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Carlos J. Delgado


martes, 18 de agosto de 2020

CUBA COVID-19: EJERCICIO DECONSTRUCTIVO DE UNA REFLEXIÓN FILOSÓFICA

Comparto la réplica al artículo publicado el pasado 14 de agosto, que nos envía el Doctor Francisco Humberto Figaredo Curiel, a propósito de los vínculos entre la bioética y los estudios sociales de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Carlos J. Delgado

18 agosto 2020

Francisco Humberto Figaredo Curiel (Camagüey 6/12/1953). Doctor en Ciencias de la Educación (2002). Investigador en los campos de Estudio Ciencia-Tecnología-Sociedad, Teoría de la Educación, Interdisciplinariedad, Tradición Cubana de Pensamiento Ciencia y Conciencia Patriótico-Humanista.

Email: jesuscano@nauta.cu


Recientemente el doctor Carlos Jesús Delgado Díaz publicó en su blog el texto Cuba COVID-19: vacunas y ciudadanía que contiene una reflexión filosófica acerca de una expresión de la ciencia-tecnología actual de gran interés para la humanidad, la producción de vacunas, en la que se integran importantes aspectos de los campos de estudio Bioética y Ciencia-Tecnología-Sociedad (CTS).

Bioética y CTS emergieron entre las décadas 1950-1970 condicionados por las mismas circunstancias sociales, tanto en el plano de las ideas como en el de la práctica sociopolítica; en el de las ideas, por ejemplo, la Conferencia Rede impartida por C. P. Snow en el marco de las Rede Lectures de la Universidad de Cambrige; los textos La sociedad tecnológica de Jacques Ellul, Primavera silenciosa de Rachel Carson, La estructura de las revoluciones científicas de Thomas Kuhn; en el de la práctica sociopolítica, diversos movimientos sociales (Ciencia para el pueblo, Responsabilidad social en ciencia, Defensores de la tecnología alternativa, lucha por los derechos civiles), creación de distintas instituciones relacionadas con la actividad científico-tecnológica (Agencia de protección ambiental, Agencia de salud y seguridad laboral, Oficina de evaluación de tecnología, Comisión de regulación nuclear).

En el caso de CTS, su objeto de estudio posee, en sentido general, tres componentes: a) los condicionantes sociales de las actividades científicas, tecnológicas e innovativas; b) los entramados-tejidos sociales que conforman tales condicionantes e influyen en la dinámica de las actividades; c) los impactos de las actividades científicas, tecnológicas e innovativas en los demás aspectos de la historia.

La lectura de la referida reflexión me provocó el presente ejercicio deconstructivo, que denomino socio/bio/tecno/cognitivo (SBTC) en espera de un mejor nombre. Lo socio y lo bio en el inicio, porque la vida, los conocimientos, las ciencias, las tecnologías y las innovaciones son siempre contextuales; y porque sin vida no hay producción, socialización y utilización de conocimientos y artefactos.

Se respetó la lógica de la reflexión, con los subtítulos numerados, entrecomillados y en negrita para su clara identificación. En cada uno de ellos se exponen, primero y centradas, algunas de las ideas presentes en la reflexión filosófica; luego breves consideraciones SBTC con un encabezamiento en itálica y, por último, se intercalan, aspectos pertenecientes a la tradición cubana de pensamiento ciencia y conciencia patriótico humanista, que contiene valiosos elementos de orientación CTS y bioética. Dicha tradición la inició Félix Varela y Morales en la primera década del siglo XIX y ha mantenido su vigencia hasta hoy gracias a los aportes de relevantes personalidades de la cultura, la ciencia, la educación y la política, en especial José de la Luz y Caballero,  Nicolás José Gutiérrez, José Julián Martí Pérez, Enrique José Varona PeraFernando Ortiz Fernández y Fidel Alejandro Castro Ruz. El ejercicio da continuidad a lo expresado por su autor en diversos escenarios acerca de la necesidad de hermanar bioética y CTS, al menos en el contexto cubano.

 

1. “Las noticias de la mañana traen novedades”

El martes 11 de agosto las autoridades rusas anunciaron el registro de la vacuna Sputnik V y la preparación para su producción en varios países a partir de noviembre. Ayer jueves 13 de agosto las autoridades mexicanas anunciaron haber alcanzado un acuerdo con AstraZeneca, la Universidad de Oxford y la Fundación Carlos Slim para la producción en el país de otra vacuna contra el coronavirus.

Inmediatamente la prensa (BBC, CNN, Washington Post, New York Times), se hizo eco de varias preocupaciones…

El comienzo socio/bio/tecno/cognitivo

Del lado de CTS,

- por la selección de un contexto internacional socionoticioso que gira alrededor de un importante hecho científico-tecnológico actual y

- el destaque de valoraciones existentes, favorables y desfavorables, así como de factores sociopolíticos, sociopsicológicos y sociocomunicacionales que las condicionan.

Del lado de bioética,

- por tener como fondo el problema central de la bioética, la preservación de la vida humana, junto a importantes aspectos que la convierten en algo difícil de sobrellevar si están ausentes o presentan sensibles grietas:

- democracia, comunicación y conocimiento.

La tradición…

…los dos “grandes problemas humanos…: la conservación de la existencia, -y el logro de los medios de hacerla grata y pacífica” (Martí Pérez, José J. (2001). Obras Completas. Tomo 22, p. 308. Versión en CD-ROM de los 27 volúmenes de la Segunda edición publicada por la Editorial de Ciencias Sociales del Instituto Cubano del Libro en 1975. Centro de Estudios Martianos y Karisma Digital).

Y así se va por la ciencia verdadera, a la equidad humana: mientras que lo otro es ir, por la ciencia superficial, a la justificación de la desigualdad, que en el gobierno de los hombres es la de la tiranía (Martí, tomo 21, p.432).

 

2. “Ciencia, tecnología”

La ciencia y la tecnología marchan hoy estrechamente unidas, pero debemos distinguirlas bien y reconocer su diferencia.

La ciencia ha desarrollado mecanismos propios para evaluar los conocimientos que produce.

La tecnología actual, por su parte tiene también sólidas bases cognoscitivas relacionadas con la ciencia y sus métodos, pero sus resultados pretenden estar en función de la sociedad de una manera más inmediata.

Un intermedio CTS necesario

Las relaciones entre la ciencia y la tecnología han sido uno de los objetos históricos de las reflexiones CTS. En fecha tan distante como 1939, Bernal planteó que:

“… la ingeniería biológica aplicada en una escala adecuada genera los más sorprendentes resultados, y en colaboración con los nuevos métodos agrícolas puede resolver técnicamente el problema del suministro de alimentos al mundo. Lo que nos falta aún son los ajustes sociales y económicos necesarios para hacer realidad tal posibilidad” (Bernal Desmond, John (1946). The social function of science, London George Routledge & SONS LTD, p. 44).

También expresó que “La ciencia es una gran fuerza social transformadora, factor decisivo en el crecimiento de la racionalidad humana y parte integrante de la cultura”. (Ibid, pp.408-412).

Desde una visión de la realidad patriótico-humanista integradora, las reflexiones acerca de los nexos de la ciencia con la tecnología y los demás aspectos de la historia (producción, política, educación, cultura…), están presenten en diversos textos martianos.

La tradición…

Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías (Martí, tomo 6, p. 18).

Que la enseñanza científica vaya, como la savia en los árboles, de la raíz al tope de la educación pública (Martí, tomo 8, p. 278).

Ciencia y libertad son llaves maestras que han abierto las puertas por donde entran los hombres a torrentes, enamorados del mundo venidero (Martí, tomo 6, p. 24).

Se sabe ya, por ser acontecimiento trascendental que todo el mundo ha celebrado, que de México a New York, como a cualquier otro lugar de los Estados Unidos, se puede venir por ferrocarril. Este es acontecimiento grato, si del lado latino de la frontera viene acompañado por una desapasionada previsión, habilidosa vigilancia y permanente entereza. Con todo eso, será el ferrocarril cosa excelente. Sin eso, pudiera no serlo (Martí, tomo 8, pp. 393-394).

Lo “que da al hombre el poder no es ese mero conocimiento que viene del uso de los sentidos, sino ese otro conocimiento más profundo que se llama Ciencia(Martí, tomo 25, p. 216).

 

3. “Las razones para las prisas”

Vacunas que lograsen la inmunidad a corto plazo y cortasen la propagación del virus son altamente deseables, pero la pandemia por sí sola no justifica las prisas actuales. Las prisas responden también a razones económicas y políticas, y a un conjunto de intereses muy variados. Entre ellos (…) la intensa competencia entre varias vacunas en proceso de elaboración, los intereses públicos y privados predominantes en la carrera actual, los recursos y esfuerzos invertidos.

De nuevo la integración socio/bio/tecno/cognitiva

De una parte, los dos problemas bioéticos principales: el “conocimiento de cómo usar el conocimiento para la supervivencia humana y para mejorar la condición humana”; de otra, los diversos factores sociales entretejidos que influyen en los usos de los conocimientos; en el caso de las vacunas: intereses públicos y privados, recursos y esfuerzos invertidos, preocupaciones éticas, propaganda política, falta de autocrítica y democracia. La siguiente cita revela un caso histórico de entrelazamiento de factores sociales:

Se sabe que especuladores franceses e ingleses acarician desde hace algún tiempo la idea de construir un túnel entre Dover y Calais, que hace innecesarios a los numerosísimos viajeros entre Inglaterra y Francia el enojoso viaje a través del Canal de la Mancha, revuelto siempre y encrespado. Pero ahora se levantan objeciones de carácter nacional, que amenazan ahogar la empresa en su cuna. Inglaterra parece atenderlas y el Parlamento no las desoye, y está dispuesto a estudiarlas minuciosamente. El argumento principal de los adversarios del canal es que el riesgo militar que de él puede venir a Inglaterra es tan grande, que él debe… impedir que el túnel se lleve a efecto. A eso le responden… que el túnel puede ser construido de manera que en caso de invasión por él, suceda a los invasores lo que en el mar Rojo sucedió al ejército del faraón; pero Sir Garnet, opuesto a la construcción  del túnel, replica que todas las combinaciones químicas para volar el túnel en caso de invasión, pueden fallar en el momento dado, por torpeza, por cohecho; por inactividad de los empleados ingleses encargados de aplicar la combinación, o por un golpe de mano de los invasores… (Martí, tomo 23, pp. 242-243).

 

4. “¿Democracia cognoscitiva y comunicacional?”

La sociedad emergente de la modernidad europea se caracteriza de manera generalizada por la falta de democracia cognoscitiva y comunicacional (…) el poder del conocimiento está depositado en los expertos.

La falta de democracia cognoscitiva y comunicacional se debe a un conjunto de condiciones objetivas, entre ellas, que la mayoría de la ciudadanía carece de conocimientos para comprender, juzgar y decidir sobre cuestiones científicas y tecnológicas; la existencia de una división del trabajo que especializa para bien, y nos asigna funciones sociales específicas a partir de nuestro desempeño especializado dentro de la sociedad. (…) la apropiación de la verdad por instituciones públicas y privadas, los desbalances de poder y las hegemonías comunicacionales, los sesgos que establecen los intereses a que responden los medios, y las instituciones globales y locales.

 

5. “Voces que deberían ser escuchadas”.

La pandemia retó la validez de las organizaciones globales y los gobiernos, y ha puesto en entredicho y crisis a muchas de ellas, así como a la capacidad para dar una respuesta global a un problema de igual naturaleza.

Ahora con el tema de las vacunas, vuelven a plantearse las preguntas por la capacidad de los gobiernos y los Estados para atender la crisis desatada por la pandemia, y la fragilidad de las instituciones globales.

Sin embargo, no carecemos de institucionalidad y voces que pueden contribuir a evitar que se cometan errores graves, y que ayuden a una adecuada información y educación ciudadana. Entre ellas se encuentran las autoridades regulatorias en cada país, las asociaciones científicas, las academias de ciencias, los estudiosos de la bioética en el mundo y las redes de bioética. Un lugar especial corresponde a los comités internacionales y nacionales de bioética, que tienen la responsabilidad pública de contribuir a la promoción de una ética del cuidado, a la explicación de los dilemas, a la educación ciudadana y la comprensión humana.

Guardar silencio es el mayor de los errores, porque favorece la confusión, deja la ciudadanía indefensa, no contribuye a la toma de decisiones por los gobiernos, y deja las manos libres a quienes toman caminos que pueden conducir a graves errores y consecuencias.

Dos subtítulos finales que ayudan a comprender mejor la necesidad del hermanamiento bioética-CTS

- La vida cognoscitiva y comunicacional de los seres humanos en la actualidad está siendo afectada sensiblemente por factores sociales objetivos.

- Se cuenta con los actores sociales necesarios para contrarrestar el poder tecnocognoscitivo que han alcanzado los expertos.

- Las alertas, denuncias y críticas tempranas en cada rincón del planeta contra todo lo que perjudique la supervivencia y el mejoramiento de la condición humana, comprensiblemente expresadas y científico-tecnológicamente bien documentadas, constituyen tareas de primer orden.

¿Para qué si no para poner paz entre los hombres han de ser los adelantos de la ciencia? (Martí, tomo 11 p. 292).

El que sabe más, vale más. Saber es tener. (…). El pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos, en la instrucción del pensamiento, y en la dirección de los sentimientos. (…) Un hombre ignorante está en camino de ser bestia, y un hombre instruido en la ciencia y en la conciencia, ya está en camino de ser Dios. (…). El mejor modo de defender nuestros derechos, es conocerlos bien; así se tiene fe y fuerza: toda nación será infeliz en tanto que no eduque a todos sus hijos. (Martí, tomo 19, pp. 375-376).

El trabajo hermanado de los bioeticistas y cetecistas cubanos cuenta con fundamentos históricos y actuales: la tradición cubana de pensamiento ciencia y conciencia patriótico-humanista, que debería ser declarada parte del patrimonio cultural de Cuba, y el proyecto nacional por y para una patria soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible. Se requiere la unión en todos los espacios posibles, evitar afectiva e inteligentemente los celos profesionales donde se manifiesten y proyectar acciones que permitan enfrentar y vencer los grandes desafíos de nuestra patria que es humanidad.

 

Francisco H. Figaredo Curiel

17 de agosto de 2020

viernes, 14 de agosto de 2020

CUBA COVID-19: VACUNAS Y CIUDADANÍA

Las noticias de la mañana traen novedades.

El martes 11 de agosto las autoridades rusas anunciaron el registro de la vacuna Sputnik V y la preparación para su producción en varios países a partir de noviembre. Ayer jueves 13 de agosto las autoridades mexicanas anunciaron haber alcanzado un acuerdo con AstraZeneca, la Universidad de Oxford y la Fundación Carlos Slim para la producción en el país de otra vacuna contra el coronavirus.

Los que anuncian las vacunas aseguran producciones para noviembre, motivaciones altruistas, y el deseo de contribuir con sus resultados y las prisas a solucionar el problema de la pandemia.

Inmediatamente la prensa (BBC, CNN, Washington Post, New York Times), se hizo eco de varias preocupaciones, y con el habitual apetito por lectores e impactos, se situó a favor o en contra con base en análisis en su mayor parte superficiales, y con clara dependencia con respecto a las  preferencias políticas de los círculos a cuyos intereses responden, así como una especie de histeria anti rusa, lo cual no es un problema menor si consideramos la histórica confrontación, los ecos de la guerra fría, y el evidente desprecio a la historia de la ciencia soviética y rusa en el tema de las vacunas. Algunas como la CNN no vacilaron en interpelar al público al estilo de las peores campañas políticas que estigmatizan: ¿Confiarías en una vacuna de Vladimir Putin? Otras fuentes se limitan a informar el asunto sin mayores comentarios

El resultado de todo esto no podía ser peor. La ciudadanía es movida de una incertidumbre preexistente por la pandemia, a una nueva incertidumbre con respecto a lo que se propone como solución. Se contribuye con ello de forma irresponsable a las ansiedades, miedos y caldos de cultivo para las creencias antivacunas, el rechazo a la ciencia, y la desviación de la atención de lo fundamental: ¿cómo actuar y con qué contamos para actuar de manera que no se comentan errores en una carrera por llegar primero con las vacunas exitosas?

Una vez más la ciudadanía queda expuesta a la banalización y politización de una cuestión crucial para cada persona, y de la que deberíamos estar informados para formarnos un criterio con base en valores, razonamientos y evidencias.

Les propongo un breve recorrido como introducción general a este asunto, que seguramente estará en el centro de la atención mundial en las próximas semanas y meses. Quizás debamos volver sobre él próximamente. 

Comencemos por las nociones básicas sobre la ciencia y la tecnología, para continuar con el problema central de la democracia cognoscitiva y comunicacional, las razones para las prisas y sus límites, así como el papel que corresponde a varias instancias que tienen el deber cívico de pronunciarse para ser escuchadas.

Ciencia, tecnología

La ciencia y la tecnología marchan hoy estrechamente unidas, pero debemos distinguirlas bien y reconocer su diferencia.

La ciencia ha desarrollado mecanismos propios para evaluar los conocimientos que produce. Estos últimos son suficientemente efectivos para considerar absurdo que se cuestione desde conocimientos cotidianos el conocimiento científico ya validado. No es que la ciencia esté por encima de la ciudadanía o la sociedad, sino que el primer eslabón de la cadena consiste en corroborar si desde el punto de vista del estado de los conocimientos científicos ya establecidos, lo nuevo está suficientemente validado y completo. Y para eso es necesario situarse en el campo de la ciencia y no fuera de él.

La tecnología actual, por su parte tiene también sólidas bases cognoscitivas relacionadas con la ciencia y sus métodos, pero sus resultados pretenden estar en función de la sociedad de una manera más inmediata. De esto resulta que, a diferencia del conocimiento científico, no basta con que esté validado su conocimiento para que la sociedad acepte o utilice una tecnología.  Un resultado tecnológico necesitará siempre de la aprobación social para su uso, y esta se hará tomando en cuenta criterios de la ciencia, pero también de todo el universo social y cultural, por lo que en una misma época, las decisiones podrán ser diferentes y válidas, en contextos incluso cercanos.

En síntesis, que si es absurdo cuestionar por ejemplo, una ley física sin ubicarnos en el terreno del conocimiento científico y la física, tiene todo el sentido del mundo que una sociedad decida utilizar una tecnología o no, aunque aquella tenga todo el aval de conocimiento validado. De manera que aunque tenga en su base un conocimiento válido, el uso de una tecnología depende no solo de ellos, sino también de las consideraciones sociales sobre su utilidad y la valoración de los impactos que causará en una sociedad en específico, o en parte de ella.

Esta es una diferencia fundamental para comprender la cuestión de las vacunas. No corresponde a los políticos, los periodistas o a la sociedad decidir si una vacuna está o no bien elaborada, o lista para ser utilizada. Para eso existen instancias competentes dentro de la academia científica, regulaciones internacionales, instancias regulatorias constituidas a nivel nacional e internacional. Son ellas en su conjunto, quienes deben valorar las evidencias que pongan sobre la mesa los autores de las vacunas, corroborar si los procedimientos y procesos se han cumplido dentro de los marcos que garantizan la calidad del resultado que se evalúa. Y una vez establecida la verdad científica al nivel de los estándares aprobados, corresponde al resto de las instancias políticos sociales y a la sociedad en su conjunto tomar decisiones con base en esos conocimientos, así como valorar la necesidad y utilidad de usar en la práctica lo alcanzado. En el caso de las vacunas, por ejemplo optar por esta o por aquella, por una o por más de una.

Las vacunas ni son nacionales, ni responden al nombre de los gobernantes de turno, ni deberían tratarse con el irrespeto actual, o llamar rusa una vacuna, que ha sido creada por un equipo de científicos de determinada nación, pero con base en sus aportes y el estado del conocimiento de la ciencia contemporánea. De ninguna manera una vacuna debería ser objeto de propaganda para la creación de esperanzas que todavía no se soportan en evidencias disponibles para la comunidad académica y el mundo.

En el caso de estas dos vacunas, queda un recorrido para que su calidad a nivel de verdad científica sea corroborada y mostrada. Hay evidencia de que son buenos candidatos, pero no más que eso. Hay todavía procesos a realizar, y sería un grave error si se pone a disposición del público alguna de ellas sin estar agotadas las pruebas en el nivel que establece la normatividad tanto nacional como internacional.

Las razones para las prisas

Vacunas que lograsen la inmunidad a corto plazo y cortasen la propagación del virus son altamente deseables, pero la pandemia por sí sola no justifica las prisas actuales. Las prisas responden también a razones económicas y políticas, y a un conjunto de intereses muy variados. Entre ellos se encuentran la intensa competencia entre varias vacunas en proceso de elaboración, los intereses públicos y privados predominantes en la carrera actual, los recursos y esfuerzos invertidos.

A las preocupaciones éticas que despiertan las prisas, la forma de propaganda política del primer anuncio de la vacuna con el nombre Sputnik V, se añade la información de que AstraZeneca, “recibió protección a futuras demandas por efectos secundarios que pudiera ocasionar la vacuna en varios países, aunque no se sabe a ciencia cierta cuáles son estas naciones” (minuto 2:46). No es una cuestión ética menor, la evidente falta de autocrítica de unos y otros, pues hasta el momento, el público para informarse, necesita acceder a fuentes muy diversas y encontrar en cada extremo las críticas al otro. 

Es una situación típica de falta de democracia cognoscitiva y comunicacional.

¿Democracia cognoscitiva y comunicacional?

La sociedad emergente de la modernidad europea se caracteriza de manera generalizada por la falta de democracia cognoscitiva y comunicacional. Este concepto aportado por el filósofo francés Edgar Morin expresa la situación actual, en que el poder del conocimiento está depositado en los expertos.

La falta de democracia cognoscitiva y comunicacional se debe a un conjunto de condiciones objetivas, entre ellas, que la mayoría de la ciudadanía carece de conocimientos para comprender, juzgar y decidir sobre cuestiones científicas y tecnológicas; la existencia de una división del trabajo que especializa para bien, y nos asigna funciones sociales específicas a partir de nuestro desempeño especializado dentro de la sociedad. Pero también a condicionamientos objetivados, pero muy dependientes de la institucionalidad establecida y los poderes dominantes, como son la apropiación de la verdad por instituciones públicas y privadas, los desbalances de poder y las hegemonías comunicacionales, los sesgos que establecen los intereses a que responden los medios, y las instituciones globales y locales.

Trabajar por la democracia cognoscitiva y comunicacional no significa emprender un camino imposible o anticientífico. Ya se ha avanzado mucho desde los años setenta del siglo XX a la actualidad en favor de una comunicación más efectiva y clara, el establecimiento de compromisos éticos y para hacer visible la responsabilidad. La comunidad científica es un buen ejemplo de compromiso ético, y también una parte importante de los Estados, y dentro de ellos las diversas instituciones de carácter regulatorio, así como las universidades y otras organizaciones sociales. Es por ese camino que se puede recabar una información más ponderada, clara y puesta al servicio de la ciudadanía. Es decir, hay vías institucionales y sociales que contribuyen a esa democratización.

Por otra parte, como ciudadanos, las personas tenemos el deber y el  derecho de exigir que se nos presenten de manera clara resultados y argumentaciones. En el caso de las dos vacunas que nos ocupan, ambas entrañan penumbras no esclarecidas a la ciudadanía y procesos inconclusos en grados diferentes. 

¿Es aceptable introducir en la práctica un resultado científico incompleto? No, pues sería mala ciencia. 

¿Dentro de qué límites sería válido acelerar los procesos y hacerlos simultáneos en las últimas etapas? Un proceso rápido o en el límite de lo permitido no es una transgresión inaceptable. Debe ser revisado. No se excluye desde el punto de vista científico y ético la posibilidad de acelerar procesos en determinadas condiciones,  pero su valoración no debería depender ni de periodismo especulativo ni de decisiones políticas y justificaciones de lo hecho. Deberá por el contrario estar centrado en el conocimiento científico, en las instituciones reguladoras y otros actores académicos que garanticen la buena ciencia, por una parte. Y por otra, es necesario no que se declare, sino que se demuestre que los resultados se encuentran en un grado de elaboración que garantiza seguridad y posibilidad de éxito. 

No es menor en esta relación de prioridades, la estimación de cuán real es la urgencia de contar con una vacuna. Para una primera mirada es urgente porque mueren personas todos los días durante la pandemia y este es un hecho a considerar indudablemente. Pero se necesita dar un paso más a lo profundo de una evaluación global de la ponderación riesgo-beneficio para saltar etapas en procesos que durante años han garantizado la calidad de las vacunas con que cuenta la humanidad. 

Finalmente, y no en último lugar, una vacuna preventiva se aplica en personas sanas, de manera que al valorar las prisas y evaluar los riesgos es necesario considerar también la correlación de riesgos de contraer la COVID-19 versus riesgos de aplicar una vacuna elaborada forzando los límites de los procedimientos establecidos. La justificación de las prisas y el reconocimiento de sus límites no es un problema trivial y debe ser atendido con máxima seriedad.

Por otra parte, las sociedades deberían estar informadas acerca de las cláusulas de los contratos, y muy especialmente de aquellas que versan sobre la responsabilidad de quienes han participado en la investigación y la producción. Las cláusulas de ese tipo no solo resultan éticamente cuestionables, sino que en la forma específica podrían contravenir las normas internacionales establecidas.

Sobra con el ejemplo de la talidomida y sus consecuencias para tener certeza de que descuidar las  garantías de buena ciencia tras un medicamento o una vacuna, es un lujo que no nos podemos permitir como humanidad.

Habilitar a la ciudadanía para comprender estos problemas no es imposible, no se reduce a un acto de información generosa, ni es algo de lo que se pueda prescindir. Se necesitan acciones informativas y educativas. Además, a pesar de todos los desbalances y problemas, el nivel de instrucción en el mundo actual permite y demanda que las personas sean informadas en su nivel de comprensión y no mediante argumentaciones incompletas y fallidas, sino con base en aquellas que respondan al estado de los conocimientos de la manera más amplia y consecuente posible.

La argumentación bien estructurada es un legado de la ciencia que las personas pueden y deben utilizar para leer la prensa, formarse criterios y juzgar sobre estos temas. Los ciudadanos también debemos ser responsables y no dejarnos arrastrar por las primeras palabras sin juzgar la calidad de lo que se argumenta.

La secuencia de una argumentación consistente es muy sencilla: a la afirmación o negación que llamamos “tesis”, sigue un razonamiento acerca de ella,  a lo que se añade finalmente un conjunto de evidencias que sustentan ese razonamiento. El error más común consiste en la omisión de las evidencias y presentar un razonamiento formalmente convincente, pero carente de validez y pertinencia. Y desde el punto de vista ético, la mayor transgresión se presenta cuando se selecciona arbitrariamente la evidencia que respalda la tesis, y se omite deliberadamente lo que la contraviene o refuta. 

En cuestiones tan cruciales como estas las autoridades no deberían permitir la supuesta libertad de las transgresiones a la ética, mediáticas y políticas, mediante la selección arbitraria e intencionadamente de las evidencias. Son cuestiones básicas de responsabilidad pública que se violentan con frecuencia. No dejarse atrapar por este tipo de periodismo es también parte de la responsabilidad individual de cada persona.

Voces que deberían ser escuchadas

La pandemia retó la validez de las organizaciones globales y los gobiernos, y ha puesto en entredicho y crisis a muchas de ellas, así como a la capacidad para dar una respuesta global a un problema de igual naturaleza. La evidencia más grande de la incompetencia generalizada se ha manifestado en la opción por dar una respuesta local al problema global.

Ahora con el tema de las vacunas, vuelven a plantearse las preguntas por la capacidad de los gobiernos y los Estados para atender la crisis desatada por la pandemia, y la fragilidad de las instituciones globales.

Sin embargo, no carecemos de institucionalidad y voces que pueden contribuir a evitar que se cometan errores graves, y que ayuden a una adecuada información y educación ciudadana. Entre ellas se encuentran las autoridades regulatorias en cada país, las asociaciones científicas, las academias de ciencias, los estudiosos de la bioética en el mundo y las redes de bioética. Un lugar especial corresponde a los comités internacionales y nacionales de bioética, que tienen la responsabilidad pública de contribuir a la promoción de una ética del cuidado, a la explicación de los dilemas, a la educación ciudadana y la comprensión humana.

Guardar silencio es el mayor de los errores, porque favorece la confusión, deja la ciudadanía indefensa, no contribuye a la toma de decisiones por los gobiernos, y deja las manos libres a quienes tomen caminos que pueden conducir a graves errores y consecuencias.

Carlos J. Delgado
14 agosto 2020

miércoles, 29 de julio de 2020

CUBA COVID-19: BAUTA EN CUARENTENA

Varios amigos me han preguntado por teléfono y las redes acerca del brote de COVID-19 en la localidad donde vivo. Se preocupan por saber, además de cómo estamos, por qué aquí llegamos a esta situación, y cómo saldremos de ella. Por otra parte, he visto en la prensa y las redes sociales el énfasis en la tesis de que el exceso de confianza y la indisciplina causaron lo ocurrido. Coincido que hay que considerarlas entre las causas, y fueron los gatillos que desencadenaron la nueva situación, pero para extraer lecciones que ayuden a evitar situaciones semejantes en otros sitios o de nuevo aquí en el futuro, debemos escarbar un poco más, e intentar comprender esas y otras cuestiones más específicas.

No pretendo ni creo que pueda explicarlo todo, ni aportar argumentos definitivos e irrebatibles a favor de una relación causal irrefutable, pero si, al menos invitarlos a conversar, con toda la ambigüedad e imprecisión de una de esas conversaciones que entablamos mientras jugamos dominó, para a través de ella pensar un poco más allá de lo que aparece inmediato y supuestamente claro a nuestras mentes.


Acontecimientos

Lo ocurrido es conocido. Desde enero el gobierno cubano trabajó ardua y exitosamente en la preparación del país para enfrentar la epidemia. Esta se hizo presente el 11 de marzo y exactamente tres meses después comenzaba una nueva etapa de recuperación para alcanzar una nueva normalidad. El éxito alcanzado se puede explicar de varios modos, yo lo sinterizaría como la ejecutoria de una estrategia sistémica, de integración y colaboración gubernamental, científica y ciudadana. Ha sido dirigida y liderada por el gobierno, y ejecutada con la más amplia participación de todos los sectores, en especial el personal y las instituciones de salud, las instituciones del Estado, la defensa civil, los jóvenes, el voluntariado… Ante una situación extraordinaria y a pesar de los gigantescos obstáculos, el esfuerzo rindió el mayor de los frutos: promovió la cooperación en una orquesta de millones para salvar las vidas y proteger a la ciudadanía de una amenaza real y tangible.

En medio de la recuperación y la implementación de un plan de gobierno para atender los efectos de la crisis mundial que se nos viene encima, el reporte de cierre del 23 de julio informó de 3 nuevos casos confirmados de la enfermedad, uno de ellos de Bauta. Nada asombroso, aunque este último tenía identificados 34 contactos en vigilancia, entre otras razones por la realización de una fiesta donde no se adoptaron las medidas mínimas de seguridad. Al día siguiente, se confirmaron 3 casos, al siguiente 7, al otro 10, al otro 17 (10 de ellos del poblado costero de Baracoa). Ya estaba desde el 23 en cuarentena Bauta, y ese día entró en cuarentena Baracoa. Hoy 29 de julio se informó que al cierre de ayer 28 se confirmaron 12 casos más de Bauta, para una suma total de 50 casos en 6 días.

Es una situación grave, en un poblado pequeño y densamente poblado, muy activo en su comunicación física con otros territorios y poblaciones cercanas como Baracoa, Ben Tre, y la capital del país. Se trata de una vuelta atrás desencadenada por la conducta de un grupo de personas, que se percibe temeraria, pero que hicieron algo ordinario y común sin tomar en consideración los riesgos posibles en el contexto de la transición hacia la nueva normalidad. Es un caso típico de conducta irresponsable de varios individuos, y podríamos dejar el análisis en eso.

Pero también puede valorarse como un claro ejemplo de complejidad, donde se revela la asimetría entre las acciones y sus efectos, cuando lo conocido, ordinario y manejable (reunirse a festejar) trae consigo en ciertas condiciones específicas consecuencias imprevistas y sorprendentes por inesperadas y graves (la propagación de la pandemia). Una pequeña alteración a un nivel, que produce en otro la catástrofe de nuestras predicciones.

¿Las causas de lo ocurrido se reducen a una mezcla de baja percepción de riesgo, irresponsabilidad, descuido, negligencia y espíritu festivo? ¿Acaso no han sido suficientes las acciones gubernamentales, los mensajes por todos los medios, los llamados a la prudencia y la cooperación? ¿No llegó el mensaje? ¿No se recepcionó? ¿No se comprenden por las personas de aquí los mensajes y la fragilidad de la situación de salida de una pandemia? ¿No son razonables? ¿Hay personas a quienes no les importa?

Siente uno la tentación de dar una respuesta simple a esas preguntas, y achacarlo todo a la irresponsabilidad manifiesta de las individualidades, cosa que sin lugar a dudas tuvo lugar. No obstante, de casta le viene al galgo, y aunque se trate este escrito de una conversación, tiene sentido para el filósofo buscar un poco más, para contribuir a aprendizajes posibles que aporten al esfuerzo común y a comprendernos mejor. No basta en este caso con explicar, pues el asunto no concierne solo a las cosas. Necesitamos comprender las conductas humanas, la fragilidad de los humanos, y de nuestra capacidad para sumarnos a un esfuerzo colectivo de cooperación y ayuda mutua, que es el llamado que ha hecho el gobierno cubano, y que nos ha conducido a manejar de forma efectiva la pandemia.

Bauta es parte de Cuba y su población no es ajena a la misma estirpe colaboradora y abnegada de las personas que contribuyen al esfuerzo nacional para superar la pandemia. El poblado cabecera municipal se ubica en las cercanías de la capital, y para una mirada rápida y unificadora no suele tener mayores diferencias que las que pueden encontrarse en otros sitios cercanos a ciudades mayores. En parte coincido, pues efectivamente, lo mismo pudo y puede ocurrir en otros muchos lugares de la geografía nacional. Pero al mismo tiempo no lo considero exacto. Este territorio y sus pobladores tienen algunas características y condicionamientos que deben tomarse en cuenta. La mayoría seguramente estará presente también en otros sitios de la geografía nacional, pero la forma específica siempre será diferente, y en asuntos que tienen que ver con la cooperación entre humanos, es muy importante que sea considerada la forma específica. Al fin y al cabo, como me recordaba siempre el maestro García Galló, somos un pueblo que comenzó una Revolución en tiempos de carnaval, y esa irreverencia de alguna manera nos define y no debería sorprendernos.

No creo que el brote que nos tensa hoy ocurriera precisamente aquí porque seamos especialmente diferentes, indisciplinados, fiesteros, irresponsables y descuidados, los bautenses, o los cubanos en general. Hemos dado masivas muestras de lo contrario.

Otra explicación sencilla es que se trata de un suceso causal, propio de la pandemia. Hay suficientes ejemplos en el mundo de vueltas atrás y rebrotes en disimiles contextos. Parte de esa explicación consiste en que es casual que ocurra aquí o allá, aunque siempre será manifestación de aquella causalidad. Y ahí podría quedar la explicación de todo: los rebrotes ocurren porque responden a una causalidad macro del fenómeno pandemia, que se abre camino aquí o allá cuando los disparan gatillos específicos.

No niego la veracidad de ese marco de solución del asunto, pero me aparto un poco de él por una razón profunda.

El virus y la enfermedad se expresan de manera relativamente estable, y esa estabilidad permite la elaboración de protocolos de tratamiento efectivos, siempre dentro de ciertos rangos y tiempos. Pero los procesos que involucran lo biológico y lo social están lejos de ser automáticos. Para entender cómo se manifiesta la pandemia y como impacta en un contexto necesitamos considerar la situación social en términos menos generales. Los impactos en una sociedad y una localidad dependen del contacto entre el agente viral y las vulnerabilidades sociales a través de las personas. Son esas vulnerabilidades las que propician los mayores estragos, y para evitar ciertos comportamientos necesitamos pensar en las condiciones sociales que los favorecen. No estamos frente a un desastre o fenómeno natural, sino ante uno socioambiental, donde las vulnerabilidades sociales cuentan y cualifican.


Un poco de historia pueblerina

Para entender las vulnerabilidades sociales de una parte de nuestro territorio nacional como Bauta debemos acercarnos, aunque sea por arribita a su historia, su devenir en el tiempo. Lo haré recurriendo a lecturas y a mi memoria como persona que nació, se crió y vive aquí. De ellas varios elementos sobresalen por su impacto simbólico y práctico: la carretera central, el acueducto, la textilera Ariguanabo, la Revolución, la migración, la crisis de los noventa y sus secuelas de largo plazo.

Bauta es un poblado cuya fundación se remonta al siglo XIX (1850). Tiene doble nombre, Bauta por el apellido de un canario que se asentó en la zona a mediados del siglo XVI, y Hoyo Colorado por el color de sus tierras y el cuenco en que está ubicado. El poblado quizás sería hoy semejante a otros asentamientos cercanos más pequeños, como Corralillo o Anafe, de no haberse construido en los años veinte del siglo pasado la carretera central. Esta vía le confirió una ventaja en las comunicaciones, el comercio y como se suele decir, la recolocó en el mapa para llegar a ser algo más que un lugar ubicado en las cercanías de la laguna “La Pastora”, a orillas del antiguo camino de Vuelta Abajo.

A la carretera y su impacto se sumaron dos obras, la textilera Ariguanabo en la década del treinta y en los cuarenta el acueducto del pueblo, que le confirieron el doble atractivo de lugar donde había trabajo y condiciones para vivir. Familias campesinas que habían perdido sus pedazos de tierra o se vieron forzados a venderlos, como mis abuelos, llegaron a este lugar desde los campos cercanos en busca de trabajo para ellos y una mejor vida para sus hijas e hijos.


Mixtura cubana

Aunque la textilera llegó primero, el acueducto se promocionó como un progreso, y con el tiempo, el tanque elevado para el abasto por gravedad, se inmortalizó en el imaginario. Realmente, no era más que un tanque ordinario, sin mayor belleza que la inherente a un objeto técnico, pero visible desde lejos, y con el nombre del pueblo a la vista. Ya en los ochenta no tenía una función útil, pues el pueblo había rebasado con mucho la capacidad de distribución por gravedad y se bombeaba el agua. Pero el símbolo estuvo ahí hasta que un huracán lo hizo caer a principios del siglo XXI. Estaba en ese momento pintado en la parte superior, herrumbroso y deteriorado en su estructura de sustentación. Aunque hoy en su lugar esta situado otro tanque, su semejanza con el anterior no alcanza siquiera el nivel de una caricatura. Incluyo este comentario porque ayuda a comprender las particularidades del problema de los símbolos y las identidades, y roza el problema de la administración pública que a lo largo de toda la historia local ha tenido altibajos de todo tipo.

Todos sabemos que los símbolos arrastran multitudes y que el proceso de su elaboración no es completamente aleatorio. En este caso no lo fue, pues el tanque fue promocionado como obra de progreso, y en su construcción tuvo presencia la persona, el interés y el capital que antes habían estado en la textilera. Pero llegó a ser un símbolo que no representaba y no representa un sistema social, sino la localidad y el espacio de convivencia local compartido por su población.

Los símbolos culturales que valen en una población no son solo históricos o patrióticos, incluyen cosas que en sí mismas, como esta del tanque de agua, pueden parecer ridículas a los ojos de otros, pero son sumamente delicadas. El nudo de la cuestión no está en el objeto, sino en el imaginario popular, en esa trama profunda e inexplicable que une un objeto técnico o cualquier otro, con recuerdos y vivencias personales y grupales. Y no obstante lo ridículo que parezca, el símbolo hace su trabajo desde el interior de quienes lo comparten: identifica, convoca, moviliza, genera coherencia en el nosotros que tanto se necesita para afrontar las situaciones difíciles de la vida. Por acá faltan símbolos de ese tipo.

La textilera legó una cultura del trabajo fabril, la disciplina obrera, y también un sentido de privilegio y hasta de casta o aristocracia obrera. Esto último estuvo presente en una parte de quienes trabajaban allí, que podían permitirse una casa de tabloncillo, el lujo de una empleada doméstica y a veces de un auto. Este último, según confesión de un dueño de gasolinera que conocí, a veces solo se movía por el pueblo para exhibición, porque no era costeable, pero era todo un símbolo de estatus social. Era una especie de versión criolla de aristocracia obrera, estatus capitalista del empleado exitoso, que quizás fuera una de las fuentes de la primera migración después del triunfo revolucionario. Lo menciono porque la migración y el tránsito de personas es un factor relevante de la situación actual del territorio.

La revolución social que triunfó en 1959 trajo cambios positivos de todo tipo, como en el resto del país, y el territorio cambió bastante. La población creció vinculada a la industria textil, azucarera y la ganadería vacuna, instituciones educativas, de salud y culturales, además de un nivel educacional mucho más alto. El territorio tenía historia y se hizo más historia en estos años, baste recordar la presencia del Che, Ministro de industrias, entre muchos acontecimientos relevantes.

Tras un largo devenir positivo, desde los noventa comenzó a sentirse en la localidad el impacto del período especial, la migración a los Estados Unidos que existía desde los sesentas, y una inmigración interna, de cubanos que desde otras provincias no alcanzaban a instalarse en la capital pero encontraban aquí y en los alrededores espacio propicio y cercano para permanecer en tránsito y finalmente quedarse o partir a la ciudad. Entre otros impactos el identitario y de calidad de vida se ha hecho notar. Creció en esos momentos el territorio urbano de forma desordenada y sobre todo, sin la creación de infraestructura, lo que empeoró varios servicios, como electricidad y agua. Desde entonces nos acompañan problemas vinculados a la tensión poblacional que impacta en todos los servicios, incluidos el agua, la recogida de basura y los servicios comunales en general, no solo mercaderías.

Aunque Bauta está situada en un cuenco, con un manto freático apenas a 7 metros de profundidad y la humedad es un problema serio en la temporada de lluvias, no recuerdo en mi infancia albañales desbordados en las vías, ni impedimento para salir a montar chivichana, patines o carriola por las calles asfaltadas. Las había asfaltadas y de piedra, cada una en su calidad. Debíamos esperar el período de lluvias para que se inundara “la laguna”, un terreno baldío en el centro del pueblo donde se acumulaban las aguas pluviales, para escaparnos de las casas y disfrutar del espectáculo. Pasada la emergencia el lugar permanecía seco, allí empinábamos papalotes, y disfrutábamos del circo y los caballitos cuando pasaban por el pueblo. Los noventa legaron una práctica no superada hasta el presente, de romper aceras para que el albañal vierta de los patios a las calles, con graves consecuencias para la higiene y la salud. A lo anterior se suman desde entonces los vertimientos de aguas negras del alcantarillado. Por su parte una obra costosa para evitar las inundaciones de “la laguna” la convirtió con el tiempo en lugar al que evacuan aguas negras y contamina una real laguna al sur del poblado donde van a parar. La "laguna" pasó a ser una cloaca en el centro del pueblo, que se distingue como un bello cuadrado verde casi al centro en los mapas e imágenes satelitales, y ofrece un espectáculo muy distinto para los transeúntes.


Los problemas ambientales no son poca cosa en este lugar. De hecho, al salir a caminar para estirar las piernas y practicar un poco de ejercicio no puede uno menos que sentir que está viviendo en un lugar desordenado y falto de higiene, por momentos con basureros improvisados que hieren la vista y el olfato. Y no es algo que pueda atribuirse simplemente a que las autoridades no hagan su trabajo, -que seguramente debe seguir mejorando porque es insuficiente organizativa, tecnológica y materialmente-, sino que cada basurero que se genera de la noche a la mañana, literalmente, surge mediante la colaboración no convocada y perversa de muchos habitantes de localidad. Se trata de una irresponsabilidad que se alimenta de indiferencia y desarraigo. Son paradojas de una identidad en equilibrio de quiebre que está detrás del problema que hoy enfrentamos.

Los noventa trajeron también el dólar y el CUC de una manera intensa. En un espacio tan pequeño llegué a contar más de veinte establecimientos en CUC en los noventa, y en la actualidad se cuentan unos 16, que incluyen dos en dólares, resultado de la reciente reforma.

Desde sus dos nombres parece que a este poblado lo acompaña la ambivalencia, pues aquí todo es dual, bueno por una cara y no tanto por otra. Preferimos la buena cara, pero no por desviar la mirada la otra deja de estar ahí. La textilera y la enseñanza técnica que llegó con la Revolución creo que nos legaron además un ingenio mecánico que se manifiesta en muchos negocios actuales en talleres de tornería, mecánica y cuanta cosa se necesite. Más que mecánica, en ellos se hace la magia de crear lo imposible, desde las piezas de un auto o una maquinaria de los cuarenta, de una bicicleta, una moto o una Verjovina de los setentas, o de un vehículo más moderno. Otros servicios de reparación como los de TV, celulares y PC responden a dinámicas semejantes. Una de las características de este sitio es que se produce de todo, sea legal o no su producción, y no en pequeña escala, sino en la escala que la mente concibe y los recursos permiten, siempre con el horizonte de la gran ciudad cercana, o más allá. Algunas personas de la ciudad grande suelen decir, que si necesitas algo y no lo encuentras, deberías buscarlo en Bauta. Este pueblito tiene jiribilla.

Además de su utilidad práctica que sirvió a la economía y la cultura, a las reuniones de Orígenes y al crecimiento local, la carretera central devino una especie también de símbolo o parteaguas. Recuerdo en los ochentas, como servía de línea divisoria de un paisaje monótono hacia La Habana. Era fácil distinguir entonces, al norte de la carretera infinitos pastizales, con sus postes blancos y alambrado de púas, a veces con ganado vacuno, y a veces ninguno, esto último, sobre todo, desde la crisis de los noventa. Y al sur de la vía, infinitos cañaverales. Ese paisaje de pastizales y cañaverales cambió, quedan los pastizales a un lado, y al otro tierras que no se distingue siempre si están ocupadas o no, o en qué lo están. No es el paisaje típico del campo, con diversidad de árboles, productores y cultivos, sino el de una zona abandonada por una producción que ya no está, y otras que todavía no han logrado sustituirla completamente. Se añade al paisaje la presencia de nuevas viviendas en las cercanías del poblado, bien construidas y amplias, al modo de villas suburbanas de un sector con más recursos económicos. Otras obras importantes me remiten a la autopista nacional en el tramo hacia Pinar del Río. No describo el camino hacia Artemisa, porque uno de los problemas culturales e identitarios de este territorio consiste en que una parte creo que relevante de sus habitantes mira más al norte y al noreste que al sur suroeste.

La división político administrativa ubica la localidad en la provincia Artemisa, cuya capital es la ciudad del mismo nombre. Pero las identidades no se generan en un día, y la nueva capital provincial sigue siendo, al menos para una parte de los que viven en Bauta un territorio lejano, que carece de atractivos y sentido de pertenencia. Así una parte de la identidad tiende a lo capitalino, lo que se reafirma en las conexiones, y los vínculos sociales y laborales. Creo que con independencia de la división político administrativa, en lo que respecta a la pandemia al decir Bauta convendría pensar más en las lógicas de La Habana, que en las de Artemisa. En ese sentido es un territorio frontera que está más conectado hacia afuera que hacia adentro de la provincia.

Su población tiene los pies bien puestos sobre la tierra, pero padece cierto estrabismo identitario. La mirada de unos se dirige hacia el suelo y los zapatos, para centrarse en lo inmediato. Otros miran al horizonte que ofrece al norte noreste, la ciudad capital donde hacen su vida, pues La Habana que se vislumbra en la bruma mañanera y se ilumina al atardecer desde algunas azoteas y edificios no solo fue capital provincial: es lugar de trabajo, recreación y abastecimientos. Tampoco son pocos quienes tienen el horizonte más al norte o al norte noreste, hacia los Estados Unidos y Europa, a donde sueñan emigrar, o de dónde vienen los recursos con que alcanzan un nivel de vida superior al que tendrían si solo contaran con sus ingresos nacionales. No es extraño que los estrabismos impidan a unos y otros percatarse de los semejantes que tienen al frente, por quienes deben preocuparse y con quienes deben colaborar. Faltan sensibilidades y solidaridades.

Todo lo anterior intenta solo ilustrar la situación muy compleja en que vive la población de un territorio tan pequeño y grande. Pequeño, pues una persona saludable puede recorrer su perímetro urbano y trazar andando dos líneas rectas que se crucen en su centro, sin alcanzar los 10 000 pasos. Pero es a la vez inmenso, porque alberga las realizaciones, esperanzas y sueños de más personas que las que pueden registrarse en un reporte estadístico de habitantes.

La mezcla de indiferencia, descuido e irresponsabilidad en la que incurrieron varias personas, animadas por sentimientos religiosos, de confraternidad, o simple relajamiento tras varios meses de mucha tensión por la pandemia produjo un resultado negativo que no se explica solo por la conducta individual de cada uno de ellos. Creo que pone de relieve el quiebre identitario que permite la omisión del otro y frena la construcción de un nosotros más colaborativo. Es algo negativo, pero completamente humano. Y lo más importante, es algo superable si se identifica bien y se hace el trabajo necesario en la comunidad. No es un problema de ellos, es un problema de nosotros.

La complejidad aumenta cuando comprendemos las cualidades del territorio como frontera en sentido migratorio. Bauta no es solo un sitio de asentamiento, es también un sitio de paso y de acogida, cruce de caminos, delimitación entre la ciudad y el campo, lo que está al frente y lo que está a la espalda, punto de mixtura y sincretismo, de identidades que se reconstruyen. Tomo una imagen prestada de Ítalo Calvino que me enseñó el amigo Leonardo Montecchi para explicarlo. Como en Ciudades invisibles nuestra Despina es una ciudad del deseo que se presenta diferente a quienes llegan del desierto y el mar. El deseo de los viajeros transforma la imagen que entreven de la ciudad. Los que vienen del desierto ven el barco anclado en el puerto listo para partir, y los que arriban de la mar ven las largas caravanas de camellos que permitirán cruzar el desierto. Quien cuida los camellos y el marinero ven a Despina como una ciudad fronteriza entre dos desiertos. Cada quien describe y siente una Despina diferente.

El poblado de Bauta no tiene ni mar ni desierto, pero viene a ser una singular Despina, un pequeño pueblo en condición de frontera imaginaria del deseo, que sirve a unos y a otros e integra muchas voces diferentes. Al entenderlo como una sola voz, estandarizamos y omitimos, y corremos el riesgo de perder los interlocutores.

Por otra parte, en Bauta ha tenido lugar una estratificación social muy marcada entre personas con ingresos y niveles de acceso muy diferentes, pero no separadas en guetos o repartos distantes, sino por la pared entre dos departamentos de un edificio, el mínimo pasillo entre dos casas, o los metros del ancho de una calle. En un espacio mínimo la diversidad es enorme. En un contexto social así no basta por ejemplo, que un mensaje sea difundido en la televisión o la radio para que sea escuchado, y cuando esto se logra, para que sea comprendido e incorporado a las acciones por cada habitante. Se requiere trabajo social desde la base, minucioso y dedicado para comprender la diversidad de sistemas de signos que se adecuan y con los que reconocen y narran sus realidades las personas que las viven, porque en Bauta no se vive una realidad única, la localidad se nutre de muchas realidades que conviven en un espacio apretado.

Y no obstante, es un bello lugar, donde al salir a algunos espacios puede uno toparse todavía con un zun zun y un majá Santamaría.


Para cerrar la partida

Una conversación a la mesa de dominó no termina nunca sin alguna conclusión, por pequeña que sea.

Quizás un dicho nos sitúe en el camino de entender lo ocurrido en breves palabras.

Pueblo chiquito, infierno grande.

Bauta es pueblo chiquito…, con lógicas de frontera, aspiraciones de ciudad y añoranzas de campo, lugar de encuentro, conexión y partida, presión poblacional, convivencia sencilla y opulenta, avances y retrocesos socioambientales, cuestiones pendientes, identidad local en delicado y frágil equilibrio de quiebre…

Dual y ambivalente comenzando por sus nombres, no es extraño que en un contexto así aparezcan sorpresas negativas, y tampoco será sorprendente que nos sobrepongamos a ellas, continuemos colaborando y sigamos adelante hasta la recuperación completa, con todos y para el bien de todos.

Carlos J. Delgado

29 de julio 2020

El texto ha sido publicado por la revista Aurora, número 9, 2020.