria, los modelos de construcción del poder, de colaboración y protección de las personas. Como ha puesto sobre la mesa de forma aguda, descarnada e inmediata la pandemia COVID-19, la sociedad contemporánea ha resultado incapaz de atender los problemas fundamentales que tiene ante sí. Parte de la responsabilidad en este punto corresponde a la educación, al deterioro sistemático de la preparación de las personas para una lectura crítica de la realidad en que viven, que desembocan ahora en sistemas de salud descuidados, falta de previsiones de los actores políticos en el poder, fallas en la cooperación entre las personas individuales, y toda una serie de hechos impactantes donde se hace evidente la ausencia de una lectura crítica de la realidad de vida. Entiéndase que no se trata de ausencia de criticismo social, político, periodístico o mediático, sino de que personas egresadas de los sistemas educativos en distintos niveles resultan incapaces de coordinar acciones, apegarse a normas sanitarias y de disciplina social básicas, o caen fácilmente en los brazos de noticias falsas, etc. Este tipo de situaciones evidencia de modo trágico, como al ser incapaces de autoprotegerse y proteger a los demás con medidas básicas como la limitación de las interacciones sociales, el resultado social de una incapacidad entrenada para no leer críticamente la realidad en que se vive, y para colaborar con otras personas. Evidentemente es un fenómeno multicausal en el que se hace patente la falla fundamental del sistema educativo actual: no se prepara a las personas para vivir en el mundo en que realmente viven, sino en otro ilusorio, ideal, que resulta inalcanzable para las mayorías, e insostenible para las minorías.
El contexto actual no es apocalíptico, pues está lleno de fenómenos positivos, incluye la globalización; los avances científicos y tecnológicos más relevantes en número y profundidad que hemos conocido en la historia de la humanidad; la aparición del conocimiento no manejable (profundo, intenso y extenso) que demanda constantemente preguntarnos por las consecuencias del uso de los conocimientos y nos convoca a ser responsables; nuevos horizontes para la vida humana mediante la transformación del cuerpo, del genoma y la salida de la humanidad a habitar en otros cuerpos celestes; la emergencia de nuevos saberes bioéticos, ambientales, y complejos; la responsabilidad de millones de profesionales dedicados en la salud, la educación, y otros campos. Y simultáneamente, es un contexto de crisis de la humanidad  entendida como su incapacidad para hacer frente y solucionar problemas fundamentales; de consumismo generalizado; de desastres socioambientales; de nuevos problemas existenciales sin que hubieran desaparecido o fueran resueltos un sinnúmero de problemas persistentes, como la discriminación, la xenofobia, la exclusión, la guerra, el hambre…; incremento de los problemas vinculados al control y la dominación social, la segmentación y la compartimentación.
Lejos de ser un contexto simple, es complejo, y en su complejidad se imbrican fenómenos positivos y negativos, locales y globales, individuales y sociales, culturales y naturales, que cada persona necesita aprehender y leer desde sus realidades de vida no como polos separados, sino en la compleja interrelación en que se realizan. 
El cambio educativo necesario para que la educación se coloque a la altura de los tiempos que corren no es sencillo, por eso hablamos de reinvención.

Clave 3. Educar considerando la responsabilidad y la creatividad

La situación actual de la educación demanda cambios curriculares, pero sobre todo entender el currículo en sentido freireano como “la totalidad de la vida de la escuela”. Esto no lo puede completar como acción un maestro o una maestra por sí mismos en solitario, pero la contribución de cada uno es fundamental.
Se trata de desarrollar un diálogo, que habilite una comunicación crítica a lo interno de los colectivos y las instituciones. En esto desempeñan un papel importante los proyectos educativos institucionales, por el marco general que ofrecen para habilitar el diálogo y la acción colectiva, y por supuesto también, en sentido estricto el currículo. Pero no bastan, ni pueden tomarse en aislamiento, requieren de la acción pertinente de cada maestro en el contexto específico del aula, donde cada estudiante es actor y debe ser reconocido como actor de un proceso de aprendizaje y creación a su vez, colectivos. Nuestras aulas continúan siendo espacios de competencia que habilitan algunas formas de cooperación, y no espacios de diálogo donde se habilita a quienes participan para ser competentes, que no significa ser “competitivos”, sino fundamentalmente, ser cooperativos.
Al menos cinco elementos deberían tomarse en consideración en este empeño dirigido a la colaboración responsable: el diálogo, la acción colectiva, la acción del educador, la del educando, y la resultante de todo ello, que redunda a su vez en elevar los niveles de cooperación previos. Cualquiera de los elementos anteriores puede servir como punto de partida, y contribuye a potenciar al resto, pero es en el conjunto de las interrelaciones entre ellos que podemos contribuir a que emerjan como realidades en un nivel más alto tres resultantes: la comunicación crítica, la comunidad educativa y la responsabilidad. 
Un grupo de profesionales registrados como trabajadores de una institución y un grupo de matriculados no constituyen por ese solo hecho una comunidad educativa. Otro tanto puede decirse de con respecto a la comunicación y la responsabilidad, porque no todos los que conversan alcanzan una comunicación crítica, ni porque cada quien sea individualmente responsable emergerá de ello una responsabilidad colectiva. No es una relación de adición simple. La cooperación y las acciones individuales por sí mismas no nos hacen responsables, ni habilitan por separado la comunicación crítica. La comunicación crítica, la responsabilidad colectiva y la cooperación del colectivo emergen a partir de las interacciones en los niveles inferiores como fenómenos cualitativos. 
La responsabilidad de cada actor, y la específica de los maestros y maestras para conducir el proceso en una dirección que habilite la reflexión crítica es a su vez un acto de responsabilidad, que es necesario ejercer a través del currículo y del proyecto educativo institucional, para realizarlo en el aula.

Clave 4. Reinventar en el aula
Reinventar el aula es un acto de responsabilidad del educador, que no es reducible a la introducción de nuevos recursos, nuevos medios o nuevas técnicas.
Considero que reinventar el aula significa emprender acciones al menos en las siguientes cuatro direcciones:
1. Reconocer el desafío de la doble contextualización de los procesos educativos: global y local. Por reconocer aquí entiendo tomar en cuenta al desarrollar acciones que el contexto es dual, nunca universal abstracto o completamente local y aislado. Al ser global y local implica la necesidad de tomar acciones que habiliten para reconocer y actuar en esos niveles interconectados en la vida.
2. Reconocer el desafío comunitario, pues el ser humano no es ni un ente social aislado ni un ente exclusivamente biológico. Lo social y lo biológico no solo se interrelacionan, sino que implican la recreación del mundo humano en una dimensión cultural que tiene bases sociales y biológicas que no son exclusivamente individuales, sino que forman parte de un nivel comunitario de pertenencia primaria, al que todas las personas se encuentran de un modo u otro relacionadas. Para educar es fundamental retomar ese nivel de realidad inmediata, y formular la pregunta por ese nivel.
3. Asumir el desafío epistemológico de la diversidad de sujetos y realidades presentes en el aula donde interactuamos, y pensar la transformación necesaria a partir de esa presencia de lo diverso. Cuando asumimos al matriculado y al empleado en educación como una figura estandarizada pasamos por alto las circunstancias específicas y el costo de esa descontextualización se paga con resultados formativos de espaldas a las comunidades y las realidades inmediatas de vida, en el egreso de sujetos que están supuestamente conectados con la sociedad a un alto nivel cognoscitivo por su especialización, y completamente desconectados de las realidades de vida.
4. Y finalmente, la educación, como la filosofía no se representan bien en la imagen del pensador que medita inmóvil, son entidades andantes, y la fragilidad de andar implica tomar la postura frágil de tener un pie en el aire hacia tierra firme que no sabemos si está, pero se presume que esté, para completar el paso. La educación andante requiere ubicar y ubicarse en el contexto de la realidad presente y de la utopía posible: la utopía de pensar el cambio de los actores presentes, educadores y educandos; y para eso es imprescindible formar y hacer crecer la comunidad de colaboración en que se constituyen como tales actores.
La utopía implica también la necesidad de reinventar más allá del aula…

Clave 5. Reinventar más allá del aula
Reinventar más allá del aula significa reconocer el contexto mayor y habilitar a los actores del proceso educativo para vivir en él y transformarlo.
El actual, es un contexto cultural caracterizado por el predominio de  formas políticas, económicas e ideológicas específicas que afectan directamente los procesos educativos:
1) El sobredimensionamiento de la política y de la política de intereses, contraria a una política de humanidad que se funde en valores civilizatorios y humanos generales. Es urgente promover elementos de civilización dispersos en diversas culturas para integrarlos a la cultura humana en su conjunto. Los países que la prensa suele llamar avanzados y civilizados pasan por alto la necesidad que ellos mismos tienen de asimilar e incorporar elementos de civilización, es decir, conocimientos nacidos en una cultura pero transferibles a cualquier otra. Por ejemplo, lo que Occidente necesita aprender de Oriente, y lo que todos necesitamos aprender de pueblos originarios que todavía habitan el planeta no es ni remotamente poco. Por su parte, los valores humanos tienen formas políticas e ideológicas específicas, pero no por ello dejan de expresarse, y es necesario proceder a su visibilización y rescate en el aula.
2) La dependencia y subordinación de la educación y la universidad al mercado de trabajo, debe sustituirse por una educación y universidad vinculadas al mundo del trabajo y la vida social. Este es un llamado que Morin viene realizando desde hace muchos años, pues la universidad necesita recuperar funciones sociales que les son inherentes, como la de extender los valores del pensamiento crítico, la pregunta al resto de la sociedad. Estos son elementos básicos para el pensamiento crítico, que tiene ante sí los obstáculos formidables de la ideología consumista y la banalización.
3) El consumismo como ideología dominante, es el factor subjetivo más corrosivo de la contemporaneidad al que es necesario hacer frente. Es pertinente recordar que la ideología del consumismo no es un ejercicio de consumir mucho, sino la generalización de un modo de satisfacción de las necesidades que consiste en la constante insatisfacción. Se trata de un modo de satisfacción, donde una necesidad satisfecha genera en el acto de satisfacción, la creación de una nueva necesidad, que genera entonces como consecuencia, la insatisfacción, y con ello reactiva la rueda giratoria en expansión del consumo sin fronteras. Esto tiene una relación directa con la falacia económica del crecimiento permanente.
4) La concepción limitada e inoperante de la ciudadanía como sistema de deberes y derechos, se expresa primero, en que no la reconoce como participación, involucramiento y creación colectiva; y seguidamente, en que se reduce la ciudadanía al individuo entendido como un átomo social. De esto sigue la representación de la sociedad como si fuera un conglomerado o sumatoria de esos átomos. En lugar de esto, debería ser entendida la ciudadanía como una pertenencia a espacios de creación individual, comunal, y colectiva.
5) La concepción limitada de la democracia que la reduce a un juego de ejercicio formal del poder es otra cuestión de considerable importancia. No se la hace nacer de las necesidades más profundas de la vida social, comunitaria y familiar, solo se la entiende como un juego formal del ejercicio público. Necesitamos avanzar hacia una comprensión cultural de la democracia. La transformación democrática que se necesita no está solo en los modos de elección y responsabilidad en el ejercicio de los cargos públicos, sino que radica en una transformación de la familia, la vida comunitaria y social para hacer vigentes en ellas formas de convivencia no autoritarias ni patriarcales, que reconozcan y se basen en el diálogo, la comunicación, la deliberación y la toma de decisiones consensuada. La educación debería promover ese sentido cultural de la democracia.
6) El predominio de una relación anómala y mutuamente excluyente entre los conocimientos científicos y el resto de los conocimientos humanos es otro signo de los tiempos, que adopta formas extremas en el anticientificismo y la negación de valor a los conocimientos que no tienen forma científica. Es constante la expresión de una dicotomía falsa, o ciencia o conocimientos cotidianos. Es falsa, porque en la vida humana nos nutrimos de una diversidad de conocimientos que es inclusiva, y a la vez distingue la pertinencia de conocimientos diferentes en sus espacios epistémicos. La dicotomía no puede ser superada ni con imposición de un saber sobre otros, ni con la exclusión de la ciencia y su sustitución con la pseudociencia, el fraude y la ignorancia. Su superación requiere del diálogo de saberes como ejercicio transdisciplinario que transgrede fronteras.
Mi comentario final es breve: los educadores y educadoras tenemos tarea por hacer.

Dr. Carlos J. Delgado
24 abril 2020

Presentación de diapositivas disponible en: https://www.slideshare.net/carlosjesusdelgadodiaz/cinco-claves-para-reinventar-la-educacin
Diapositivas disponibles en formato mp4 en:  https://youtu.be/wNu0efj_x1A