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Carlos J. Delgado


domingo, 5 de julio de 2020

CUBA COVID-19: CARTA TESTIMONIO DE UN PROTAGONISTA

La pandemia encontró en Cuba un país preparado con una estrategia gubernamental cooperativa, solidaria, basada en conocimientos científicos, valores humanistas, y responsabilidad social. Su convocatoria a la cooperación movilizó a los cubanos en el esfuerzo común para superar la contingencia sanitaria y salvar vidas.

Lo alcanzado hasta la fecha tiene innumerables protagonistas, cada uno con su pequeña y gran contribución a la obra colectiva.

Me complace compartir hoy una carta que el pasado 2 de julio dirigiera el doctor José Ramón Acosta Sariego a nuestros colegas del Capítulo Centroamericano y del Caribe de la Redbioética de la UNESCO, que se reunieron la tarde de ese día para un intercambio en línea, acerca de la pandemia y conocer las situaciones específicas de los diferentes países. Tiene el valor de la inmediatez, la reflexión profunda en la voz de uno de los protagonistas en la obra común, médico y educador, bioeticista de reconocido prestigio, colega y amigo.

Carlos J. Delgado

5 julio 2020

 

José Ramón Acosta Sariego. Doctor en Medicina. Especialista de Segundo Grado en Administración y Organización de Salud Pública. Master en Bioética. Investigador Titular. Profesor Titular de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana. Presidente del Comité de Ética de la Investigación Científica del ICBP. “Victoria de Girón”. Miembro del Comité Internacional de Bioética de la UNESCO. Vice-Presidente de la Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética UNESCO. Miembro del Comité Nacional Cubano de Bioética. 

Correspondencia: joseacosta@infomed.sld.cu  joseacostasariego@gmail.com


CARTA TESTIMONIO

La Habana, 2 de julio de 2020

Queridos compañeros y amigos del Capítulo Centroamericano y Caribeño de la REDBIOÉTICA:

Ante la imposibilidad técnica de participar on-line en el encuentro virtual pactado por nuestro Capítulo para el 3 de julio de 2020, por esta vía les hago llegar algunas informaciones y opiniones que quiero poner a consideración de ustedes. Voy a tratar de transcribir por escrito, el equivalente a los 4 minutos concedidos a cada país para exponer las particularidades del enfrentamiento local a la pandemia en Cuba.

Por haber sido seleccionado como parte de un grupo de profesores de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana para atender una línea de comunicación directa con la población creada por el Vice-Ministerio de Higiene y Epidemiología del MINSAP, no sólo he tenido acceso a la profusa información pública existente, sino a inquietudes y problemas de personas y comunidades que han sido particularmente afectadas por la COVID-19 en nuestro país.

El contexto en que aparece la pandemia COVID-19 en Cuba

Aquellos de ustedes que nos visitaron en septiembre de 2019 con motivo del IV Seminario de REDLACEB, tuvieron la oportunidad de constatar por sí mismos los efectos de las medidas coercitivas unilaterales e inmorales que la actual administración de los Estados Unidos ha puesto en práctica para recrudecer el bloqueo económico, comercial y financiero que ejerce contra Cuba desde fecha tan lejana como 1962. En aquel momento del pasado año eran patentes las consecuencias de la medida del gobierno Trump de sancionar a los barcos, navieras y aseguradoras, que se prestaran al comercio de hidrocarburos con Cuba. Esta y otras medidas provocaron no sólo el desabastecimiento de combustibles, sino que afectaron también los suministros de diferentes proveedores de alimentos, medicamentos y otros insumos. Es decir, que se originó una crisis inducida de carencias que contrastaba con la situación previa, cuando en tiempos de la administración Obama, la persecución norteamericana sobre Cuba disminuyó y se adoptaron políticas de descongelamiento diplomático que se reflejaron en el relajamiento de las tensiones entre ambos países y en la reanimación económica, en particular del sector privado, muy beneficiado por la demanda de servicios debido al incremento substancial de los visitantes foráneos.

Esta situación económica inestable se ha mantenido en la medida que el gobierno Trump ha continuado con su política de máxima presión sobre Cuba con nuevas sanciones, de las que se ufana sin el menor recato. Incluso la disminución drástica de los vuelos hacia y desde Cuba, hecha efectiva en enero de 2020, motivó que muchos cubanos residentes en ambos países, quienes se encontraban en visitas familiares, quedaran varados a uno y otro lado del estrecho de La Florida en medio de la pandemia, aún antes que se cerraran las fronteras. En abril de 2020, la sanción a la compañía cubana FINCIMEX, contraparte de la Western Union, dificultó aún más la posibilidad de las ayudas familiares que ya habían sido reducidas en su monto autorizado para determinado período de tiempo por una sanción anterior. Estos son solo algunos ejemplos del continuo paquete de sanciones que se ha engrosado sistemáticamente, con sus inevitables consecuencias sobre la calidad de vida de la población y el normal funcionamiento de la economía y la vida social. A despecho del clamor internacional para reducir tensiones y suspender sanciones como acto humanitario ante la pandemia COVID-19, en el caso de EE.UU. con relación a Cuba ha sucedido todo lo contrario, con la manifiesta intención de que se produjera una crisis humanitaria.

Otro elemento de alto riesgo fue que al declararse la pandemia, Cuba se encontraba en plena temporada alta del turismo con decenas de miles de visitantes extranjeros diseminados por todo el territorio nacional. Esta masiva presencia de visitantes en su mayoría procedía de países que resultaron ser altamente castigados por la COVID-19 como los propios cubano-americanos, canadienses, italianos y españoles. Miles de ellos aún permanecen en Cuba.

A la par de estas patentes amenazas, también se contaba con fortalezas que permitieron estructurar la respuesta cubana.

Debido a la permanente confrontación política con un poderoso enemigo y los riesgos de acciones agresivas que esta amenaza omnipresente conlleva, así como la habitual ocurrencia de desastres naturales del tipo de ciclones tropicales, tornados, penetraciones del mar, etc., Cuba se ha  visto en la necesidad imperiosa de desarrollar un fuerte sistema de protección civil que contempla la respuesta integral y coordinada ante este tipo de contingencias en los que participa y está entrenada toda la población.

Otros elementos que han resultado decisivos en el éxito de la respuesta cubana a la COVID-19, han sido la existencia de un Sistema Nacional de Salud integrado, público, gratuito y accesible para toda la población, sustentado en una poderosa red de Atención Primaria de Salud; la presencia de un pensamiento científico profundo en el área de la biomedicina simbolizado en instituciones, colectivos y personalidades líderes, pero diversificado hacia toda la red de centros donde confluyen la investigación científica, la docencia y la atención de salud; el desarrollo de la producción nacional de medicamentos biotecnológicos de última generación; a lo que también debe añadirse la experiencia acumulada por la gran mayoría del personal sanitario que hemos tenido la oportunidad de participar en el enfrentamiento a catástrofes naturales y grandes epidemias en Cuba y  otros países.

Finalmente, debe destacarse la existencia de redes sociales que propiciaron la cohesión local para hacer efectivas las medidas adoptadas y la protección a los grupos y personas vulnerables, así como y la participación popular intersectorial, que trascendió con mucho al sistema sanitario.

La estrategia cubana de enfrentamiento a la COVID-19

Desde enero ya habían sido aprobadas y divulgadas las versiones iniciales de la estrategia general y los planes de contingencia nacional y locales de enfrentamiento a la pandemia que fueron diseñados con gran antelación al surgimiento de los primeros casos diagnosticados en Cuba (dos turistas italianos detectados en la ciudad de Trinidad el 11 de marzo de 2020). Estas medidas han sido renovadas y enriquecidas de acuerdo a la experiencia adquirida con la evolución de la COVID-19 en el país.

La respuesta gubernamental ha sido diseñada y ejecutada, en permanente diálogo con la comunidad científica en debates abiertos divulgados por los principales medios de difusión. Se ha puesto en primer lugar el deber de proteger la salud y la vida de las personas, supeditando cualquier conveniencia política o económica al criterio científico de cuál sería la mejor decisión posible para alcanzar este bien supremo.

Posiblemente el único Jefe de Estado que hasta este momento haya publicado un artículo científico sobre el fundamento de la respuesta gubernamental a la pandemia ha sido el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez, quien lo hizo en coautoría con el profesor Jorge Núñez Jover, miembro del claustro de la Maestría de Bioética de la Universidad de la Habana y experto en temas de Pensamiento Ciencia-Tecnología, Sociedad. El presidente Díaz-Canel procede de la academia, anteriormente fue profesor universitario y Ministro de Educación Superior. Adjunto la versión del artículo publicado originalmente por la Academia de Ciencias de Cuba y divulgado posteriormente por la prensa.

La estrategia integral cubana ha logrado que el sistema de salud, preparado para satisfacer una demanda máxima de más de 20,000 camas en el momento pico fijado por los modelos de pronóstico para la primera quincena de mayo de 2020, no haya estado tensionado en ningún momento. Para garantizar esta disponibilidad se suspendieron temporalmente todas las actividades estacionarias clínico-quirúrgicas electivas, reduciendo el ingreso hospitalario no relacionado con la COVID-19 sólo a las urgencias y los tratamientos impostergables de enfermos crónicos. Esta previsión ha permitido internar en salas hospitalarias dedicadas a la COVID-19, no solo a los casos positivos sintomáticos o no, sino a parte de los contactos directos, y el resto de los sospechosos en centros de asilamiento especialmente habilitados al efecto en los bloques de alojamiento de centros docentes o turísticos. En el acmé de la pandemia, el 13 de mayo de 2020 (casualmente ese día, por muchas razones emocionante, coincidió con mi turno de trabajo en el puesto de mando de atención a la pandemia en el Viceministerio de Higiene y Epidemiología), fue cuando se registró el mayor número de casos activos en un día, 366, estuvieron ingresados en hospitales 1,046 pacientes, mientras 2,900 sospechosos estaban en vigilancia en la Atención Primaria de Salud.

La estrategia cubana contiene medidas de atención desde la población supuestamente sana al enfermo crítico como consecuencia de padecer la COVID-19. Este tratamiento progresivo de las manifestaciones de la pandemia como fenómeno epidemiológico ha contado con el apoyo abrumador de la población, en especial las medidas de protección, higiene personal y aislamiento; tanto aquellas de carácter obligatorio como el uso de mascarillas en espacios públicos, la higiene al ingreso a locales cerrados y el aislamiento forzoso en determinados barrios o municipios donde tuvieron lugar los más de 70 eventos locales registrados; así como también las voluntarias de autoaislamiento e higiene personal y hogareña.

Todos los viajeros que eventualmente han ingresado al país desde el cierre de fronteras a fines de marzo, han sido aislados desde su arribo y se les realiza un primer PCR. Los casos que resultan positivo se ingresan de inmediato. No obstante, los negativos permanecen aislados de manera obligatoria en centros especializados por un período de dos semanas, al término de las cuáles se les realizaba un segundo PCR y de corroborarse su negatividad se les da el alta epidemiológica. De igual manera se ha procedido con los contactos directos y secundarios de casos positivos que inicialmente resultaran negativos.

Desde fines de marzo se suspendieron también todas las actividades culturales, deportivas y sociales masivas, incluido el curso escolar en todos sus niveles, aunque se instauró una programación de teleclases para todos los grados de la enseñanza general. Estas actividades docentes audiovisuales han sido trasmitidas por varios canales de televisión de alcance nacional, a fin de mantener los conocimientos adquiridos hasta que se reanude el curso actual previsto para septiembre de 2020.

A pesar del cierre de las fronteras externas al tránsito de viajeros a excepción de los vuelos de carácter humanitario, se mantuvo el comercio de mercancías por vía aérea y marítima. El transporte público interno fue suspendido en todos sus trayectos y se crearon líneas especiales locales para garantizar la asistencia de los trabajadores de actividades económicas y servicios vitales, incluidos los de salud. Esta atención diferenciada al sector salud, comprendió la movilización de las urgencias, pacientes oncológicos, en hemodiálisis y otras situaciones requeridos de atención impostergable.

En cuanto a los trabajadores cuyas actividades laborales disminuyeron o recesaron, o quienes por cuestiones de edad o morbilidad asociada se aconsejaba su aislamiento físico, caso de ser posible fueron incorporados al teletrabajo al 100 % del salario, o cuando esta modalidad no procedía, fueron beneficiados con un subsidio de 100 % del salario básico el primer mes y del 60 % desde el segundo mes en adelante. Se suspendieron los impuestos y fueron diferidas las cuentas de servicios públicos como electricidad, gas, teléfono y agua potable para su pago con facilidades una vez que se restablezca la actividad normal del país.

Los ancianos que viven solos, personas minusválidas o especialmente vulnerables sin otro apoyo familiar, fueron beneficiados por un programa de atención que les ha garantizado la alimentación diaria y los medicamentos necesarios.

Esta aplicación humanitaria de la legislación laboral y la seguridad social ha contribuido a mitigar los efectos sociales, económicos y psicológicos producto de la paralización de una parte importante de la actividad laboral y docente del país y así se ha dado protección a la infraestructura de la vida individual y colectiva.

Una característica que ha distinguido las políticas adoptadas ha sido la total transparencia y profundidad en la información que se brinda a la población y los diferentes canales de comunicación que se han establecido. La conferencia diaria matutina que ofrece el MINSAP por la televisión nacional, se ha convertido en el programa de mayor audiencia, y la persona que brinda este parte diario, el Dr. Francisco Alberto Durán García, actual Director Nacional de Epidemiología, se ha convertido en una personalidad muy querida por la población. Menciono su nombre, porque tal vez Miguel recuerde que Durán en los años 90 formó parte del equipo de profesores que fundamos la mayor parte de las cátedras de bioética en las Facultades de Ciencias Médicas en el país, y me acompañó al Primer Taller de Educación en Bioética del Programa Regional de Bioética OPS-OMS celebrado en Concepción, Chile en 1995. Llama la atención que dos personas estrechamente vinculadas al desarrollo de la bioética en Cuba como Núñez Jover y Durán García, hayan tenido un papel protagónico en la visibilidad de la comunidad científica en el enfrentamiento a la COVID-19.

La tarea que personalmente me ha correspondido realizar es la de formar parte de un grupo de profesores de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana seleccionados para atender una línea de comunicación directa con la población desde el Vice-Ministerio de Higiene y Epidemiología del MINSAP. Este servicio se creó para evacuar las dudas, inquietudes, temores y quejas de la población relacionadas con la COVID-19, las medidas implementadas, o cualquier otra cuestión relacionada con la salud. El número telefónico que cuenta con seis terminales simultáneas, es de acceso gratuito y se promociona constantemente por los medios de difusión masiva para general conocimiento. La línea funciona 24 horas (en turnos de trabajo bastante agotadores de 12 horas continuas cada equipo). La experiencia en lo personal ha sido muy enriquecedora y nos ha permitido conocer el sentir de la población y ayudar a la solución de no pocos problemas individuales, familiares y colectivos. Debo reconocer que hemos contando con el apoyo de los gobiernos e instituciones locales, que han apreciado a esta retroalimentación como una manera de mejorar la calidad de su trabajo y detectar los errores e insuficiencias de las acciones concretas que se realizan en los territorios. En cientos de llamadas atendidas en los más de tres meses que llevo trabajando en esa línea de atención he podido apreciar la confianza de la población en lo acertado de la estrategia cubana, independientemente que la llamada se relacione con una queja sobre un problema particular.

La transparencia informativa, el debate público entre las máximas autoridades de los aspectos positivos y negativos que han surgido en la práctica, ha reforzado esta apreciación positiva de la población y su apoyo abrumadoramente mayoritario. Sin este soporte consciente hubiera sido imposible evitar declarar la cuarentena nacional o provincial, y reservarla sólo para aquellos municipios y localidades donde se produjeron eventos de transmisión local comunitaria.

Otro elemento importante a tener en cuenta es el protocolo de tratamiento aplicado que contempla desde la protección inespecífica y la estimulación del sistema inmunológico de las personas sanas, hasta el tratamiento clínico de los positivos asintomáticos y los casos clínicos en sus diferentes fases de manifestaciones leves, graves y críticas con peligro inminente para la vida. A quienes de ustedes lo soliciten les puedo enviar la Versión 1.4 de este protocolo. Los esquemas de tratamiento se han sustentado tanto en la corta experiencia internacional acumulada, como en los resultados de los estudios y antecedentes científicos nacionales. Considero que nunca antes se mostró una integración tan productiva de diferentes grupos e instituciones científicas cubanas, investigando problemas particulares comunes o relacionados con tanta intensidad y espíritu colaborativo.

El contar con una poderosa red de Atención Primaria de Salud, apoyada además por los estudiantes de las Ciencias Médicas que voluntariamente se sumaron, ha permitido realizar una pesquisa activa sistemática de los sintomáticos respiratorios, indagando y detectándolos directamente en sus hogares. Esto, unido al control epidemiológico de los focos y eventos locales, así como los estudios poblacionales de detección de asintomáticos en comunidades supuestamente no afectadas, ha permitido diagnosticar muy tempranamente la mayoría de los casos, muchos de los cuales ya estaban aislados por ser contactos de casos positivos.

El diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno son la clave del éxito clínico del modelo cubano.  Hasta el día 1ro de julio, se habían diagnosticado 2353 casos positivos a la COVID-19, de los cuales 2221 se habían recuperado, lo que representa un 94,4%. Se mantenían hospitalizados 69 pacientes (44 positivos y 25 sospechosos), 2 extranjeros evacuados. En todo el curso de la pandemia se han reportado 86 fallecidos, para una Letalidad de 3,7 % y una Tasa de mortalidad por 100,000 habitantes de 0.76.

Durante la mayor parte de su evolución la COVID-19 en Cuba ha transitado favorablemente por debajo del mejor escenario pronosticado como se aprecia en esta gráfica.

 Imagen 1. Enfermos hospitalizados por día

 

Fuente: Conferencia de Prensa del MINSAP. Cubavisión 

 Como se puede apreciar, la pandemia en Cuba presenta una favorable tendencia descendente, lo que ha permitido abrir la Fase 1 recuperativa en todas las provincias excepto La Habana, y dado que en casi dos semanas no se ha registrado un rebrote, se ha decidido abrirla también en la capital a  partir del viernes 2 de julio.

Imagen 2. Casos según semanas

 

Fuente: Conferencia de Prensa del MINSAP. Cubavisión


Imagen 3. Letalidad, según meses

 

Fuente: Conferencia de Prensa del MINSAP. Cubavisión

Este enfoque integral e intersectorial ha permitido que el sistema sanitario haya trabajado sin máximas tensiones, dedicando los recursos humanos y tecnológicos necesarios para cada caso, sin entrar en el dilema de decidir su aplicación por criterios de selección que siempre implican la discriminación entre pacientes.

La obtención de tasas de agravamiento y letalidad inferiores a las que se han logrado en países con mayor disponibilidad de recursos de todo tipo, aunado a altas tasas de recuperación de los enfermos que han desarrollado formas clínicas, son el mejor indicador de la calidad de los protocolos clínicos aplicados, confirma la alta preparación técnica de los profesionales de la salud en Cuba.

La invisibilidad de los resultados de Cuba en el control de la pandemia para la mainstream de los oligopolios mediáticos

El Global Health Security Index, un informe publicado en octubre de 2019 por un proyecto conjunto de la Universidad Johns Hopkins, que asumo muchos de ustedes conocen, evaluó la seguridad sanitaria en 195 países. Este estudio alertó acerca de que ninguno estaba preparado para enfrentar una pandemia, incluido Estados Unidos de América que encabezaba el índice con 83,5 sobre 100 de una media mundial de 40.

Según este Index, Cuba aparece en el lugar 110 del ranking mundial entre 195 países en cuanto a la capacidad para asegurar la salud de su población. Esto la sitúa por debajo incluso de muchas naciones de África, Asia y América Latina, cuyos indicadores sanitarios distan mucho de los alcanzados por Cuba y a varios de los cuales les presta amplia colaboración en este campo.

En cuanto a la capacidad del sistema cubano para dar respuesta y mitigar epidemias, este Index la ubica en el puesto 149. Es evidente que después de la COVID-19 será necesario que la Universidad Johns Hopkins revise sus fuentes e indicadores si efectivamente pretende hacer un análisis atenido a una realidad  que rebasa los datos y la metodología en los que basó su evaluación. Dando por sentada la seriedad del estudio y su no politización, es evidente que su concepción e interpretación de resultados deja de lado elementos que sustentan la capacidad de resiliencia socioecológica que Cuba ha demostrado en su controversia desigual contra el férreo cerco tendido por su poderoso enemigo.

Con gran frustración los promotores de la guerra no convencional contra Cuba, se hayan desprovistos de una explicación plausible de por qué la COVID-19 no ha producido una tragedia de grandes proporciones en un país que han asediado y castigado para crear las condiciones objetivas favorecedoras de que un desastre así se produjera. De ahí el silencio de los grandes medios y las suspicacias sobre la información que Cuba brinda a los organismos internacionales.  Mientras se promociona hasta la saciedad los resultados de otro país latinoamericano exitoso en el enfrentamiento a la pandemia como Uruguay, se obvia paladinamente a Cuba que ha logrado indicadores similares, o mejores incluso que Uruguay.

Un análisis somero permite evidenciar esta manipulación. Según el reporte de tendencias críticas del Johns Hopkins Coronavirus Resource Center correspondiente a la actualización del 2 de julio de 2020, los datos comparativos de ambos países eran los siguientes:


País

Casos confirmados

Fallecidos

Tasa de Letalidad

Tasa de mortalidad por 100,000 habitantes

Uruguay

943

28

3.0%

0.81

Cuba

2348

86

3.7%

0.76

 Si se tiene en cuenta que la población de Uruguay es de 3,449,299 y la de Cuba de 11,338,138, la Tasa de Morbilidad por 100,000 habitantes a la COVID-19 de Uruguay sería de 27,3; mientras en Cuba sería de 20,7.

A lo anterior pudiera agregase el análisis comparativo contenido en el reporte de COVID-19: Government Response Stringency Index  de la Universidad de Oxford en su actualización del pasado 6 de junio, donde se puede constatar que la respuesta gubernamental cubana está más apegada al cumplimiento de los 9 indicadores seleccionados para este estudio:

Imagen 4. Índice de rigurosidad de la respuesta del gobierno

Fuente: Government Response Stringency Index de la Universidad de Oxford.

La Unión Europea acaba de emitir un listado de 15 países cuyos ciudadanos están autorizados a ingresar en su territorio. Cuba ha quedado excluida a pesar que sus indicadores epidemiológicos como acabo de mostrar son similares a Uruguay y mejores que los de Canadá, dos de los países beneficiados.

Es resumen, las palmas para Uruguay, pero también para Cuba, ambos países se encuentran entre los que muestran los mejores resultados de la región en el enfrentamiento a la COVID-19.

Finalmente, quisiera referirme a la campaña desatada por la propaganda de derecha para desacreditar la colaboración médica internacional cubana en el enfrentamiento a la COVID-19 y la indicación expresa de que no se solicite o se cancele esta cooperación por parte de aquellos países que así lo han hecho. Se acusa a las brigadas médicas cubanas de ser objeto de una especie de esclavitud moderna o de componerse de espías y agitadores políticos. Yo he realizado dos misiones de colaboración en Yemen (2002-2004) y Angola (2013-2016). Me siento muy orgulloso de haberlo hecho, y por lo tanto, muy ofendido con ser objeto por carácter transitivo de estos epítetos de esclavo, espía o conspirador, muy alejados de la realidad, dado que puedo dar fe que a los cooperantes cubanos en el campo de la salud se nos exige concentrarnos en el trabajo para lo que fuimos contratados y no inmiscuirnos en los asuntos religiosos, culturales, políticos o económicos del país receptor.

 

Imagen 5. El autor durante su colaboración como parte de la misión médica cubana en Angola

Fuente: Archivo personal del autor.

La práctica de la solidaridad y la cooperación internacional en el campo de la salud ha sido un principio ético de la medicina revolucionaria desde que en 1963 se envió la primera brigada internacionalista a la recién liberada Argelia. Esta voluntad quedó refrendada en el juramento de los primeros médicos graduados después el triunfo de la Revolución, simbólicamente efectuado tras la ascensión al Pico Turquino en la Sierra Maestra en 1965. Los deberes morales asumidos por aquella hornada de profesionales de la salud significaron la continuidad de los mejores valores de la medicina cubana, pero al mismo tiempo constituyeron una ruptura con los estrechos moldes de la ética médica imperante hasta ese momento. Los egresados de esa promoción sentaron un precedente histórico al comprometerse a renunciar al ejercicio privado de la medicina, cumplir servicio social en los lugares donde fuera necesario, promover el carácter preventivo de las acciones de salud y practicar la solidaridad internacional en el campo de la salud. Estos principios convergen en lo que los padres fundadores de la nación cubana consideraron el sol del mundo moral, la justicia.

Las relaciones de amistad y colaboración establecidas por Cuba con las naciones que fueron emergiendo del proceso de descolonización en África y Asia, propiciaron que la cooperación en el campo de la salud adquiriera una enorme vitalidad. Por otra parte, en la medida que se fue rompiendo el cerco diplomático impuesto en América Latina y el Caribe como parte de la guerra no convencional de Estados Unidos contra Cuba, también gobiernos amigos de la región solicitaron ayuda en este campo, tanto en convenios a largo plazo, como ante determinadas emergencias ocasionadas por desastres naturales. Hoy día, la colaboración internacional de Cuba en el campo de la salud en diferentes modalidades se ha extendido a decenas de países de todos los continentes.

La solidaridad cubana en salud se ha manifestado no solo en el envío de brigadas, medicamentos, material gastable y equipos, sino también en la formación de recursos humanos en Cuba o en los países de origen, así como en la transferencia tecnológica y el desarrollo conjunto de proyectos de investigación científica y producción de medicamentos. Gran parte de esta colaboración ha sido gratuita, y otra por convenios mutuamente ventajosos con aquellos países que están en condiciones de asumirlos. Por medio de esta práctica solidaria se ha contribuido a hacer efectivo el principio de justicia al mejorar la accesibilidad de los menos favorecidos a servicios médicos de calidad, ofrecidos tanto por el personal cubano como por los propios recursos humanos de las naciones receptoras formados al amparo de esta cooperación.

Hasta el momento se han enviado más de 30 brigadas a más de 20 países para colaborar con el enfrentamiento a la COVID-19, algunos de los cuales no contaban anteriormente con colaboración cubana como Italia, Andorra, los territorios franceses de Ultramar, Perú o México.

Imagen 6. Mapa infográfico sobre la colaboración médica internacional de Cuba

Fuente: MINREX https://www.google.com/url?sa=i&url=http%3A%2F%2Fwww.cubaminrex.cu%2Fes%2Fmapa-infografico-sobre-la-cooperacion-medica-internacional-de-cuba&psig=AOvVaw2coYqoIJE9efcuHjtdIyaT&ust=1594084846617000&source=images&cd=vfe&ved=2ahUKEwjwzbv5urfqAhWKTTABHT6uD3AQr4kDegUIARCpAQ

La campaña mediática y diplomática desatada contra la colaboración cubana en salud es parte del renovado ímpetu que la administración norteamericana actual le ha dado a la guerra no convencional contra Cuba, con el doble propósito de socavar el prestigio alcanzado y la admiración que ha despertado, así como limitar los recursos que provienen de los convenios de colaboración. Las críticas politizadas al despliegue de las brigadas médicas cubanas en el enfrentamiento a la pandemia COVID-19 forman parte de estas acciones que ya venían desarrollándose y que no han tenido el pudor de detener ante la situación extrema que atraviesa la humanidad. En contraposición se ha generado otra campaña internacional para que se otorgue el Premio Nobel de la Paz a las brigadas médicas cubanas del Contingente Henry Reeve especializado en el enfrentamiento a catástrofes y grandes epidemias.

Mientras la mayoría de los países desarrollados se concentran en resolver internamente los efectos de la epidemia en su territorio, e incluso acaparan y se disputan los medicamentos, ventiladores y mascarillas, solo pocos gobiernos han ofrecido su solidaridad y ayuda efectiva a los demás. Por esa razón son tan reprobables estas críticas y presiones diplomáticas para obstaculizar la colaboración cubana. En cambio, resultan moralmente demoledores los aplausos de los taxistas madrileños al paso de la brigada cubana que se desplegó hacia Andorra y el conmovedor dibujo de un niño lombardo en el que entrelaza las banderas de Cuba e Italia.

¿Qué nos deja esta experiencia?

La COVID-19 ha traído consigo también algunos aspectos positivos como nuevas formas de relacionamiento social en condiciones de aislamiento, expresiones artísticas y comunicacionales novedosas, ocupaciones laborales diferenciadas, actividades docentes a distancia en todos los niveles de enseñanza, prácticas comerciales solidarias, atención comunitaria a las personas más vulnerables, gobierno electrónico, acciones de salud como el pesquisaje proactivo masivo en la atención primaria, entre otras.

Se ha mostrado una relación cualitativamente nueva entre el pensamiento científico y la dirección política de los procesos sociales y económicos. De igual manera, por obligación objetiva se han descentralizado gran parte de las decisiones dentro de una estrategia general claramente definida, pero con una correlación diferente de poder entre los órganos de gobierno centrales y los locales. 

Ante la inminencia de una amenaza a la estabilidad y supervivencia misma del grupo, se ha sacudido la afectividad colectiva con la reapreciación de valores que fueron cardinales en otros momentos del universo moral nacional como la responsabilidad individual y colectiva que ahora reemergió para asumir las medidas de protección y el control epidemiológico; o la solidaridad concretada en la reactivación de redes de relacionamiento comunitario para la atención a los más vulnerables.

Se ha convertido en un lugar común la expresión de que transitamos hacia una “nueva normalidad” en la dinámica de la vida social, pero cabe preguntarse ¿qué será lo nuevo y qué lo normal en el mundo post COVID-19?

Disculpen si me he extendido mucho y el texto de estas notas es muy agresivo. Reconozco que es fruto de la indignación ante tanta manipulación y mentiras descaradas sobre la real situación y resultados del enfrentamiento a la COVID-19 en Cuba y su participación en el esfuerzo internacional contra este flagelo que nos afecta a todos.

Mis afectos a todos, 

José Ramón Acosta Sariego

2 de julio de 2020

martes, 9 de junio de 2020

DOS OPCIONES DE CALIDAD PARA EL APRENDIZAJE EN LÍNEA

En estos tiempos difíciles de pandemia, una de las modalidades que ha ganado posicionamiento es la educación en línea. El aislamiento social ha recolocado las opciones de educación, comunicación y trabajo en línea, y como resultado, las universidades y otras organizaciones han fortalecido en las nuevas circunstancias el uso de esta modalidad.

Existen críticas de todo tipo, muchas de ellas completamente válidas. Es cierto que las formas nuevas no pueden sustituir por completo las formas anteriores, se trate de la lectura de un libro digital o un libro impreso, de una conversación directa entre personas, una llamada telefónica o una vídeo llamada. También es cierto y válido considerar las falencias y los sesgos de discriminación que implica la nueva modalidad, pues el acceso está lejos de ser universal y masivo como se suele declarar. La agenda de pros y contras es muy amplia, y en cada caso debe considerarse en detalle cómo y cuándo puede ser una u otra modalidad, o la combinación de ambas una oportunidad importante para promover el aprendizaje y contribuir a la comunicación y comprensión humanas.

Quiero presentarles hoy dos de esas oportunidades, a la vez amplias, internacionales y sin costo: el debate "Veredas para el futuro: El mundo post covid-19" que tuvo lugar hace unos días, y el curso masivo en línea "Los siete saberes y la agenda 2030", que comenzará el 8 de julio próximo.

VEREDAS PARA EL FUTURO...

El pasado 5 de junio tuvo lugar la sesión de debate abierto "Veredas para el futuro: El mundo post covid-19", que contó con la participación de Edgar Morin (investigador emérito CNRS), Alfredo Pena-Vega (investigador EHESS), Cristovam Buarque (Profesor emérito UnB).

Fue notable en este encuentro la participación de los ponentes invitados, el diálogo entre ellos, la elocuencia sin par de Edgar Morin y la profundidad del análisis de las alternativas que se presentan. Ante ellas será necesario navegar, pues no es cuestión de simples opciones, unas buenas otras malas, que puedan separarse de manera dicotómica para elegir entre ellas. Se necesita pensar, ejercer el criterio, reconocer a los demás, y reconstruirnos desde nosotros mismos de frente a las nuevas circunstancias. La incertidumbre es una de las constantes del mundo post-pandemia, y lo es también la esperanza y la responsabilidad.

Fue notable también en esta sesión el nivel de participación del público, expresado en los comentarios enviados durante la trasmisión, y la atención que recibieron por parte de los ponentes y los organizadores.

Toda la sesión y las participaciones, con una duración de una hora y 35 minutos, está accesible en youtube https://www.youtube.com/watch?v=qlCoQPsIFIc&t=1s

Recomiendo visualizar y compartir esta experiencia de intercambio y aprendizaje, posible hoy gracias al uso de esta modalidad que tiene entre sus virtudes romper fronteras y aislamientos intelectuales.

LOS SIETE SABERES Y LA AGENDA 2030...

Está abierta la matrícula para el curso masivo abierto en línea "Los siete saberes y la agenda 2030". Organizado por la UNESCO (Oficina de Montevideo) y la Fundación Promigas, cuenta con la participación de expertos latinoamericanos y se propone examinar los vínculos entre las bases para una reforma de la enseñanza y el pensamiento, propuestas por Edgar Morin en su obra Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, y la agenda 2030.

El vídeo promocional del curso está disponible en: https://youtu.be/fb-3XUzArQ0

El curso fue planeado y concebido antes de que estuviera presente la COVID-19 y la situación emergente asociada a esta enfermedad, pero sin lugar a dudas, llega en un momento muy oportuno. La salida de la crisis sanitaria no debería ser una simple vuelta a la normalidad de un pasado educativo y productivo, donde los grandes perdedores han sido la vida en la Tierra, y como parte de ella, la vida de millones de seres humanos. Hoy más que nunca se requiere pensar la reforma profunda de la educación y encauzar por derroteros viables la agenda 2030.

El curso tiene una duración de 7 semanas, con un tiempo estimado de 27 horas de estudio. Es un plazo suficiente para un acercamiento a la obra y propuesta de uno de los pensadores más activos, propositivos y profundos de los siglos XX y XXI, de quien tenemos a través de este curso, la oportunidad de aprender.

El siguiente vínculo permite registrarnos e inscribirnos: https://unesco.us18.list-manage.com/track/click?u=423e2cdaeff54467ef2954cd0&id=98d5e2a0dd&e=582217b605

Completada la inscripción se puede acceder al aula virtual, familiarizarnos con su estructura, en tanto esperamos el comienzo el próximo 8 de julio.

Les invito a socializar estas dos opciones de aprendizaje abierto.

Carlos J. Delgado
9 junio 2020

viernes, 24 de abril de 2020

DIÁLOGOS 1: CINCO CLAVES PARA REINVENTAR LA EDUCACIÓN


Les comparto en el día de hoy algunos pensamientos para motivar el diálogo entre maestros y estudiantes con los contextos en que vivimos. Lo hago en respuesta a la solicitud de la maestra Lina Esmeralda Flórez Perdomo quien trabaja con sus estudiantes de especialización en Pedagogía en docencia universitaria, algunas de las problemáticas planteadas en el libro Reinventar la Educación, que aborda la complejidad educativa.
Atravesamos en este momento circunstancias de emergencia sanitaria por la pandemia COVID-19 que tendrán impactos de largo plazo en la vida social, y la educación. Hemos llegado a un punto en la civilización occidentalizada, en el que el riesgo a la vida humana y el resto de las especies hace inevitable un cambio en los derroteros tomados. El cambio es necesario, pero qué cambio ocurrirá va a depender de nuestras reflexiones y acciones, del tipo de voluntades que la educación pondrá en movimiento, en qué direcciones y con qué propósitos. 
Hace mucho tiempo que autores relevantes han alertado sobre la necesidad de adoptar cambios fundamentales, reconocer la complejidad del mundo y asumir el desafío que representa la complejidad educativa. Cada día, las educadoras y educadores contribuyen con su labor a formar la masa crítica o acrítica de personas que impulsarán el cambio. El pensamiento crítico habilita para generar cambios, mientras su ausencia contribuye de forma decisiva a que las personas sean arrastradas por derroteros definidos y programados sin su participación. Como formidable invento humano la educación necesita ser reinventada, esto es, repensada y reconstruida desde sus raíces, institucionalmente, y en las prácticas, individuales y colectivas de quienes actúan en ella.
A estas cuestiones prestaremos atención a continuación.

Clave 1. Pensar la complejidad educativa de la mano de Edgar Morin y Paulo Freire
Dos autores, entre muchos valiosos, contribuyen hoy a pensar la complejidad educativa: Paulo Freire y Edgar Morin. Para la comunidad de educadores en Latinoamérica representan además dos ejercicios de pensamiento teórico, volcados a la práctica, y convergentes sobre los cambios más importantes que deberán realizarse en el terreno educativo.
Si entendemos lo complejo como lo entretejido, necesitamos reconocer que no es posible tomar de una vez todo lo entramado y agotarlo, pero tiene mucho sentido asumir su posible realidad, e indagar para verificar hasta dónde lo estudiado es simple, o hace parte, o encierra en sí mismo un entramado complejo. Es obvio que la educación cumple con esta primera condición y se nos presenta como una trama de interrelaciones. En ella, además podemos reconocer asimetrías, puntos y redes más relevantes que otras en determinados parámetros de tiempo. Sobresale, además, un tercer elemento relevante para identificar la complejidad: lo que aparece, emerge, como resultado de esas tramas de interrelaciones tomadas en su conjunto. 
Un primer paso consistiría entonces en identificar elementos clave por su relevancia e impacto en los procesos educativos. Llamo la atención sobre tres, sin que esto signifique no que existen otros: las relaciones de poder, la acción, y la epistemología.
La educación siempre encierra una relación de poder. Es indudable que existen límites y espacios entre los actores, que pueden ser de muy diverso orden, por ejemplo, comunicacionales, institucionales, sociales generales… Pero lo anterior no significa que el educar pueda reducirse a la obediencia ciega de los educadores con respecto a la institucionalidad educativa y social establecida, o que pueda reducirse el educando a un receptor pasivo de instrucciones a obedecer y aprendizajes a incorporar y repetir. Sin embargo, estas son prácticas bien conocidas que todavía se mantienen en la actualidad, aunque muchas veces disfrazadas de modos “activos” de enseñanza.
La lectura de autores como Paulo Freire y Edgar Morin nos enfrenta a la necesidad de reconocer que la educación es política, expresa relaciones de poder que necesitan ser pensadas, repensadas y sometidas a escrutinio crítico. Esas relaciones van desde lo inmediato entre los actores en el aula, hasta lo más distante, pero onmipresente: las relaciones de poder político en la sociedad. A su vez, la educación no es pura reflexión, no es un ejercicio de pensamiento y suposición: la educación es sobre todo y por encima de todo acción. El educador actúa, con su quehacer transforma, y siempre, por muy opresoras y restrictivas que sean las circunstancias, cuenta en el aula con un espacio que puede aprovechar para realizar su labor, ejercer y promover desde sí, y en comunidad con el resto de los actores en educación, los valores que permitan a los educandos el crecimiento necesario para hacerse cargo del mundo en que viven, y ahondar en su conocimiento. No es conocimiento de un mundo externo que se examina desde fuera con telescopio o con lupa, sino el conocimiento del mundo en que se vive, con el que se está involucrado porque en él se desarrolla la vida propia y la de los demás. La complejidad de ese mundo que se estudia nos incluye, formamos parte de él, estamos dentro.
Contrario a lo anterior, una de las mayores debilidades de la educación contemporánea es su descontextualización. Esta resulta, entre otras muchas razones, de la separación de contenidos asociados a propósitos de formación, de la meta a alcanzar representada por el nivel de egreso a que se aspira, y que por su forma se representa como contenido puro, y como tal, adquiere universalidad descontextualizándose.
La educación como acción en contexto debe reconocer el poder y las relaciones de poder en sus múltiples formas, y examinarlas a la vez que actúa sobre ellas. Esto concierne en primer lugar al poder de los maestros sobre sus alumnos, cambiando las relaciones de simplificación que lo reducen a una relación de entrega-aceptación, de envío-recepción, de instrucción-asimilación, orden-obediencia. 
Por ser acción en un contexto al que se pertenece, la educación requiere de una detallada y reiterada reflexión epistemológica por parte del maestro, y su dedicación a que el educando se adentre paulatinamente en ese campo. Se requiere una reflexión sobre los orígenes y las fuentes de los conocimientos, sobre los actores del proceso educativo, las relaciones de comunicación y acción que se establecen entre ellos. Dada la diversidad humana y la diversidad de situaciones educativas no existe una epistemología única y definitiva ajustada y lista para ser “aplicada” o “usada” en la acción educativa. Se requiere madurar las relaciones epistemológicas implicadas en el acto de educar aquí y ahora, entre estos actores y con estos contextos. Por eso la labor es infinita y no debería reducirse a esquemas estrechos y rígidos, o a recetas didácticas supuestamente infalibles, por muy elegantes y pertinentes que resultasen en las experiencias previas.
Para adentrarnos en la complejidad educativa, deberíamos hacerlo de la mano de la inmensa obra de Morin y Freire, teniendo en los horizontes las relaciones de poder, la acción educativa, y la necesidad de pensar y repensar los marcos que habilitan la cognición, y que se pueden representar en esas tres palabras en vínculo con la educación: poder, acción, epistemología.

Clave 2. Educar en contexto
Reinventar la educación emana de una necesidad legítima, no es un acto de rebeldía o contravención institucional, sino de responsabilidad y creatividad. Ese acto resulta, emana, de la conciencia que tenemos sobre el contexto en que educamos, y la necesidad de que la educación permita a las personas leer ese contexto, actuar en él y transformarlo.
El contexto, aunque lo expresemos en singular, nunca es único. Como en el caso del conocimiento, deberíamos referirnos siempre a los conocimientos y los contextos. Se trata de contextos imbricados, a veces de manera simple reconocidos por la escala diferente (inmediato, mediato, distante, o singular y general), o de un modo más complejo por la relación que implican, como cuando hablamos de lo local y lo global, que están de hecho presentes en lo que la escala reconoce como inmediato y en lo más distante también.
La complejidad de los contextos actuales nos obliga a reconocer y trabajar juntas realidades al parecer distantes, pues incluye la globalización y crisis ambiental planetaria, los modelos de construcción del poder, de colaboración y protección de las personas. Como ha puesto sobre la mesa de forma aguda, descarnada e inmediata la pandemia COVID-19, la sociedad contemporánea ha resultado incapaz de atender los problemas fundamentales que tiene ante sí. Parte de la responsabilidad en este punto corresponde a la educación, al deterioro sistemático de la preparación de las personas para una lectura crítica de la realidad en que viven, que desembocan ahora en sistemas de salud descuidados, falta de previsiones de los actores políticos en el poder, fallas en la cooperación entre las personas individuales, y toda una serie de hechos impactantes donde se hace evidente la ausencia de una lectura crítica de la realidad de vida. Entiéndase que no se trata de ausencia de criticismo social, político, periodístico o mediático, sino de que personas egresadas de los sistemas educativos en distintos niveles resultan incapaces de coordinar acciones, apegarse a normas sanitarias y de disciplina social básicas, o caen fácilmente en los brazos de noticias falsas, etc. Este tipo de situaciones evidencia de modo trágico, como al ser incapaces de autoprotegerse y proteger a los demás con medidas básicas como la limitación de las interacciones sociales, el resultado social de una incapacidad entrenada para no leer críticamente la realidad en que se vive, y para colaborar con otras personas. Evidentemente es un fenómeno multicausal en el que se hace patente la falla fundamental del sistema educativo actual: no se prepara a las personas para vivir en el mundo en que realmente viven, sino en otro ilusorio, ideal, que resulta inalcanzable para las mayorías, e insostenible para las minorías.
El contexto actual no es apocalíptico, pues está lleno de fenómenos positivos, incluye la globalización; los avances científicos y tecnológicos más relevantes en número y profundidad que hemos conocido en la historia de la humanidad; la aparición del conocimiento no manejable (profundo, intenso y extenso) que demanda constantemente preguntarnos por las consecuencias del uso de los conocimientos y nos convoca a ser responsables; nuevos horizontes para la vida humana mediante la transformación del cuerpo, del genoma y la salida de la humanidad a habitar en otros cuerpos celestes; la emergencia de nuevos saberes bioéticos, ambientales, y complejos; la responsabilidad de millones de profesionales dedicados en la salud, la educación, y otros campos. Y simultáneamente, es un contexto de crisis de la humanidad  entendida como su incapacidad para hacer frente y solucionar problemas fundamentales; de consumismo generalizado; de desastres socioambientales; de nuevos problemas existenciales sin que hubieran desaparecido o fueran resueltos un sinnúmero de problemas persistentes, como la discriminación, la xenofobia, la exclusión, la guerra, el hambre…; incremento de los problemas vinculados al control y la dominación social, la segmentación y la compartimentación.
Lejos de ser un contexto simple, es complejo, y en su complejidad se imbrican fenómenos positivos y negativos, locales y globales, individuales y sociales, culturales y naturales, que cada persona necesita aprehender y leer desde sus realidades de vida no como polos separados, sino en la compleja interrelación en que se realizan. 
El cambio educativo necesario para que la educación se coloque a la altura de los tiempos que corren no es sencillo, por eso hablamos de reinvención.

Clave 3. Educar considerando la responsabilidad y la creatividad

La situación actual de la educación demanda cambios curriculares, pero sobre todo entender el currículo en sentido freireano como “la totalidad de la vida de la escuela”. Esto no lo puede completar como acción un maestro o una maestra por sí mismos en solitario, pero la contribución de cada uno es fundamental.
Se trata de desarrollar un diálogo, que habilite una comunicación crítica a lo interno de los colectivos y las instituciones. En esto desempeñan un papel importante los proyectos educativos institucionales, por el marco general que ofrecen para habilitar el diálogo y la acción colectiva, y por supuesto también, en sentido estricto el currículo. Pero no bastan, ni pueden tomarse en aislamiento, requieren de la acción pertinente de cada maestro en el contexto específico del aula, donde cada estudiante es actor y debe ser reconocido como actor de un proceso de aprendizaje y creación a su vez, colectivos. Nuestras aulas continúan siendo espacios de competencia que habilitan algunas formas de cooperación, y no espacios de diálogo donde se habilita a quienes participan para ser competentes, que no significa ser “competitivos”, sino fundamentalmente, ser cooperativos.
Al menos cinco elementos deberían tomarse en consideración en este empeño dirigido a la colaboración responsable: el diálogo, la acción colectiva, la acción del educador, la del educando, y la resultante de todo ello, que redunda a su vez en elevar los niveles de cooperación previos. Cualquiera de los elementos anteriores puede servir como punto de partida, y contribuye a potenciar al resto, pero es en el conjunto de las interrelaciones entre ellos que podemos contribuir a que emerjan como realidades en un nivel más alto tres resultantes: la comunicación crítica, la comunidad educativa y la responsabilidad. 
Un grupo de profesionales registrados como trabajadores de una institución y un grupo de matriculados no constituyen por ese solo hecho una comunidad educativa. Otro tanto puede decirse de con respecto a la comunicación y la responsabilidad, porque no todos los que conversan alcanzan una comunicación crítica, ni porque cada quien sea individualmente responsable emergerá de ello una responsabilidad colectiva. No es una relación de adición simple. La cooperación y las acciones individuales por sí mismas no nos hacen responsables, ni habilitan por separado la comunicación crítica. La comunicación crítica, la responsabilidad colectiva y la cooperación del colectivo emergen a partir de las interacciones en los niveles inferiores como fenómenos cualitativos. 
La responsabilidad de cada actor, y la específica de los maestros y maestras para conducir el proceso en una dirección que habilite la reflexión crítica es a su vez un acto de responsabilidad, que es necesario ejercer a través del currículo y del proyecto educativo institucional, para realizarlo en el aula.

Clave 4. Reinventar en el aula
Reinventar el aula es un acto de responsabilidad del educador, que no es reducible a la introducción de nuevos recursos, nuevos medios o nuevas técnicas.
Considero que reinventar el aula significa emprender acciones al menos en las siguientes cuatro direcciones:
1. Reconocer el desafío de la doble contextualización de los procesos educativos: global y local. Por reconocer aquí entiendo tomar en cuenta al desarrollar acciones que el contexto es dual, nunca universal abstracto o completamente local y aislado. Al ser global y local implica la necesidad de tomar acciones que habiliten para reconocer y actuar en esos niveles interconectados en la vida.
2. Reconocer el desafío comunitario, pues el ser humano no es ni un ente social aislado ni un ente exclusivamente biológico. Lo social y lo biológico no solo se interrelacionan, sino que implican la recreación del mundo humano en una dimensión cultural que tiene bases sociales y biológicas que no son exclusivamente individuales, sino que forman parte de un nivel comunitario de pertenencia primaria, al que todas las personas se encuentran de un modo u otro relacionadas. Para educar es fundamental retomar ese nivel de realidad inmediata, y formular la pregunta por ese nivel.
3. Asumir el desafío epistemológico de la diversidad de sujetos y realidades presentes en el aula donde interactuamos, y pensar la transformación necesaria a partir de esa presencia de lo diverso. Cuando asumimos al matriculado y al empleado en educación como una figura estandarizada pasamos por alto las circunstancias específicas y el costo de esa descontextualización se paga con resultados formativos de espaldas a las comunidades y las realidades inmediatas de vida, en el egreso de sujetos que están supuestamente conectados con la sociedad a un alto nivel cognoscitivo por su especialización, y completamente desconectados de las realidades de vida.
4. Y finalmente, la educación, como la filosofía no se representan bien en la imagen del pensador que medita inmóvil, son entidades andantes, y la fragilidad de andar implica tomar la postura frágil de tener un pie en el aire hacia tierra firme que no sabemos si está, pero se presume que esté, para completar el paso. La educación andante requiere ubicar y ubicarse en el contexto de la realidad presente y de la utopía posible: la utopía de pensar el cambio de los actores presentes, educadores y educandos; y para eso es imprescindible formar y hacer crecer la comunidad de colaboración en que se constituyen como tales actores.
La utopía implica también la necesidad de reinventar más allá del aula…

Clave 5. Reinventar más allá del aula
Reinventar más allá del aula significa reconocer el contexto mayor y habilitar a los actores del proceso educativo para vivir en él y transformarlo.
El actual, es un contexto cultural caracterizado por el predominio de  formas políticas, económicas e ideológicas específicas que afectan directamente los procesos educativos:
1) El sobredimensionamiento de la política y de la política de intereses, contraria a una política de humanidad que se funde en valores civilizatorios y humanos generales. Es urgente promover elementos de civilización dispersos en diversas culturas para integrarlos a la cultura humana en su conjunto. Los países que la prensa suele llamar avanzados y civilizados pasan por alto la necesidad que ellos mismos tienen de asimilar e incorporar elementos de civilización, es decir, conocimientos nacidos en una cultura pero transferibles a cualquier otra. Por ejemplo, lo que Occidente necesita aprender de Oriente, y lo que todos necesitamos aprender de pueblos originarios que todavía habitan el planeta no es ni remotamente poco. Por su parte, los valores humanos tienen formas políticas e ideológicas específicas, pero no por ello dejan de expresarse, y es necesario proceder a su visibilización y rescate en el aula.
2) La dependencia y subordinación de la educación y la universidad al mercado de trabajo, debe sustituirse por una educación y universidad vinculadas al mundo del trabajo y la vida social. Este es un llamado que Morin viene realizando desde hace muchos años, pues la universidad necesita recuperar funciones sociales que les son inherentes, como la de extender los valores del pensamiento crítico, la pregunta al resto de la sociedad. Estos son elementos básicos para el pensamiento crítico, que tiene ante sí los obstáculos formidables de la ideología consumista y la banalización.
3) El consumismo como ideología dominante, es el factor subjetivo más corrosivo de la contemporaneidad al que es necesario hacer frente. Es pertinente recordar que la ideología del consumismo no es un ejercicio de consumir mucho, sino la generalización de un modo de satisfacción de las necesidades que consiste en la constante insatisfacción. Se trata de un modo de satisfacción, donde una necesidad satisfecha genera en el acto de satisfacción, la creación de una nueva necesidad, que genera entonces como consecuencia, la insatisfacción, y con ello reactiva la rueda giratoria en expansión del consumo sin fronteras. Esto tiene una relación directa con la falacia económica del crecimiento permanente.
4) La concepción limitada e inoperante de la ciudadanía como sistema de deberes y derechos, se expresa primero, en que no la reconoce como participación, involucramiento y creación colectiva; y seguidamente, en que se reduce la ciudadanía al individuo entendido como un átomo social. De esto sigue la representación de la sociedad como si fuera un conglomerado o sumatoria de esos átomos. En lugar de esto, debería ser entendida la ciudadanía como una pertenencia a espacios de creación individual, comunal, y colectiva.
5) La concepción limitada de la democracia que la reduce a un juego de ejercicio formal del poder es otra cuestión de considerable importancia. No se la hace nacer de las necesidades más profundas de la vida social, comunitaria y familiar, solo se la entiende como un juego formal del ejercicio público. Necesitamos avanzar hacia una comprensión cultural de la democracia. La transformación democrática que se necesita no está solo en los modos de elección y responsabilidad en el ejercicio de los cargos públicos, sino que radica en una transformación de la familia, la vida comunitaria y social para hacer vigentes en ellas formas de convivencia no autoritarias ni patriarcales, que reconozcan y se basen en el diálogo, la comunicación, la deliberación y la toma de decisiones consensuada. La educación debería promover ese sentido cultural de la democracia.
6) El predominio de una relación anómala y mutuamente excluyente entre los conocimientos científicos y el resto de los conocimientos humanos es otro signo de los tiempos, que adopta formas extremas en el anticientificismo y la negación de valor a los conocimientos que no tienen forma científica. Es constante la expresión de una dicotomía falsa, o ciencia o conocimientos cotidianos. Es falsa, porque en la vida humana nos nutrimos de una diversidad de conocimientos que es inclusiva, y a la vez distingue la pertinencia de conocimientos diferentes en sus espacios epistémicos. La dicotomía no puede ser superada ni con imposición de un saber sobre otros, ni con la exclusión de la ciencia y su sustitución con la pseudociencia, el fraude y la ignorancia. Su superación requiere del diálogo de saberes como ejercicio transdisciplinario que transgrede fronteras.
Mi comentario final es breve: los educadores y educadoras tenemos tarea por hacer.

Dr. Carlos J. Delgado
24 abril 2020

Presentación de diapositivas disponible en: https://www.slideshare.net/carlosjesusdelgadodiaz/cinco-claves-para-reinventar-la-educacin
Diapositivas disponibles en formato mp4 en:  https://youtu.be/wNu0efj_x1A